Tras cinco meses de régimen dictatorial, incontables violaciones de los derechos humanos y las condenas unánimes de todas las organizaciones internacionales y de todos los gobiernos democráticos, Barack Obama se dispone a legitimar la farsa electoral hondureña, que encumbrará a otro representante de la oligarquía, el terrateniente y ranchero Porfirio Pepe Lobo, quien es incluso más de ultraderecha que el golpista Roberto Micheletti. Así se perpetuarán los intereses creados de la primera república bananera, que han condenado a la mitad de la población de Honduras a sobrevivir con menos de dos dólares al día.
Además, ha sido la Administración de Obama la que ha fomentado esta iniquidad, pues anunció que aceptaría la votación organizada por Micheletti incluso si no era reinstaurado Zelaya en el poder del que fue derrocado a punta de bayoneta. En realidad, fue esa postura transigente con los golpistas la que les animó a romper el pacto de Gobierno de unidad que estaba casi cerrado.
Obama actúa en función de réditos internos, pues para su agenda política necesita tranquilizar a republicanos y demócratas conservadores que le acusan de permitir la expansión del chavismo… algo que en realidad fomentó la miope diplomacia neocon de su antecesor, Bush.
Ahora bien, en el plano internacional, Obama está precipitándose en un conflicto geoestratégico. Su traición a Zelaya y su alianza militar con el colombiano Uribe pueden conseguirle los votos de algunos senadores norteamericanos que le son cruciales en casa, pero al mismo tiempo le perjudican gravemente en sus relaciones con la nueva Latinoamérica progresista y, sobre todo, le enfrentan al Brasil de Lula, la superpotencia emergente del hemisferio.
Como siempre, el presidente de EEUU se guía por intereses, no por principios. Y otra vez yerra al favorecer a los círculos del poder, a costa de la opresión del pueblo.
Tres meses después de que soldados de uno de los ejércitos más implacables de Latinoamérica entrasen a tiros en la residencia del presidente elegido en las urnas y lo deportasen a punta de pistola, la Unión Europea ha tenido el valor de advertir a “las partes” que tienen que dialogar para buscar una “salida consensuada”, y que Zelaya y sus seguidores tienen tanto deber como los golpistas de evitar “una escalada de la tensión”. Nuestro ministro Moratinos incluso ha advertido que el regreso del depuesto jefe del Estado “puede crear dificultades”.
Es decir, que mejor se hubiera quedado en el exilio, y sus seguidores demócratas en casita, para ahorrarnos líos; que las víctimas de la represión han de pactar con el régimen una solución que acomode a la oligarquía y a los militares; y que, en fin, los hondureños han de asumir el éxito de los objetivos del golpe: impedir una alternativa democrática al corrupto imperio de los caciques que tienen al país bajo su férula, sometiendo al pueblo a la miseria, desde que los marines invadieron el país en defensa de los intereses de la United Fruit Company, hace 85 años.
Ahora, ha tenido que ser la jefa de la diplomacia de EEUU, Hillary Clinton, la que reclame la restauración del presidente legítimo, mientras la de la UE, Benita Ferrero-Waldner, pide un “diálogo positivo”. Y luego daremos lecciones de democracia.
Son demasiados los que aducen repetidamente que la asonada militar en Honduras no es un golpe de Estado, sino la mera destitución de un presidente que pretendía violar la Constitución. Otros admiten que son golpistas los que secuestraron a Manuel Zelaya a tiros, pero alegan que los hondureños en realidad celebran su caída porque ha sido un “gobernante fallido”.
Todos ellos citan el consenso contra Zelaya de los poderes legislativo, judicial y militar para argumentar que en Honduras se desprecia su giro político izquierdista y se teme su alianza con el chavismo, con lo que se deduce que su derrocamiento es el menor de los males del país. Y serán estos mismos razonamientos sesgados los que utilice una parte muy poderosa de la comunidad internacional con el fin de aprovechar esta crisis para frenar la expansión de la influencia de Chávez y sus aliados en la región.
De hecho, ese objetivo final de toda la operación ya fue admitido al Financial Times por la viceministra de Exteriores designada por los golpistas, Martha Lorena Alvarado de Casco: “Lo que hemos hecho es detener la agenda de Chávez en Centroamérica”. Por supuesto, tanto ella como el magnate Micheletti –propietario de las redes de transporte interurbano en el segundo país más pobre de América Central–, y el resto de la élite empresarial y ganadera del país, actúan en exclusivo beneficio del “pueblo y la soberanía de Honduras”, y en defensa de “la legalidad constitucional”.
Es por ello, claro, que lo primero que han hecho ha sido suspender indefinidamente cinco artículos de la Constitución (71, 78, 79, 80 y 81), que son los que salvaguardan cosas tan nocivas para el pueblo como los derechos de reunión, asociación, circulación y manifestación ciudadana. Además, han dado un cheque en blanco a las fuerzas de seguridad para allanar domicilios durante el toque de queda nocturno, también impuesto en mayor interés de la ciudadanía.
Lástima que esa oligarquía, enriquecida durante los más de 20 años de dictaduras militares que terminaron en 1982, no haya hasta ahora pensado en los intereses de la población, más de la mitad de la cual vive por debajo del umbral de la pobreza. Precisamente uno de los delitos más ofensivos para esa élite empresarial que cometió Zelaya fue el de ordenar una subida considerable del salario mínimo.
