Publicidad

El tablero global

Carlos Enrique Bayo

Ante otro falso ‘shock del petróleo’

31 ene 2012
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

El Parlamento de Irán está debatiendo un proyecto de ley para prohibir toda venta de crudo a Europa, como represalia por el embargo del petróleo iraní anunciado por la UE a partir del 1 de julio. No cabe duda de que el Majlis seguirá la recomendación del diario Kayhan (cuyo director nombra el líder supremo, Alí Jamenei): “¿Por qué no vamos a parar de inmediato las exportaciones petroleras a los países europeos y reemplazarlos por los otros clientes numerosos que están dispuestos a comprarnos?”

Lo más probable, pues, es que en las próximas semanas se corte el flujo del crudo iraní hacia Europa y los países que más dependen de él (España, Italia y Grecia) no tendrán los cinco meses con los que contaban para sustituirlo. Además, “si Irán cesa las exportaciones a países clave, la pérdida de suministro puede ser mucho más rápida de lo que los mercados esperan”, advirtió al Financial Times Lawrence Eagles, jefe de investigación petrolera de JP Morgan.

El Fondo Monetario Internacional se apresuró a predecir una subida de los precios de hasta el 30%, como consecuencia de un declive del suministro mundial de 1,5 millones de barriles al día. El barril de Brent superó el viernes los 111 dólares y los analistas empezaron a augurar niveles de 150 dólares/barril, sobre todo si la tensión bélica con Teherán lleva al bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que circula la quinta parte del crudo mundial. Es decir, afrontamos otro shock del petróleo que frenaría de golpe la recuperación económica de EEUU y agravaría peligrosamente la crisis de la deuda en Europa.

Empero, esa nueva amenaza crítica para la economía occidental que sin duda se esgrimirá para volver a recortar prestaciones sociales y servicios públicos, resulta ser otra falacia: cuando llegue el verano, el mundo contará con mucho más petróleo del que ahora dispone, no menos, pero en estos meses el aumento de precios en las gasolineras habrá enriquecido a intermediarios, comisionistas y grandes compañías petrolíferas.

El aumento de producción previsto por Arabia Saudí (medio millón de barriles/día), por Irak (otros 400.000 a partir de marzo, tras la inauguración de una nueva terminal SPM en el Pérsico) y por Libia (que regresará a su plena capacidad y estáexportando 800.000 barriles/día este mes), no sólo compensará, sino que duplicará el volumen de exportaciones iraníes que pierda Europa.

Además, ese crudo iraní no desaparecerá del mercado, sino que será adquirido por los países asiáticos, sobre todo China, cuyas petroleras ya negocian con la National Iranian Oil Company, e India, cuyo ministro del Petróleo, Jaipal Reddy, anunció esta semana que su país comprará todo el crudo que le quiera vender Irán en vista de las excelentes condiciones que le ofrecen. O sea, el suministro internacional de petróleo aumentará notablemente, en vez de reducirse alarmantemente como pretende el FMI.

En cuanto al tan anunciado bloqueo de Ormuz, los analistas militares lo descartan de plano. “El cierrede Ormuz es un mito”, asegura Mustafá Alani, jefe de Estudios sobre Seguridad y Terrorismo del Gulf Research Center. “Irán trató de hacerlo durante los ocho años de su guerra con Irak [en los años ochenta] y no lo logró ni siquiera durante una hora”.

Entre 1984 y 1988, Irán e Irak extendieron su contienda bélica a Ormuz en la llamada “guerra de los petroleros”, atacando sus navíos-cisterna. Unos 250 superpetroleros fueron alcanzados por torpedos, misiles o minas, y algunos se fueron a pique, sin que Teherán consiguiese clausurar el estrecho, por el que cada día cruzan 14 tankers con 17 millones de barriles de crudo, el 35% de todo el que se mueve por mar en el mundo.

La “guerra de los petroleros” terminó, en el 88, cuando la fragata estadounidense Samuel B Roberts fue destrozada por una mina iraní. La respuesta militar de EEUU fue tan devastadora que destruyó en un solo día las dos terceras partes de la Armada de Irán. Un mes después, el crucero lanzamisiles Vincennes derribó un avión de pasajeros iraní y mató a 290 civiles, en lo que Washington calificó de “trágico accidente”. El régimen ira-ní no volvió a tratar de cerrar Ormuz.

Ahora, si Irán intenta bloquear el estrecho (un verdadero casus belli), la respuesta militar de EEUU, Reino Unido y Francia, con apoyo de Israel y Arabia Saudí, no sólo sería demoledora, sino que “probablemente aprovecharíamos la oportunidad para destruir todo su sistema de defensa antiaérea, y casi sin ninguna duda se desencadenarían ataques masivos contra sus instalaciones nucleares”, estima Anthony Cortesman, exoficial de inteligencia y ahora catedrático de Estrategia en el Center for Strategic and International Studies de Washington DC. “Una vez los iraníes rompan las hostilidades, no habráun nivel máximo en el que tengamos que detener la escalada bélica”.

Está claro que ni siquiera el régimen de los ayatolás va a provocar semejante respuesta anunciada, pues sería tanto como cometer suicidio. No obstante, los brokers de la City de Londres especializados en tráfico naval creen que Teherán aún tiene un as en la manga: como el Pérsico después de Ormuz es poco profundo para el calado de los superpetroleros, estos se ven obligados a transitar por aguas territoriales iraníes (ver mapa). Allí, Irán podría detenerlos uno a uno, con la excusa, por ejemplo, de registrarlos para combatir un supuesto tráfico de drogas o de armas, provocando un tremendo atasco de navíos sin cometer ataques considerados casus belli.

