La nueva candidata de la derecha en Brasil

19 Ago 2014
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La campaña presidencial brasileña estaba aburrida. El Gobierno, coincidiendo con el comienzo del calendario electoral en televisión, presenta todos sus incuestionables logros, además de contar con la presencia constante de Lula, para tratar de ganar en la primera vuelta.

La oposición ya sentía haber agotado su arsenal de instrumentos para intentar por lo menos ir a la segunda vuelta, con sus dos principales candidatos, sumando votos de candidatos menores, haciendo manipulaciones de las encuestas y encadenando denuncias cada vez más grotescas en contra del Gobierno. Un clima de desánimo se instauraba en la oposición, constatando que sus candidatos no ganaban vuelo para desafiar a Dilma Rousseff.

El accidente que llevó a la muerte a Eduardo Campos, candidato que había salido de la esfera del Gobierno para sumarse a la oposición, plantea nuevas alternativas a la campaña. La perspectiva inmediata es que Marina Silva asuma la candidatura. Con más popularidad que Campos y con posibilidad de movilizar a una parte de los que se declaran indecisos o atraídos por votos nulos o blancos o incluso por la abstención, podría cambiar los rumbos de la disputa.

La derecha, desanimada con el desempeño de sus candidatos —Aécio Neves y Eduardo Campos— y con la perspectiva de un triunfo de Dilma Rousseff en la primera vuelta, se excitó con la posibilidad de un cambio en el escenario. Inmediatamente los medios de comunicación —una dirigente del Folha de Sao Paulo en las elecciones de 2010 le definió como “partido de la oposición”— se han puesto en campaña para que Marina sea la candidata.

Encuestas, declaraciones de familiares de Campos o descalificaciones de dirigentes del Partido Socialista fueron puestos en marcha para promover la candidatura de Marina. La derecha quiere que ella sea su tabla de salvación. Ya no importan las objeciones que tenían sobre ella, sea de criterios políticos, sea de idiosincrasias personales. Como siempre  la campaña se ha orientado al Todos contra Dilma.

¿Cuáles son los eventuales obstáculos a una candidatura de Marina si los medios, el “mercado”, etc. están a su favor para, por lo menos, tratar de llevar la disputa hacia la segunda vuelta? Y es que para el PSB no es fácil entregar la candidatura y la herencia de Campos a Silva, sin garantías, dado que ella ya declaró que está de paso por el PSB, sólo porque no ha logrado las firmas suficientes para registrar su partido y que después de las elecciones lo abandonará para seguir en la construcción del suyo propio. El PSB necesitaría garantías por parte de Marina, lo que podría expresarse en la opción por quién sería su candidato a vicepresidente.

Pero, para Marina, conforme a las declaraciones de sus asesores, es ella quien tiene que pedir garantías al PSB de que será la conductora real de la campaña. Esas diferencias, sumadas a la idiosincrasia compleja de Marina, pueden llevar a desentendidos e, incluso, a una decisión de no ser candidata o, en medio de la campaña, renunciar. Hoy por hoy, a la derecha no le importa nada no haber apoyado de entrada a Marina. Tampoco cómo gobernaría ni con qué apoyos. Basta dificultar la vida a Dilma Rousseff, llegar a la segunda vuelta. La derecha está dispuesta a abandonar a Aécio Neves y concentrar las fuerzas en Silva con tal de conseguir ese objetivo.

Ahora realizarán encuestas que buscarán aprovechar el clima de duelo por la muerte de Campos para intentar invalidar cualquier alternativa que no sea la candidatura de Marina Silva, buscando redistribuir los naipes del juego. En medio de esa campaña, comienza hoy la propaganda televisiva, donde el Gobierno dispone de mucho más tiempo que la oposición, tiene logros para mostrarlos y dispone del más grande elector, Lula, para consolidar sus preferencias y eventualmente ganar otras, que podrían neutralizar los efectos de la nueva campaña de la derecha. En medio de todo eso, la víctima más grande podría ser Aécio Neves, ya atacado por los mismos medios por sus debilidades, que puede dejar la segunda posición en las encuestas para dar lugar a la polarización Dilma-Marina.


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