En cuanto a la soberanía nacional que hoy se arrogan esos políticos, militares y potentados, resulta que en el mismo año 82 en que se aprobó la ahora sacrosanta Constitución –dictada por la Junta Militar saliente de
Policarpo Paz–, el Gobierno de Tegucigalpa permitió la utilización de su territorio como base para los contras nicaragüenses, armados por EEUU y que llegaron hasta a minar los puertos civiles del país vecino.
Son tantos los comentaristas que aluden a los planes de reforma constitucional de Zelaya como si fueran delitos de lesa majestad, que viene a la memoria la célebre sentencia fascista: “Cuando oigo la palabra referendo, me dan ganas de sacar la pistola”.
Porque eso es exactamente lo que han hecho los golpistas hondureños, ante la amenaza de una consulta popular. Eso sí, usando el nombre del pueblo en vano.
Comentarios anteriores:
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0.0 | 0 | kalajkastanj | 06-07-2009 06:22:27
Corto , sustancioso y claro …. mas claro ni CANTACLARO .
Felicitaciones
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1.0 | 5 | Juan el Español | 05-07-2009 23:20:16
¿Porqué cuando leoo los comentarios de el diario EL PAIS digital sobre el golpe en Honduras, parece que estoy leyendo un periodico neocon o de los que es dueño Berlusconi?…Prisa porque tiene prisa en condenar a los gobiernos populares de Latinoamerica?…
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3.0 | 5 | 1789now | 05-07-2009 21:25:18
Empresarios golpistas dejan sólo a Micheletti. Continúa la marcha hacia el aeropuerto (seguimiento constante)
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Una multitud se encuentra ya en el aeropuerto de Tegucigalpa atendiendo al pedido de Zelaya que regresa al país en horas del mediodía. La iglesia se ha alineado públicamente con los golpistas.
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http://www.kaosenlared.net/noticia/empresarios-golpistas-dejan-solo-micheletti-continua-marcha-hacia-aero
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2.0 | 2 | J.Reed | 05-07-2009 19:20:29
Secuestrar y asaltar el domicilio de un presidente electo, los recortes de libertades y derechos de la población, el arresto de dirigentes sociales, y sindicales; la deportación de periodistas, el uso de la fuerza bruta militar contra el pueblo desarmado con varios civiles heridos o muertos, son hechos y delitos mucho más graves que el hacer una consulta democrática no vinculante.
Como muchos comentaristas pueden tener esas ideas? Por intereses al defender a esa clase minoritaria oligarquica, por desconociento, o fruto de la manipulación mediadita de muchos años. Muchos medios ocultan hechos graves sucedidos en Honduras. Muchos no exigen sanciones y medidas más graves a la ONU.
Los medios alternativos, la cadena TeleSur, y este diario son los únicos que difundem amplia información.
http://www.redportiamerica.com
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4.0 | 4 | Liberio | 05-07-2009 18:41:12
Está todo tan sencillamente y bien explicado en este artículo, que solo bastaría cambiar el nombre de los golpistas y los generales, así como el del país para equipararlo con cualquier otro país que esté situado entre el rio Grande y la Patagonia….¿Uribe les dice algo??? a los de PRISA tampoco…
Ojalá mucha gente pudiera leer este artículo y reflexionar. Enhorabuena señor Bayo
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4.0 | 4 | Por aquel tiempo dijo Montesquieu… | 05-07-2009 16:33:17
Cardenal Oscar Rodríguez, no cite el nombre del pueblo en vano. Ame a los unos pero no a los otros, porque no se puede servir a dos señores. En verdad en verdad os digo, que tu golpe no es del mundo de los justos. Palabra de Montesquieu.
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4.0 | 4 | Joder, gran artículo | 05-07-2009 16:15:36
La leche, ya era hora, no es tan dificil (salvo que los propietarios de los medios de comunicación no estén interesados en esta clase de opiniones).
Mi mas sincera enhorabuena a Carlos. Da gusto leer lo que todos pensamos y comentamos noticia tras noticia de la boca de un periodista, que saliendose del rebaño de su gremio, se atreve a perpetrar el terrible delito de tener opinión propia.
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4.0 | 6 | Hondureño | 05-07-2009 15:51:38
Que es eso que los hondureños apoyan a Gorileti, hasta que unas elecciones democraticas no muestre otra cosa, Zelaya es el mas apoyado. Lo unico que es cierto es que la oligarquia financiera, aquella que ha sumido al pais en la miseria, no solo en Honduras sino en todos los paises vecinos, esta detras del golpe, igual que los militares USA de la base gringa enH onduras asi como los servicios secretos istaelitas. Nosotros lo que necesitamos es un Chavez que ponga firmes a estos sujetos que consideran Honduras como una finca privada.
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10.0 | 10 | Rubén | 05-07-2009 15:15:29
Por fín, un artículo en un medio de alcance general admite lo que todos sabíamos y el grupo PRISA no se atrevía a decir… que es un golpe de estado perpetrado por la misma oligarquía que lleva domeñando al pueblo hondureño desde los tiempos de la colonia, con el objetivo de defender sus intereses económicos, nunca los del pueblo