El PT recupera su vigor al compás de las caravanas de Lula

29 Ago 2017
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Los medios brasileños hacen como si nada importante estuvieran ocurriendo en el nordeste de Brasil. Habría solamente un viaje de Lula, que a veces es noticiado en medio de algún rifirrafe político. No reproducen ninguna foto de Lula cercado por un mar de pueblo. Es como si el pueblo no existiera, fuera a penas una invención de Lula. Además de ser excluido del presupuesto, el pueblo brasileño es excluido de los medios. A falta de poder explicar porque, a pesar de las incesantes acusaciones a Lula, su popularidad solo hace aumentar, prefieren ocultar el fenómeno mas importante del año en Brasil.

La incomodidad que la primera caravana de Lula provoca es tal que la derecha prefiere tratar de esconderla. “De lo que no puede hablar, es mejor callar”, decía Wittgenstein. Es lo que hacen la derecha brasileña y los que, ubicándose en el campo popular, no logran explicar el fenómeno Lula, y tratan de intentar obviarlo, como si ello fuera posible.

Sin embargo, es imposible entender a Brasil sin entender el PT, sin entender a Lula. Por lo que ha significado el gobierno Lula y por la forma como ello ha marcado a todo el campo político y a la memoria de pueblo. Un parlamentario del PSDB, en una crisis de sinceridad,  alcanzó a decir que habría que matar a Lula. De lo que no se puede entender, mejor intentar su eliminación mágica.

La caravana de Lula expresa, sin embargo, hace aflorar a la superficie, el Brasil real escondido por los medios. Si alguien tenía dudas de las relaciones de Lula con el pueblo brasileño, puede ver en las escenas emocionantes de la caravana, imágenes explícitas y masivas de un amor plenamente correspondido entre Lula y el pueblo brasileño. Y no se trata solamente de escenas románticas, porque ellas tienen su raíz en profundas trasformaciones de la vida de millones de personas, que quieren agradecer a Lula por ello, protegerlo de sus enemigos y mostrar toda su disposición de apoyarlo para que él vuelva a ser presidente de Brasil y dar continuidad a las trasformaciones que tanto bien han hecho a su vida.

Por otra parte, quien intenta analizar al PT separado de Lula, como si ello fuera posible, se queda con una visión reductiva, internista, organizativa, y no política del partido. El PT es el partido de Lula, es el partido que ha protagonizado, liderado por Lula, los más importantes procesos de trasformación económica, social, política e ideológica de Brasil. El PT y Lula son indisolubles, de ese punto de vista, con sus particularidades, sus avances y sus tropiezos.  

El hecho que de Lula sea el gran líder político nacional hace con que él obligadamente trascienda al PT, sea más grande que el partido. Pero ello ocurre con todos los grandes lideres populares. Ellos nacen desde un partido, se asocian estrechamente a ese partido, pero se proyectan como líderes nacionales.

No es posible entender al PT sin Lula, como no es posible entender a Lula sin el PT. Ellos están tan imbricados, que uno solo existe con el otro, en el marco de sus particularidades.

La ofensiva de la derecha ha afectado a ambos, a Lula y al PT. Ahora, cuando lula se lanza a caravanas por todo Brasil, el PT como que se vigoriza, cobra nuevas fuerzas, a ritmo de los impulsos de Lula, retoma vínculos estrechos con las bases populares que han llevado el  PT a las cuatro victorias en las elecciones populares (solamente en la provincia de Bahía, durante el paso de Lula,  hubo 5 mil afiliaciones al PT).

En el nordeste, es una masa lulista, beneficiaria de las políticas de los gobiernos del PT, que se reconoce en Lula y lo proyecta como su gran esperanza de rescate de un futuro mejor. Una masa que, a la vez, en la mayor parte de las provincias de la región ha elegido y reelegido a gobernadores de izquierda y a bancadas parlamentarias progresistas.

El PT tiene ahora la posibilidad de rejuvenecer, de ganar para sus filas a amplios sectores de masas que se movilizan al compás de los viajes de Lula. El discurso de Lula es el gran maestro de ese compás. Un discurso que ataca duramente el desmonte de todo lo mejor que Brasil  ha construido a lo largo de este siglo, que a la vez, compara con las conquistas de que todos han sido beneficiarios en los gobiernos del PT. Que paralelamente apunta hacia los caminos de retomada del crecimiento, de distribución de renta y de inclusión social.

Porque Lula representa la esperanza concreta de que ese camino puede ser retomado. Lula no esta luchando por su candidatura, Lula no está luchando por su inocencia frente a acusaciones sin fundamento. Lula está luchando por el rescate de la democracia, rescate que pasa por su derecho a ser candidato de nuevo a la presidencia de Brasil y a desenmascarar las acusaciones que le son dirigidas sin ninguna prueba.

El PT tiene una nueva oportunidad de reconstruirse como partido, después de haber sufrido los mas duros y continuados ataques que un partido jamas sufrió en la historia política de Brasil. Puede recomponer y renovar sus filas, con el ingreso de nuevas generaciones de militantes, de mujeres, de jóvenes, de negros, de trabajadores de los más distintos sectores de la muy diferenciada población.

Ya al inicio de la caravana al nordeste brasileño, que yo tengo la oportunidad de seguir, es posible darse cuenta del vigor renovado que el PT revela, con la movilización y la reincorporación de militantes que habían tomado distancia del partido, sea también por el ingreso de simpatizantes para dentro de sus filas, sea por la adhesión de los que se dan cuenta de que se trata de la única alternativa política real para superar la gigantesca crisis en que el gobierno golpista lanza a Brasil. Se dan cuenta de que el PT es el partido de Lula, es el partido que representa los intereses de las grandes masas populares de Brasil.

La renovación de la dirección del PT, con la elección de la joven senadora Gleisi Hoffmann para su presidencia es otra cara de esa revitalización. Ella se ha proyectado, rápidamente, como una gran líder política nacional, sumando a su firme actuación en el Parlamento, la actuación dinámica como dirigente partidaria, que encarna, junto a Lula, la nueva fase del PT, con el estrecho diálogo con todos los movimientos del campo popular y con toda la militancia del partido.

La misma caravana funciona como un proceso de movilización popular y de construcción de la nueva plataforma de la izquierda. En lugar de seminarios cerrados entre cuatro paredes, Lula desarrolla un amplio proceso de discusión y de elaboración democrática, con participación directa de las más amplias capas de la población. En sus  intervenciones, Lula retoma, 100 años después, el “pan, paz y tierra”, para proponer que hoy día en Brasil sea:  “trabajo, educación y casa propia para todos”.

El PT recobra su vigor al compás de las caravanas de Lula. Así que se termine esta, otras están programadas. Acusando los efectos espectaculares de esta primera, los medios intentan desconocerla, por no tener que decir caso publicaran las formidables fotos del mar de gente que cerca a Lula por todas partes. El judiciario, a su vez, que desarrolla implacable persecución a Lula, aun sin ninguna prueba en contra de el, basado solamente en “ indicios”, que no logra comprobar, acelera la condenación de Lula batiendo récords de rapidez en el primer proceso en contra de Lula, dándose cuenta que la popularidad del ex-presidente solo aumenta, conforme pasa el tiempo.

Brasil ya no será el mismo después de esta primera caravana y el propio PT tampoco será el mismo. La dinámica de las caravanas no se detendrá, teniendo a Lula como su líder y buscando que el PT se constituya como la gran orquesta, para que el pueblo brasileño pueda reencontrarse consigo mismo y volver a danzar de alegría al sonido que solo la democracia puede permitir.


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