Otro sistema de paralizar el tráfico petrolífero es, simplemente, amagar. “Todo lo que tienen que hacer los iraníes es decir que han minado el estrecho y todo el tráfico de petroleros cesará de inmediato”, advierte Jon Rosamund, jefe de la sección marítima de IHS Jane’s. Además de que el precio de los seguros y fletes se disparará, encareciendo el precio del transporte.

En cualquier caso, los grandes perdedores de esta arriesgada partida de póker petrolífero seremos los consumidores europeos.

Goldman Sachs se forra provocando hambrunas

24 nov 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , , ,

Tan obsesionados andamos con la deuda soberana, la crisis del euro y la recesión del ladrillo, que nos hemos olvidado de los que están mucho peor que nosotros: los mil millones de personas que cada día se acuestan con hambre.

Las hambrunas que aquejan al planeta tienen múltiples causas, desde las sequías e inundaciones causadas por el cambio climático hasta la industria de los biocombustibles, que quita tierras y cultivos a la producción de alimentos para llenar los depósitos de los grandes todoterrenos del mundo rico. Pero pocos saben que uno de los principales motivos de ese sufrimiento mundial –y de que cinco millones de niños mueran por malnutrición cada año en el Tercer Mundo– es la ingeniería financiera con la que los tiburones de Wall Street transformaron los mercados de futuros de las materias primas en una ruleta bursátil, con la que seguir enriqueciéndose, tras el pinchazo de la burbuja de las puntocom en 2000-2001.

En realidad, a los primeros que se les ocurrió tan estupenda idea fue a los banqueros neoyorquinos de Goldman Sachs, quienes ya en 1991 crearon un nuevo instrumento especulativo, un índice de 18 productos básicos –del trigo, el cacao, el cerdo, el arroz o el café, al cobre y al petróleo– para que los brokers pudieran también jugar en lo que hasta entonces era un mercado especializado. A ese Goldman Sachs Commodity Index se sumaron después muchas otras grandes entidades financieras deseosas de aprovecharse de la llamada “apuesta de China”: la lógica creencia de que a medida que crezcan los ingresos de chinos, indios y otros integrantes de las nuevas clases medias de las potencias emergentes, consumirán alimentos de mejor calidad y en más cantidad. Una jugada segura.

Es lo que la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (Unctad) denomina “financialización” de los mercados de productos de primera necesidad. Un fenómeno que se desbocó cuando los lobbies financieros norteamericanos consiguieron que el Congreso de EEUU aprobase por la vía de urgencia –para compensar a los mercados del colapso de la burbuja digital– una legislación que permitió a los grandes fondos de pensiones y hedge funds que empezasen a especular con derivados de esos índices de materias primas. Acababa de empezar el siglo XXI y tanto republicanos como demócratas abrazaban el credo de la desregulación financiera.

El resultado fue tan espectacular como ignorado por políticos y ciudadanos: en sólo cinco años, las posiciones de los fondos en el mercado de materias primas pasó de 13.000 a 317.000 millones de dólares. Esa tremenda multiplicación especulativa buscaba, por supuesto, que los precios de esos productos básicos se disparasen, para obtener pingües beneficios con los astronómicos márgenes entre lo que se paga a los agricultores (fijado de antemano e invariable) y lo que se acaba cobrando a los consumidores.

Y así fue. Según los cálculos de la Unctad, en la primera década del siglo los precios medios del trigo, el maíz y el arroz prácticamente se triplicaron… produciendo decenas de miles de millones de beneficios a los especuladores bursátiles, con los que compensaron sus pérdidas en las temerarias operaciones de las hipotecas subprime, los activos basura y los CDS. Entretanto, en 2008 estallaban revueltas del hambre en una treintena de países del Tercer Mundo, donde la mayoría de la población tiene que gastar en alimentos el 70% de sus ingresos y no puede costear ni la menor subida de precios; simplemente ha de pasar hambre.

Ni siquiera la actual crisis económica global ha frenado ese encarecimiento de los productos de primera necesidad, pues el año pasado los precios de los cereales aumentaron en más del 60%.

“El mercado de los alimentos se ha convertido en un casino”, declaró Joerg Mayer, de la Unctad, a The Guardian. “Y por una única razón: hacer que Wall Street gane todavía más dinero”.

No nos van a quedar ni las piedras para matarnos

14 nov 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: ,

Einstein advirtió de que “la Cuarta Guerra Mundial se librará a pedradas”. Es muy posible que tuviera razón, aunque no porque la tercera sea nuclear, como él temía, sino porque es financiera y consiste en exprimir a los trabajadores hasta la ruina total de la economía.

Porque la situación a la que nos ha llevado el desatino de la globalización bursátil es ya prebélica, al menos para la sibila Merkel, que la compara con la última hecatombe militar europea. Sin embargo, se limita a prescribir más régimen de ascetismo público para satisfacer a “los mercados” privados.

Pero esa amarga medicina germánica no sacia a los tiburones de la City, que siguen asfixiando Italia tras imponer a su preferido en la jefatura del Gobierno… igual que ahogan España sin importarles que la derecha se disponga a tomar el poder. Quizá Merkel se crea capaz de resistir esa voracidad, pero las dentelladas especulativas que han destrozado a Berlusconi (igual que devoraron a Cowen, Sócrates y Papandreu, y desangraron a Zapatero) se dirigen ahora hacia el norte y Sarkozy será sin duda su próxima víctima.

