Opinion · Tierra de nadie

¿Contra el paro? Trabajar menos

Después de que se hayan destruido un millón y medio de empleos en el último año, los interlocutores sociales han reparado en que en Alemania existe una fórmula que permite combinar la reducción de jornada con las prestaciones por desempleo, algo que aquí nos vendría de perlas para evitar que el INEM supere a Madrid en número de habitantes. Al Gobierno le ha gustado mucho la idea y es probable que Zapatero la haga hoy suya en el debate sobre la ley de economía sostenible. ¿Que por qué nadie mencionó esta panacea cuando se perdían 6.000 puestos de trabajo al día? Hay cosas que es mejor no preguntarse.

Lo que se viene a reconocer es que, mientras los albañiles se reciclan en ingenieros de telecomunicaciones para adaptarse a ese nuevo modelo productivo en el que habrá pleno empleo y manará por doquier la miel y el I+D+i a partes iguales, pasará un tiempo en el que no habrá trabajo para tanta gente, en versión adaptada del clásico de Celia Cruz. Y es por eso que tenemos que mirar a Alemania, pero sólo a esa parte y no a su salario medio, que es el doble que el español, porque no vamos a copiarles en todo.

Un economía con el 20% de la población activa en paro no es muy sostenible que digamos, pero la ley de la cosa no dedica una sola línea de sus casi 200 folios a plantear, por ejemplo, una reducción del tiempo de trabajo hasta las 35 horas semanales. ¿Estaríamos dispuestos a cobrar menos a cambio de consagrar una jornada laboral de cuatro días a la semana? Seguramente sí. Se recortaría el desempleo, aumentaría la productividad por hora trabajada y podríamos empezar a pensar que eso de la conciliación de la vida laboral y familiar es posible más allá de los muros de los ministerios. ¿Hablamos en serio de reformar el mercado de trabajo o sólo interesa despedir más barato?

Hace algunos años que nuestra izquierda más moderna dejó de considerar conveniente imponer por ley este acortamiento de la jornada, temiendo quizás que en los convenios colectivos empresarios y sindicatos no tuvieran nada que negociar. Al fin y al cabo, las leyes están para asuntos más relevantes, tal que fijar a qué temperatura han de programarse los radiadores y los aparatos de aire acondicionado, no vaya a ser que a lo tonto nos carguemos el planeta por el descuido de un conserje. Más vale prevenir.