El tablero global

Carlos Enrique Bayo

Ni el FBI sabe poner freno a la avaricia destructiva de los especuladores

02 abr 2013
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“La banda de Wall Street tiene que estar de fiesta en estos días. Los beneficios y los bonus son más elevados que nunca después de que esos agentes económicos mega-ricos pudieran emplear billones de dólares en créditos gubernamentales por debajo del precio de mercado para librarse de la crisis que ellos mismos crearon. El resto del país sigue bregando con el alto desempleo, las hipotecas depreciadas y las pensiones devaluadas, pero en Wall Street la vida vuelve a ser bella”.

El que esto escribía hace tres semanas no es un activista antisistema del 15-M o el 25-S, sino el economista Dean Baker, co-director del Center for Economic and Policy Research de Washington, DC, quien en su artículo sobre la “Inmunidad de la Gran Banca” denunciaba que hasta el fiscal general Eric Holder argumentó ante el Comité Judicial del Senado que el Departamento de Justicia de EEUU tiene que reprimir a sus fiscales para que no actúen contra las mayores entidades bancarias del mundo (y se trataba de un caso de blanqueo del dinero de los cárteles narcotraficantes mexicanos) porque imputarlas “podría provocar inestabilidad financiera”. Una alegación oficial que está sirviendo para que el poder financiero internacional pueda cometer todo tipo de delitos y fraudes con total impunidad, como muy bien explicó en Público hace pocos días el profesor Vicenç Navarro en su blog Pensamiento Crítico.

La efervescencia de la oligarquía financiera mundial –mientras impone a los gobiernos un constante aumento de la presión fiscal sobre los asalariados y de los implacables recortes del gasto público y las prestaciones sociales– quedó patente con el cierre de Wall Street del pasado jueves, antes del puente festivo del Good Friday: tanto el Dow Jones Industrial Average (con 14.578,54 puntos) como el índice Standard & Poor’s 500 (1.569,19) alcanzaron sus récords históricos, superando incluso los picos que marcaron en la cima de la burbuja del casino bursátil, que pinchó en 2008 con el hundimiento de Lehman Brothers y el colapso de las temerarias apuestas de las subprimes y los derivados diseñados para lograr un enriquecimiento acelerado de los especuladores.

“Hemos recuperado las pérdidas que tuvimos durante la crisis financiera y el derrumbe del mercado” entre 2008 y 2009, se congratuló Art Hogan, de Lazard Capital Markets, a la agencia France-Presse. Es decir, los causantes de la recesión internacional ya están ganando incluso más que antes de provocar esa devastadora depresión, al tiempo que las economías occidentales (y sobre todo las europeas) se desangran bajo la ruinosa política de austeridad de las cuentas públicas imprescindible para seguir transfiriendo el dinero de los contribuyentes a los bolsillos de los que ya poseen fortunas incalculables.

Un austericidio que ha sido desautorizado hasta por el economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, quien ya en octubre reconoció que su FMI se había equivocado al calcular el impacto de la política de austeridad fiscal sobre la economía de las naciones, puesto que sus efectos negativos han sido mucho más graves de lo esperado, hasta el punto de que están causando pérdidas mayores al Fisco que los ahorros previstos. Incluso Goldman Sachs ha advertido de que el frenesí de recortes en España (que tanto daño está haciendo a parados, asalariados, pensionistas, enfermos, estudiantes, hipotecados…) no hará más que retrasar la recuperación económica del país, haciendo caer peligrosamente su Producto Interior Bruto no sólo este año sino también en 2014, cuando los ajustes restarán 1,2 puntos al PIB español, e incluso en 2015, agravando el desempleo y la recesión.

Cuando el Ejecutivo de Rajoy hace caso omiso de todas esas advertencias, y ni siquiera sigue las recomendaciones del mismo Goldman Sachs que contrató para valorar Bankia, ¿a qué intereses pretende beneficiar? ¿Los de los ciudadanos españoles? No parece.

Porque sólo hay que fijarse en la madre de todas las economías, la de EEUU, para apreciar que está saliendo adelante, superando la crisis, creciendo después de la depresión y creando empleo, mediante la puesta en práctica de políticas exactamente opuestas a la austeridad que nos está sangrando en Europa. Hasta el FBI (Federal Bureau of Investigation) ha saltado a la palestra en la lucha contra los nuevos mega-especuladores, que emplean su inmensa potencia de fuego informático para desvalijar los mercados bursátiles internacionales.

El Financial Times reveló hace poco que el FBI ha sumado fuerzas con una nueva división de la Securities and Exchange Commission (SEC), que controla la Bolsa estadounidense, para combatir la estratagema conocida como high-frequency trading (contratación de alta frecuencia) que consiste en bombardear los mercados con millones de órdenes de compra-venta por segundo (que se cancelan de inmediato) o inundarlos con miles de cotizaciones ficticias, para empujar a los brokers tradicionales a negociar sus acciones, valores u obligaciones en beneficio de los colosos que son capaces de manejar supercomputadoras programadas para saquear las grandes bolsas del planeta, globalmente interconectadas.

Esas prácticas de pillaje bursátil ya tienen nombre propio en inglés (layering); y los sofisticados algoritmos que rastrean incansables Internet, los medios de comunicación y las redes sociales en busca de palabras clave (para disparar órdenes de compra o venta en milisegundos), también: news aggregation.

Los nuevos ordenadores de los gigantes financieros también despliegan auténtica inteligencia artificial: existe un algoritmo capaz de predecir las reacciones del mercado en función de sus anteriores movimientos reflejos frente a diversos estímulos.

Tan dañina y peligrosa es esta nueva estrategia de agresión bursátil, que hasta la North American Securities Administrators Association (NASAA), la organización de vigilancia de valores con sede en Washington, DC, lanzó un llamamiento hace menos de un mes para que se ponga coto a esa nueva ofensiva mundial especuladora, que está socavando los ya desgastados cimientos del sistema financiero internacional… y despojando una vez más a la población de sus cada día más escasos ahorros.

El saqueo mundial se ha disparado de nuevo, y ni siquiera el FBI sabe aún cómo ponerle freno. Aquí, el Gobierno no sólo no parece haberse dado cuenta (o lo finje) sino que sigue esquilmando los fondos públicos para alimentar esos insaciables monstruos especuladores. ¿En beneficio de quién?

 


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