Todos los gobernantes (mejor dicho, sirvientes de Goldman Sachs) reclaman más y más “sacrificios” de la población en aras de la salvación del sistema capitalista, sin atender los avisos de que el que ponen en peligro es el sistema democrático, al rendir su política a los intereses del gran capital. Hacen sonar las alarmas de la Depresión, sin darse cuenta de que “no es la pobreza, sino el miedo a ella, lo que pone en peligro la democracia”, como alertaron Martin y Schumann en su obra sobre la globalización… ¡hace ya 15 años!

¿Quedarán piedras para la próxima Gran Guerra?

Todos lo sabemos: nos están arruinando

04 nov 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , , , ,

Leonard Cohen tenía razón: primero hay que ocupar Manhattan y detener la codicia demente de Wall Street, para poder tomar después Berlín y frenar la doctrina germánica de austeridad que está minando nuestra economía.

Cuando el inside job del casino bursátil dejó tiritando a EEUU, Europa pilló una pulmonía que no admitió hasta que se desplomaron varios pequeños países periféricos. Incluso entonces, la UE pretendió aplacar la voracidad de “los mercados” sacrificando su Estado del bienestar en aras del capital financiero.

Pero son ahora los norteamericanos quienes se han echado a las calles al grito de “¡muerte al capitalismo!”, consigna que hasta hace muy pocos años habría sido considerada blasfemia en la patria de la Escuela de Chicago. La propia sociedad civil estadounidense se está alzando contra el sistema económico que siempre idolatró, y eso puede ser el movimiento de indignación popular más poderoso del mundo porque socava los cimientos de la oligarquía mundial en el seno de la única superpotencia.

Mientras el Banco Central Europeo se deja en manos de uno de los directivos de Goldman Sachs que provocó la crisis de la Eurozona al enseñar a mentir al partido conservador griego (que ahora quiere volver al poder, aprovechándose del caos que él mismo causó), Washington persigue judicialmente a sus máximos ejecutivos. Y el Movimiento 99% de EEUU organiza un juicio público contra ese banco de inversiones que medró arruinando a los demás.

Como dijo Cohen: “Todo el mundo sabe que los dados están cargados / que todos los tiran con los dedos cruzados / todo el mundo sabe que la guerra terminó / y que los buenos la perdieron / todo el mundo sabe que la lid estaba amañada / los pobres siguen pobres y los ricos se enriquecen / así son las cosas / todo el mundo sabe / que el barco tiene una vía de agua / y que el capitán mintió” (1988).

El 11-S fue utilizado como coartada para imponer el orden mundial ‘neocon’

12 sep 2011

Diez años después, todo el mundo habla de las consecuencias, pero casi nadie se pregunta por las causas. Así que… empecemos hablando de las consecuencias. Sobre todo, de la catástrofe económica que hemos heredado de la insensata respuesta neocon a la hecatombe del 11-S.

George W. Bush reconoció hace unos días al National Geographic Channel que ganó la Casa Blanca en 2000 prometiendo una política exterior “modesta”. Un año más tarde, halcones como Cheney, Rumsfeld y Wolfowitz se apropiaban de la agenda internacional de la única superpotencia, convirtiéndola en una contienda bélica permanente e interminable: la guerra contra el terror que, por definición, se prolongará hasta el fin de los tiempos. Pero, lo más relevante es que “ninguno de ellos se fijó en la economía, igual que ninguno de los teóricos neocon, como Kagan, Krauthammer, Kristol o Lewis, se ocupó tampoco de los problemas económicos”, explica Peter Beinart, investigador de la New American Foundation, quien en su día fue adalid de la invasión de Irak.

“Los neocon se hicieron con el timón de la política exterior de EEUU después del 11-S”, admite Beinart, “pero sólo pudieron manejarlo porque el 11-S le había metido el turbo al motor de la nave. Y ese motor era la disposición de los estadounidenses a derramar su sangre y gastar su fortuna en el otro extremo del mundo. Hoy, ese motor chisporrotea y la mayor parte de los norteamericanos ya no creen que eso por lo que luchamos en Afganistán merezca sacrificar las vidas de sus jóvenes, ni que seamos capaces de pagarlo”. Ningún ideólogo de la Administración Bush se centró en los problemas económicos que estaba generando su doctrina neoliberal y que acabarían llevando al planeta a la catástrofe financiera. “El neoconservadurismo post11-S daba por sentado que siempre habría dinero para una política exterior cuasi imperial”, continúa Beinart, “y que, si fuera necesario, siempre se podría recortar el gasto público para asegurarse de que al Pentágono no le alcanzaran los tijeretazos”.

A los neocon nunca se les ocurrió que EEUU no podría permitirse sendas guerras en Afganistán e Irak. Esas contiendas, según la estimación “más conservadora” de la Universidad de Brown, no sólo causaron la muerte de 137.000 civiles y convirtieron a 7,8 millones de personas en refugiados, sino que también supusieron un coste económico total (incluyendo los intereses de la deuda contraída para sufragarlas y la atención médica de los veteranos heridos en ellas) de unos 4 billones de dólares. Es decir, “equivalente a los déficits públicos acumulados [por EEUU] durante los seis años que van de 2005 a 2010″, constata The Economist.

