La Pax Americana

18 ene 2015
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La revista The Economist anuncia que el próximo “Estado fallido” será Libia. ¿Próximo?

Si ellos mismos confiesan que no hay Estado en el país, pues hay dos gobiernos y dos parlamentos; un pulso para ver quién dirige el Banco Central y la compañía de petróleo; no hay Policía ni Ejército; varios grupos de milicias luchan por el control del territorio nacional; la infraestructura del país está en ruinas; los pozos petrolíferos, que se disputan distintos grupos armados, están siempre en riesgo inminente de explotar; las torturas y ejecuciones proliferan… Turquía, Qatar y Sudán apoyan a un bando, mientras los Emiratos Árabes Unidos y Egipto apoyan al otro. Si esto no es un Estado fallido, ¿qué más es necesario para que sea?

¿Quién es responsable de la destrucción de un país más en la región? ¿Ya no basta lo que pasa en Afganistán, en Irak, en Siria, en Yemen?

Hay que recordar que los bombardeos que tuvieron como resultado la destrucción de Libia fueron autorizados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para “proteger a la población civil”, cuando ya se habían desatado combates generalizados por el poder en el país. Valiéndose de esa decisión e interpretándola a su manera, la OTAN bombardeó sistemáticamente al país, no con la intención de proteger a la población civil —quién puede estar protegido de los bombardeos de la OTAN—, sino para derrocar el gobierno de Gadafi. Tal es así, que en cuanto cayó el régimen y fue asesinado de forma vergonzosa el hasta entonces jefe del Estado, masacrado públicamente en manos de las milicias, la OTAN dio por cumplida su misión de “protección de la población civil” de Libia y procedió a suspender los bombardeos —Naciones Unidas debió pensar lo mismo—, Libia fue entregada a una brutal guerra civil entre milicias armadas. A la vez que otros bandos se valían de los armamentos en manos de esas milicias para perpetrar atentados en otros países —como los realizados en Argelia y en Yemen— y organizar nuevos grupos fundamentalistas en toda la región. No solo Libia no se ha estabilizado, sino que se ha vuelo un foco activo de desestabilización de varios países de la región.

Durante la Guerra Fría, había zonas de influencia de las dos superpotencias, aun cuando había conflictos graves —como la sangrienta guerra entre Irak y Iran—, el conflicto no se generalizaba al conjunto de la región, como sería el caso hoy día. Terminada la Guerra Fría, con la victoria del campo occidental bajo el liderazgo de los Estados Unidos, se dieron las condiciones par que se impusiera la Pax Americana, ya sin limites. Pasábamos de un mundo bipolar a un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial norteamericana.

Desde entonces pasaron a existir modalidades de invasión y destrucción de países, con Afganistán e Irak como casos iniciales, pero cuyo efecto destructor se ha diseminado por países como Libia, Siria, Yemen. Nunca el panorama fue tan desalentador y sin control en toda la región, con perspectivas de empeoramiento conforme la acción militar y política de EEUU se intensifica, arrastrando a sus aliados –europeos, de América del Norte, de Oceanía– hacia nuevas aventuras militares.

Como consecuencia de las desastrosas y belicistas intervenciones lideradas por EEUU, los talibanes se han fortalecido como nunca en Afganistán, Al Qaeda retorna con fuerza y el Estado Islámico avanza en Irak y Siria. Como respuesta, EEUU lleva a sus aliados a comprometerse con una nueva ofensiva militar, que tiene como uno de sus efectos atentados terroristas en Canadá, Australia y ahora en Francia, haciendo que se extienda como un reguero de pólvora los riesgos por todo el mundo.

Esa es la Pax Ameriana, el mundo prometido por unos EEUU victoriosos en la Guerra Fría, a su imagen y semejanza. Un mundo que es víctima de sus tentáculos imperialistas y que nunca había estado tan en riesgo por la multiplicación de los epicentros de guerra.


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