Una nueva vieja derecha

20 Sep 2017
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No podría ser tan similar la derecha que vuelve en los países de América Latina y la derecha de los años 1980/1990, en sus programas de gobierno. Aplican duros ajustes fiscales, a partir de los mismos diagnósticos que criminalizan los gastos estatales, las políticas sociales y los derechos de los trabajadores. Los gobiernos de Macri y de Temer no toman en cuenta que ese mismo programa se ha agotado, ha terminado por fracasar y ha sido sucedido por gobiernos que han dado resultado, disminuyendo significativamente la pobreza y la exclusión social.

Pero la derecha no tiene nada distinto a proponer a lo ya hecho, han fracasado los intentos de “terceras vías”, que han revelado que no son tales, sino formas disfrazadas del mismo proyecto neoliberal. De ahí que no se trata de una superación de los gobiernos antineoliberales, sino de una retomada dura y pura, de los programas neoliberales que han llevado a países del continente – Argentina como modelo más afectado – a las peores crisis de su historia.

Lo que cambian son las formas de acción de esa misma derecha, buscando nuevos esquemas para tratar de imponer su viejo modelo. Lo que caracteriza hoy la acción de la derecha latino-americana no son nuevas propuestas para terminar con la desigualdad y la exclusión social, sino métodos de acción nuevos, para volver a sus antiguos proyectos.

Es una tragedia para la democracia cuando el Judiciario, en lugar de ser el gran defensor del Estado de Derecho, se compromete, al contrario, con violencias en contra de la democracia. Más todavía cuando participa de un conjunto con los medios monopolistas privados, para constituirse como fuerza política – a veces incluso partidaria – de la derecha.

El uso de las leyes como instrumento con objetivos políticos concretos es lo que se llama de “lawfare”, que tiene su origen en la palabra guerra, porque de eso se trata: de desatar una verdadera guerra en contra de lideres políticos democráticos y populares, buscando desgastar su imagen pública e incluso imposibilitar su participación política mediante un cúmulo de sospechas y de procesos judiciales.

Lo que hay de nuevo en la forma de acción de la vieja derecha es una alianza explicita entre sectores del Judiciario –  y de la Policía – con los medios, para la espectacularización de procesos judiciales y acciones policiales y para hacer efectiva la judicialización de la política. Una alianza sin la cuál ni los medios tendrían tanto efecto en sus reiteradas denuncias, ni el Judiciario y la Policía lograría pasar en la opinión publica la imagen de corrupción de los lideres populares y de sus partidos.

En su testimonio en Curitiba, el juez que lo acusa sin pruebas intentó impedir que Lula hablara del arreglo que el magistrado y sus comparsas llevan a cabo con los medios, alegando que era un tema fuera del proceso. Lula se impuso, reiterando como los jueces hacen llegar, de manera privilegiada y fuera de cualquier procedimiento legal, informaciones sigilosas a los medios. Como los jueces no solo hablan fuera de los autos de los procesos, y aparecen reiteradamente en portadas de revistas y diarios, así como sus mismas esposas, y en fiestas de lideres políticos de derecha, además de en posturas con el mismo presidente Temer, el jefe de toda la corrupción en Brasil. Lula logró imponer la idea de que es parte esencial de la operación de judicialización de la política la participación de los medios, en promiscuidad absoluta con el Judiciario.

Sin poder cuestionar las políticas de prioridad de los programas sociales, que responden, en gran medida, al éxito de esos gobiernos y al prestigio en las capas populares de los presidentes, los dirigentes de la nueva derecha intentar desplazar el debate hacia los gastos estatales, como si fueran los responsables por la crisis económica. Y tratan de desplazar el debate sobre el significado de los líderes de los gobiernos populares hacia supuestas irregularidades que habrían cometido, incluyendo el cuestionamiento judicial a medidas de gobierno.

Cuando se acercan elecciones, se montan operativos especiales, para copar el clima politico, buscando créditos electorales inmediatos. En las elecciones municipales del año pasado en Brasil, se han retomado acusaciones antiguas en contra de Lula y se han aprisionado ex-dirigentes del PT, todo con gran despliegue mediático, revelando que se trata de la gran carta de que dispone la derecha.

En vísperas de las Paso, en Argentina, se ha desplegado nueva ofensiva en contra de Cristina, así como, ahora, cuando se acercan las elecciones, se retoman casos como el de Nisman – con una indecente supuesta reconstrucción en imágenes de los que habría sido su asesinato -, así como otras acusaciones en contra la expresidenta, en perspectiva de la disputa electoral, en particular en la provincia de Buenos Aires.

Estos son los nuevos métodos de la vieja derecha, cuyos objetivos son los mismos: acaparar el poder político en manos de la banca privada, destruir el patrimonio publico, así como los derechos de los trabajadores y los programas sociales y la soberanía en la política externa de nuestros países. Lo único nuevo es ese método de trabajo entre el Judiciario y los medios.


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