Cuando toda la derecha de Occidente considera deber patriótico eliminar cualquier déficit público incluso al precio de acabar con el Estado del bienestar, es sangrante constatar que sus padrinos neocon despilfarraron en dos guerras sangrientas una fortuna equivalente a tres años del PIB de España. Con resultados bien poco rentables. En Irak, Al Qaeda cometió hace poco 42 atentados en un solo día, mientras que el Gobierno de Al Maliki en Bagdad es más cercano al de Teherán que al de Washington. En Afganistán, los talibanes están cada día más fuertes, este agosto fue el mes con más bajas norteamericanas desde la invasión de 2001, y el número de civiles muertos en acciones armadas insurgentes o bombardeos aliados no hace más que batir récords.

Paul Kennedy, catedrático de Historia y de Seguridad Internacional de la Universidad de Yale, sostiene que el efecto más importante del 11-Sfue “distraer” a EEUU de sus dos verdaderas prioridades: la geopolítica global y la prosperidad económica. Washington descuidó Latinoamérica, que hoy se ha desarrollado al margen de la influencia estadounidense, igual que se desentendió de otras áreas del mundo vitales, como China, Rusia… incluso Europa, salvo para presionarlas -hasta rozar el conflicto diplomático-, con el fin de que apoyasen sus aventuras militares.

Al mismo tiempo, “la combinación de carísimas guerras lejanas y las inexcusables rebajas de impuestos que favorecían a los ricos tuvieron efectos nefastos sobre el déficit federal de EEUU, la creciente dependencia estadounidense de fondos extranjeros y el futuro del dólar a largo plazo”, subraya Kennedy. “El tejido social [de EEUU] se está haciendo jirones, las clases marginadas crecen y el sistema de educación pública se desmorona. Y, para mayor desastre, aparece un Tea Party proponiendo políticas que agravarían esa doble distracción de EEUU. Ese puede ser el auténtico legado del 11-S, mucho después de que las tropas estadounidenses se hayan retirado de las
alturas del Hindu Kush”.

Los neocon del Tea Party

Es debatible si el surgimiento del Tea Party forma también parte de la herencia de ese pensamiento único que tomó el 11-S como coartada para imponer un nuevo orden militarista, imperial y despiadado, pero no cabe duda de que muchos de los principios que animan al nuevo movimiento ultra norteamericano son calcados de las drásticas decisiones adoptadas por la Administración Bush tras la caída de las Torres Gemelas. El gobernador de Texas, hoy favorito en el Tea Party, Rick Perry, está siendo asesorado en su campaña por Donald Rumsfeld y Doug Feith, destacados neocon que diseñaron gran parte de laestrategia bushaniana.

Un ejemplo del paralelismo entre el Tea Party y la ideología neocon está en la política de inmigración. Sólo ocho días después del 11-S, Bush firmó la Patriot Act, por la que los extranjeros pudieron ser detenidos indefinidamente y sin derecho a un juicio justo. Las normativas y prácticas represivas posteriores, organizadas en torno a un departamento de seguridad (Department of Homeland Security), que agrupó un año más tarde a las 22 agencias federales de seguridad e inteligencia, continuaron castigando a los inmigrantes con deportaciones por meras infracciones, violaciones de sus derechos civiles y una constante persecución policial que vulnera el principio constitucional de igualdad ante la ley. Bush firmó directivas para otorgar a las autoridades locales poderes ejecutivos contra extranjeros sospechosos de terrorismo que son muy similares a las medidas antiinmigrantes que el Tea Party impone en los estados fronterizos y las ciudades donde gobierna.

Se argumenta que los seguidores del Tea Party son radicalmente opuestos a ese Gran Hermano en el que Cheney, Bolton, Perle y otros asesores de Bush convirtieron el Gobierno de EEUU, espiando las comunicaciones de todos los norteamericanos y extendiendo por el mundo las cárceles secretas de la CIA y las entregas de sospechosos a regímenes aliados especializados en torturar detenidos. Pero las convicciones extremistas del Tea Party sí tienen mucho que ver con ese credo intolerante de que el supuesto buen fin que se persigue justifica cualquier medio por brutal y cruel que sea, como el manual de torturas que elaboraron para la CIA los letrados de la Casa Blanca John Yoo y Jay Bybee, hoy magistrado federal de apelación.

La poderosa máquina propagandística puesta en marcha tras el 11-S llegó a convencer a los estadounidenses de que para defenderse del terrorismo tenían que condonar violaciones de derechos humanos y hasta renunciar a garantías constitucionales como la primera y cuarta enmiendas -que defienden la libertad de expresión y reunión y protegen contra registros y detenciones arbitrarias-, frente a las que el equipo de abogados de Bush redactó argumentaciones jurídicas que justificaban poderes presidenciales por encima de ellas.

Gran parte de la opinión pública norteamericana está ahora imbuida de la creencia de que el penal ilegal de Guantánamo, las detenciones arbitrarias y sin derecho a defensa, el encarcelamiento indefinido sin proceso legal, juicio ni sentencia, e incluso la aplicación de tormentos como el waterboarding (llevar al reo al borde de la muerte por asfixia en agua) han sido necesarios y lo seguirán siendo para defender la democracia. Ni siquiera se plantean que eso no es democracia, pues celebraron alegremente que se hubiera asesinado a Bin Laden, tras arrancarle su rastro a Jalid Sheij Mohamed, en un interrogatorio durante el cual se le sometió al waterboarding 183 veces en su primer mes de cautiverio.

