En Cataluña se juega al ajedrez

Se ignora si el hermano de Pasqual Maragall, Ernest, es un hombre muy sincero o un kamikaze; de entrada hay que reconocerle una excelente puntería para pegar tiros en el pie al gobierno del que es conseller de Educación. El hermanísimo se ha soltado la melena y ha pronosticado que el Tripartito tiene los días contados porque Cataluña está “fatigada” y no aceptará “nuevos experimentos ni artefactos inestables”. Lo normal hubiese sido que Montilla le mandara a Delfos a perfeccionar sus dotes de adivinación, pero el president, que es prudente, sobre todo si no lo lleva escrito, se ha limitado a tirarle de las orejas como a un niño travieso.

Más que un profeta, Ernest Maragall está al corriente de las encuestas que manejan los socialistas sobre las elecciones de otoño, en las que se vaticina que el PSC puede dejar la Generalitat pese a aumentar su representación en el Parlament. Según estos sondeos, Ciutadans desaparecería del mapa y engordaría al PP, CiU ganaría algún escaño y el PSC avanzaría, posiblemente a costa de Esquerra, a la que se augura un fuerte retroceso. Se descarta que el partido de Rosa Díez asome la cabeza, a diferencia de lo que ocurriría en Madrid, donde los cálculos de Ferraz estiman que podría obtener no menos de seis diputados y hacer perder a Esperanza Aguirre la mayoría absoluta. Por Laporta no se preguntaba.

Con ese panorama, entre los socialistas existe el convencimiento de que sólo seguirán en el poder si el tripartito suma los votos suficientes, algo que en estos momentos nadie da por seguro; en caso contrario, sería CiU la que gobernaría en solitario con el apoyo externo del PP. Se descarta de esta forma tanto el pacto con los populares al estilo del País Vasco como la sociovergencia con CiU.

En Cataluña se juega al ajedrez y cada movimiento se escruta al microscopio. Para los socialistas, por ejemplo, las recientes apelaciones de CiU al pacto de Estado contra la crisis han de contemplarse en clave electoral: los convergentes tratarían de volver a la centralidad, lo que demostraría que sus expectativas de crecimiento desde el radicalismo nacionalista son limitadas. Por su parte, el PSC ha de marcar distancias del Tripartito, aun sabiendo que es su única posibilidad. En medio de la partida ha llegado el hermano de Pasqual y ha dado una patada al tablero. Lo de su tacto es de familia.