Opinion · Tierra de nadie

Tobin or not Tobin

Nadie les tomó en serio cuando exigían que los Gobiernos aplicaran una pequeño impuesto a los movimientos de capital y dedicaran su recaudación a combatir la pobreza en el mundo o universalizar la enseñanza primaria. El padre de la criatura, James Tobin, pidió incluso a esos desarrapados antiglobalización que no utilizaran su nombre en vano. Se dijo entonces que sería inaplicable porque el astuto sistema financiero encontraría la forma de eludirlo y porque una tasa semejante atentaría contra el libre movimiento de capitales. Pues bien, ahora parece que la UE la ve con otros ojos. ¿Quiere Europa abanderar la lucha contra el hambre? No, sólo reducir el déficit público.

Lo que entonces era imposible ha dejado de serlo, porque ya no se trata de tirar el dinero en vacunas para África o en alimentos para los 1.500 millones de desnutridos. Sanear las cuentas públicas es una meta más elevada, que ya se sabe que los desequilibrios los carga el diablo y luego viene Standard & Poor’s con las rebajas. Además, se ha puesto de moda poner palos en las ruedas de los especuladores, esos tipos a los que llamábamos por su número en la lista Forbes, y cuya maldad hemos descubierto ahora, junto a la evidencia de que alguien que compra y vende el mismo bien varias veces al día no es un inversor a largo plazo que busque rentabilidad social.

El mayor obstáculo para la tasa Tobin se encuentra en Estados Unidos, porque el flamante Premio Nobel de la Paz y sus secretario del Tesoro, Timothy Geithner, no están por la labor de meter a Wall Street el dedo en el ojo. Y eso, a pesar de que otro Nobel, Paul Krugman, no para de decirles que si este impuesto hubiera existido habría ayudado a prevenir la crisis actual y contribuirá a evitar que se repita en el futuro. Así que todo serían ventajas si Obama diera el paso, aunque tuviera que sumar un nuevo motivo para ser tildado de socialista por sus adversarios neoliberales.

¿Que cuánto se recaudaría? Hace tiempo se estimaba que con un gravamen de entre el 1 y el 5 por 1000 a las transacciones financieras podrían obtenerse hasta 100.000 millones de dólares al año. La cantidad no es despreciable. Podría servir no sólo para cumplir los Objetivos del Milenio de la ONU sino para financiar la lucha contra el cambio climático en los países menos desarrollados. Suena bien, así que olvídense.