El fracaso de la guerra de Irak

Cheney acaba de publicar unas memorias (In My Time) en las que reivindica sin ambages toda la panoplia de abusos e iniquidades de la guerra contra el terror, pese a que es ya evidente el fracaso de la guerra de Irak, que los neocon pretendían que fuera el catalizador de una ola de cambios democráticos en todo Oriente Próximo. “Un nuevo régimen en Irak servirá de ejemplo de democracia espectacular y estimulante para las otras naciones de la región”, proclamó Bush en el American Enterprise Institute justo antes de desencadenar la guerra.

La realidad es que los pueblos de la zona “en vez de sentirse estimulados, sintieron repugnancia por la violencia, el caos, la quiebra de los servicios públicos” que generó la invasión de Irak, explica Paul R. Pillar, veterano especialista de la CIA y hoy profesor de Estudios de Seguridad en la Universidad de Georgetown. “El defecto fatal del sueño neocon fue el convencimiento absurdo de que algo impuesto desde fuera por EEUU podía motivar a los árabes para que se movilizasen en defensa de la soberanía popular (…). El cambio político no puede ser impuesto por una potencia exterior, ni mucho menos a cañonazos”.

Lo que ocurrió fue que “en Irak el tiro les salió por la culata, y hoy los gobernantes que impusieron en Bagdad están más bien resistiéndose a la propagación de la democracia, en vez de inspirándola”, asegura Pillar. “Es difícil comprender cómo los neocon lograron convencer a tanta gente, hace una década, de su insensato experimento, aunque sin duda el efecto estupefaciente del trauma nacional generado por el 11-S explica gran parte de ese fenómeno horrendamente erróneo”.

Las verdaderas causas

En cuanto a las causas del 11-S, se han tratado de ocultar tras la cortina de humo de que Al Qaeda sólo tiene una motivación religiosa integrista, argumento esgrimido por el informe oficial de 2004 de la Comisión Nacional creada por el Congreso, cuyos dos máximos responsables, Thomas Kean y Lee Hamilton, admitieron después: “Era un tema sensible y los comisionados que adujeron que Al Qaeda se guiaba sólo por ideología religiosa, y no por oponerse a la política de EEUU, rehusaron mencionar el conflicto palestino-israelí. Creían que, si se exponía el apoyo de EEUU a Israel como la raíz causal del ataque de Al Qaeda, entonces se indicaría que EEUU debía revisar esa política”.

Por tanto, jamás se establecieron las verdaderas causas de que la red terrorista atacara tan ferozmente a EEUU, ni lo que motivó a tantos suicidas a inmolarse en los aviones empleados como armas. Pero los motivos estaban bien claros, como exponen Anthony Summers y Robbyn Swan en El undécimo día: “Todas las pruebas indican que Palestina fue el factor que unió a los conspiradores en todos los niveles (…). Era sin duda el principal resentimiento político que movía a los jóvenes árabes” que prepararon los atentados. Es decir, los autores de la matanza creían que con ella los estadounidenses se fijarían en “las atrocidades que EEUU comete en su apoyo a Israel”.

Ni Israel ni los palestinos son jamás mencionados en las informaciones sobre el 11-S. Y la respuesta neocon al mayor ataque terrorista de todos los tiempos sólo agravó esa heridaen el mundo árabe e islámico, además de mutilar los valores democráticos con los que Occidente siempre se sintió superior al resto del planeta.

Son antisociales, sí, porque se les expulsa de la sociedad

12 ago 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

Sólo hay que leer los titulares de los análisis que proliferan en los medios para descubrir un esfuerzo conjunto, casi unánime, por negar cualquier origen de desigualdad social en las revueltas urbanas inglesas: “No son los recortes”; “Aquí no hay reivindicaciones sociales”; “Los disturbios tienen más que ver con el consumismo que con el malestar político”…

Son decenas las argumentaciones que procuran desvincular el estallido de violencia de la marginación y la pobreza, en una de las naciones más opulentas; que culpan a padres canallas incapaces de educar a sus hijos; que hablan de la “cultura de dependencia” de haraganes acostumbrados a vivir de subsidios. Hasta se arguye que no se puede hablar de “revueltas sociales”, como si esos jóvenes estuvieran fuera de la sociedad, expulsados de ella.

“Esto no tiene que ver con la pobreza, sino con una cultura que glorifica la violencia, desprecia a la autoridad y sólo habla de derechos, pero no de responsabilidades”, proclamó ayer Cameron, miembro destacado de la élite aristocrática, hijo de broker, educado en Oxford y paradigma de la jet-set society a la que jamás accederán esos “rufianes” a los que tanto desprecia.

Sí, son violentos. Sí, saquean esos productos tan codiciados de alta tecnología que saben que jamás poseerán, porque nunca saldrán de la miseria. Sí, desafían a la autoridad que suele hostigarles en las calles. Sí, malviven de los subsidios porque no tienen empleo, ni educación.

Pero ¿son ellos los únicos culpables de todo eso? ¿No tiene responsabilidad ninguna esa élite multimillonaria a la que pertenece Cameron y cuya política de austeridad consiste en recortar los servicios públicos para pobres?

Las recetas de Cameron y los “rufianes”

11 ago 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

Según el sagaz análisis esgrimido ayer por David Cameron, lo que está ocurriendo en los barrios marginales de Londres y de muchas otras ciudades inglesas no es más que una explosión de “violencia irracional”, que se extiende por un fenómeno de simple “imitación”, y está protagonizado por bandas de “rufianes” que serán “derrotados” y sometidos a “todo el peso de la ley”. Se triplica el número de policías en las calles, se ordena a los agentes que empleen tácticas más “robustas” y se persigue a esos “matones” identificándolos con los vídeos de las cámaras de circuito cerrado que se desplegaron a miles en Londres ante la amenaza de Al Qaeda.

Asunto resuelto, pues. Y es de esperar que esa sabia estrategia sea aplaudida desde aquí por el mismo que consideró que la gestión económica de Cameron era la luz que había de guiarnos fuera de la crisis. Es decir, Mariano Rajoy.

Porque las revueltas sociales que incendian Inglaterra son consideradas por la derechacomo siempre que se rebelan los desheredados un desagradable problema de orden público que se arregla a garrotazos. ¿Cómo van a tener algo que ver en ello los tijeretazos de los subsidios y programas sociales impuestos por Cameron en su política de austeridad?

En Tottenham, donde saltó la primera chispa de la insurrección, el presupuesto de servicios cívicos para la juventud, como los clubes y las actividades educativas que la apartan de las bandas callejeras, ha sido recortado en un 75%, la mayor reducción de todas las partidas, justo en el lugar donde el paro juvenil es pavoroso: sólo hay un puesto de trabajo por cada 50 jóvenes que buscan empleo.

Tampoco debe tener nada que ver con la revuelta el rencor racial fermentado durante 30 años, desde el chispazo de Brixton en 1981, ante la actuación prepotente y xenófoba de la Policía Metropolitana destacada en esas empobrecidas barriadas de población afro-caribeña: de Toxteth, en Liverpool, a Handsworth, en Birmingham.

“Décadas de individualismo, de egoísmo atizado por el Estado y la economía competitiva, combinado con un aplastamiento sistemático de los sindicatos y una creciente criminalización de toda disensión, han convertido a Gran Bretaña en uno de los países con más desigualdades del mundo”, escribía ayer Nina Power, en The Guardian, aparentemente sin comprender que todo esto no es más que el resultado de “una oleada de vandalismo” insensato, como aduce unánimemente la prensa conservadora.

Ningún papel debe jugar en todo esto la crisis que está fustigando a las clases más bajas, mientras las capas altas hallan en ella nuevas oportunidades de enriquecerse. Que los grandes disturbios de los 80 en Reino Unido se produjeran también en plena recesión, con altísimo desempleo y severas medidas del thatcherismo ultraconservador es sólo una coincidencia, claro.

“La irracionalidad de las turbas no se puede explicar por la predisposición individual al crimen, sino por su sentimiento de grupo social deslegitimado en su relación histórica con los que les rodean”, explica Clifford Stott, catedrático de Psicología en la Universidad de Liverpool y especializado en disturbios. Apreciación que sin duda descartará el buen juicio de Cameron, frente al sólido argumento de los “rufianes”.

Rajoy debe estar impaciente por llegar al poder, para poner orden en las calles españolas aplicando las recetas de su admirado Cameron.

La derecha hunde la credibilidad económica de EEUU

08 ago 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , , ,

Nunca se creyeron que pudiese ocurrir. Incluso acusaron a Barack Obama de emplear “la táctica del Armagedón” por advertir sobre las gravísimas consecuencias que tendría el bloqueo de la negociación sobre el techo de la deuda de EEUU. “Hay que dejar de creer al presidente cuando emplea esa estrategia del miedo”, proclamó el congresista republicano por Texas Louie Gohmert, quien votó contra el acuerdo para aumentar ese límite. Y Michele Bachmann, también líder del Tea Party, descartó que una suspensión de pagos de Washington fuera a tener los efectos “alarmistas” de los que advertía la Reserva Federal. “No podemos seguir asustando al pueblo americano”, adujo Bachmann.

Sólo en el último segundo se llegó a un acuerdo ínfimo: una reducción del 0,57% del Presupuesto para 2012, pues todos los pactos para años siguientes pueden ser -y serán- modificados. La reacción de los tiburones financieros internacionales era de esperar: Standard&Poors rebajó la calificación de la deuda estadounidense por primera vez desde el fin de la Primera Guerra Mundial, y los mercados bursátiles empezaron a hundirse por el del mayor aliado de EEUU: Israel.

De inmediato, la derecha bramó que esa reacción era provocada por el fracaso de la gestión de Obama, cuando es precisamente la estrategia ultra de desgaste de la Administración la que ha hundido la credibilidad económica de EEUU, algo que el resto del mundo nunca antes puso en duda.

“Incluso si las agencias de calificación no degradasen a EEUU, los estadounidenses se habrían degradado a sí mismos. El sistema no funcionó”, asevera el analista Fareed Zakaria en el gran tema de portada de Time sobre “el fracaso del pacto de la deuda”. “Los americanos se han demostrado a sí mismos, al mundo y a los mercados globales que su sistema político está quebrado y es incapaz de concebir y aplicar una gestión pública sensata”.

El motivo, según Zakaria, es que “en esta crisis el Tea Party ha tomado como rehén de su agenda la misma solvencia económica del país”. Y el resultado ha sido que “Estados Unidos ha jugado a la ruleta con su recurso más preciado: la confianza del resto del mundo. Si, como consecuencia de estas veleidades parlamentarias, la tasa de la deuda estadounidense sube en un punto -es decir, si el mundo pide sólo un poco más de interés para prestar dinero a EEUU- el déficit presupuestario aumentará en 1,3 billones de dólares a lo largo de los próximos diez años. Eso barrerá sobradamente todos los recortes acordados para ese periodo”.

Aunque no es en absoluto la primera vez que los puristas de la derecha neoliberal norteamericana consiguen disparar el déficit público de EEUU… precisamente aduciendo que van a combatirlo, y poner fin al despilfarro demócrata de los programas sociales. El gran taumaturgo de esa receta imposible (rebajar impuestos sin reducir prestaciones, como ahora dice el PP que se dispone a hacer en España) fue Ronald Reagan.Sus célebres reaganomics fueron también llamadas “de goteo” (trickle-down) porque supuestamente iban a reactivar la economía permitiendo que las grandes compañías y fortunas del país se enriqueciesen aún más. La lógica de aquello era que, al disponer de tanto dinero, lo invertirían en iniciativas que crearían puestos de trabajo y desarrollo. Vamos, igual que aquí el PP asegura que hay que bajar la presión fiscal a las empresas porque son las que dan empleo.

La realidad fue que las rebajas de impuestos de Reagan, sumadas al gasto astronómico de su guerra de las galaxias (que fue el gran negocio del complejo militar-industrial) sólo lograron poner en órbita el déficit presupuestario. Durante su mandato, que para los hoy campeones de la austeridad fue económicamente ejemplar, la deuda pública de EEUU se triplicó: de 712.000 millones a 2 billones de dólares entre 1980 y 1988.

Bush padre no redujo en absoluto el gasto público, y tuvo que venir el izquierdista Clinton (el que llegó a la Casa Blanca con el lema “es la economía, estúpido”) no ya para equilibrar el presupuesto, sino incluso para obtener un gran superávit, con una gestión meramente keynesiana; pues es de sentido común que una crisis no se puede afrontar rebajando drásticamente la participación del Estado en la economía nacional, ya que se reduce aún más el crecimiento.

Pero volvieron los neocons al poder, de la mano de Bush hijo, con la misma doctrina de quitar poder al Estado, y se embarcaron en dos guerras, amplias rebajas de impuestos (hasta dejar la presión fiscal en un mínimo histórico del 15% del PIB) y la privatización de cuantos más servicios sociales, mejor. Así que en sólo ocho años no sólo se habían comido todo el superávit de Clinton, sino que llevaron la deuda a casi el triple de la de Reagan: 5,8 billones. La crisis financiera provocada por ese mismo fanatismo neoliberal hizo el resto.

Por eso asciende ahora la deuda de EEUU a 14,3 billones, no porque Obama la haya generado… salvo en lo que cuestan las dos guerras que heredó, más el rescate del sistema financiero hundido por la codicia de los que hoy siguen destruyendo países en beneficio propio.

¿Cómo podemos, pues, creer a los que prometen sacarnos de la crisis con recetas reaganianas?

Las revueltas en países del Pérsico pueden bloquear el flujo de crudo

07 mar 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , , , , ,

Hasta el centinela de Ormuz se tambalea, y con él peligra la seguridad del estrecho por el que cruza el 40% de todo el crudo transportado en el mundo por superpetroleros. Omán, hasta hace muy poco considerado un tranquilo rincón del mundo árabe inmune a la oleada de protestas, está siendo sacudido por convulsiones socio-económicas a pesar de su elevada renta per cápita, unas siete veces más alta que la de Egipto.

Pero ni siquiera el coloso saudí es ya inmune a la epidemia revolucionaria, que le ha llegado desde su diminuto ahijado Bahrein, donde la sublevación de la mayoría chií ha contagiado a sus correligionarios en la región de Qatif, que posee los grandes yacimientos petrolíferos de Arabia Saudí y en la que también es mayoritario el chiismo, reprimido por la monarquía saudí que impone con puño de hierro un régimen integrista. Este viernes, lo que parecía imposible ocurrió: cientos de personas se manifestaron en los puertos saudíes de Sihat y Awamiya, y en la capital interior de Hofuf, en demanda de la liberación del clérigo chií Tawfiq al Amir, arrestado por haber reclamado una monarquía constitucional y medidas contra la corrupción que corroe al reino de los mil príncipes Al Saud.

Hace un mes, las autoridades saudíes liberaron a tres detenidos, tras una protesta chií en Awamiya. En cambio, el sábado (5 de marzo) el Gobierno de Riad advirtió contra toda nueva protesta (las manifestaciones siempre han estado prohibidas en el país) y el Ministerio de Interior anunció que las fuerzas de seguridad actuarán duramente contra cualquier “amenaza al orden público”. Cientos de furgonetas policiales bloquean las carreteras hacia la capital portuaria de la zona, Dammam.

Hasta los Saud tiemblan, porque la oposición interna ha convocado una jornada de la ira para el 11 de marzo y cuenta con reunir a 20.000 manifestantes en la llamada “Revolución Hunayn”, nombre del valle junto a La Meca en el que Mahoma libró su gran batalla contra la confederación de beduinos, en el año 630.

“Los chiíes saudíes van a mantener sus demandas de una mayor igualdad social, económica y religiosa”, sostiene Ayham Kamel, analista del Eurasia Group, “y eso presentará un desafío a largo plazo para la familia real Al Saud justo cuando tienen que afrontar un relevo generacional”. El rey Abdalá, de 87 años, ha regresado urgentemente de su convalecencia en Marruecos –tras ser operado en EEUU–, para hacer frente a la crisis con una inyección de 26.500 millones de euros en subidas salariales a los funcionarios, viviendas de protección oficial y becas para los estudiantes sin empleo. Pero el problema es que “los manifestantes árabes reclaman dignidad, no sólo pan”, subraya Shibley Telhami, especialista en Oriente Próximo de la Brookings Institution. Hace sólo dos semanas, Riad encarceló a siete activistas por el delito de querer formar un partido político (también prohibidos).

Pocas esperanzas reformistas despiertan los posibles sucesores de Abdalá: el fundamentalista príncipe Sultan, de 86 años, y el príncipe Nayef, de 77, que lleva ejerciendo de ministro de Interior desde 1965. La estabilidad de Arabia Saudí es crucial para mantener el suministro mundial de petróleo –aunque fue superado por Rusia en 2009 como mayor exportador de crudo–, ya que es el único que dispone de gran capacidad excedente: entre 3 y 3,5 millones de barriles diarios, con los que puede compensar ampliamente la interrupción del suministro libio. Sin embargo, eso acercará el día en que la creciente demanda mundial supere las reservas disponibles. Según The Economist, si Argelia dejase también de exportar, su compensación se tragaría toda la disponibilidad saudí y “propulsaría el precio del petróleo hasta unos terroríficos 220 dólares por barril”.

Omán sólo exporta 860.000 barriles de petróleo al día (una décima parte que el gigante saudí), pero siempre fue el guardián imprescindible para garantizar el paso de petróleo por el estrecho de Ormuz, que comparte con Irán. El régimen chií de los ayatolás amenaza desde 2008 con cortar esa vía vital para el suministro energético de Occidente, en caso de conflicto con EEUU o Israel, que intentan frenar a toda costa el programa nuclear iraní. Además, Omán ha logrado mantener buenas relaciones con Teherán, y hasta ha hecho de mediador en anteriores crisis. Pero ahora sufre de la misma enfermedad que los demás países árabes: las manifestaciones en el estratégico puerto de Sohar (segunda ciudad del país) reclamando empleo, mejores salarios y medidas contra la corrupción se han cobrado varias víctimas mortales. Las protestas se extendieron a la capital, Mascate, y ayer mismo el sultán Qabús bin Said destituyó a dos de sus ministros. Antes, prometió 50.000 nuevos empleos públicos, concedió un aumento de la prestación de desempleo y accedió a dar más poderes a la Majlis al Shura, la cámara electa que sólo es consultiva.

En realidad, el sultán Qabús aún goza del apoyo de la mayoría de sus súbditos, y hasta los sublevados en Sohar afirman no tener nada contra él, pues ha modernizado el país y ha instaurado un régimen tolerante y benevolente. Pero Omán también tiene el problema de la gran población inmigrante, 900.000 obreros extranjeros (en una población de tres millones) que a menudo “trabajan en condiciones infrahumanas, insalubres y peligrosas, por un salario de miseria, sin que el Gobierno los proteja”, explica el periodista Saleh al Shaibany.

Para garantizar el suministro de crudo desde el Pérsico, en Sohar se está construyendo un megapuerto industrial (en colaboración con el de Rotterdam) que “será uno de los diez más grandes del mundo, con capacidad para superpetroleros de 360 metros de eslora y 23 de calado”, asegura el ingeniero jefe, Tariq al Kiyumi. La idea es que gasoductos y oleoductos sorteen Ormuz, para cargar el combustible en el superpuerto de Sohar, en el que ya se han invertido 14.000 millones de dólares y que debería estar operativo en mayo. Eso evitará las elevadas primas de los seguros por cruzar Ormuz.

Pero el abastecimiento de crudo a Occidente corre muchos otros peligros.

La cleptocracia tunecina, modelo económico del FMI

20 ene 2011
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , , ,

El clan Ben Alí-Trabelsi rigió Túnez como un imperio mafioso, repartiéndose en familia (numerosa) el gran negocio del turismo, la lucrativa pesca del atún, las entidades financieras y el propio Banco Central del país. Se embolsaban comisiones astronómicas por las importaciones de vehículos, la gestión de puertos y aeropuertos, los establecimientos hoteleros y hasta el mercado negro de alcohol. Controlaban los proveedores de telefonía fija y móvil, internet, radio y televisión…

El producto de ese pillaje gigantesco se empleó para adquirir pisos de 37 millones en París, villas en la Riviera francesa, aviones privados en Suiza, latifundios en Canadá y Argentina… mientras los tunecinos vivían en la pobreza y el desempleo masivo, sometidos a una tiranía política y social, sin derechos, libertades ni futuro.

Los gobiernos europeos conocían al dedillo los entresijos de esa cleptocracia (como queda patente en las filtraciones de Wikileaks), pero no sólo toleraron conscientemente el expolio de todo un país, sino que alabaron una y otra vez ese régimen dictatorial como modélico aliado fiel y socio preferente de la UE. El reverenciado director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, acudió a Túnez para proclamar que “la política económica del presidente Ben Alí es sana y un buen ejemplo a seguir”. Más aún, “el juicio del FMI sobre la política tunecina es muy positivo”, aseveró, sólo cinco meses después de los disturbios del hambre que sacudieron el país en 2008. A cambio, fue condecorado con la medalla de Gran Oficial de la Orden de la República de Túnez.

Una de dos. O nuestros gobernantes políticos y económicos prevaricaban (pues tomaban decisiones injustas a sabiendas); o resulta que de verdad su modelo de sociedad es el que permite que una élite oligárquica esquilme a la mayoría en un régimen de explotación y saqueo.

¿O son las dos cosas a la vez?