Alguien sigue a Cospedal

A María Dolores de Cospedal le ha entrado una suerte de manía persecutoria que le hace ver espías por todas partes, incluso en el supermercado. Se ha empeñado la secretaría general del PP en que el PSOE de Castilla-La Mancha tiene contratados a una cuadrilla de detectives para seguir sus pasos y los de otros dirigentes de su partido en la región, una actividad estéril en la que los husmeadores han de aburrirse soberanamente ya que, según afirma, todos ellos son como libros abiertos sin nada que ocultar.

La vida de Cospedal parece sacada de una novela de Gastón Leroux o de Le Carré, ya que si ahora son los detectives de Barreda los que vigilan sus movimientos hasta cuando asiste a la procesión del Corpus, antes eran los agentes del gran hermano Rubalcaba quienes pinchaban los teléfonos de los líderes populares para pillarles con las manos en la Gürtel y luego filtrar entrecomilladas sus conversaciones a la prensa. El día menos pensado se rueda en Génova una nueva entrega de 007 con Daniel Craig en el papel de Esteban González Pons.

Uno entendería que los socialistas encargaran seguimientos a Rajoy, por ver si se descubre en qué alacena guarda las medidas secretas que sacarán al país de la crisis en cuanto le den las llaves de la Moncloa, o, incluso, a Francisco Camps, que nos tiene en ascuas sobre quién es el nuevo sastre que le corta los pantalones con ceñidor trasero. Pero se hace difícil creer las vigilancias a Cospedal, que además saldrían por una pasta porque la aspirante a la presidencia castellano-manchega vive en Madrid y no habría dinero suficiente para pagar a los detectives semejante kilometraje. De ahí que ella misma se haya preguntado si será la Junta y no el PSOE la que corre con los gastos de tanta acechanza.

Sorprende en mujer tan inteligente que con los numerosos flancos que los socialistas tienen abiertos, desde el paro a la sucesión de Zapatero, se obstine en denunciar sin pruebas este tipo de intrigas que, además de inverosímiles, sólo pueden volverse en su contra y dar al adversario más alas que un Red Bull. En su descargo, lo único que cabe suponer es que, gruesa de los nervios por el pulso con su bestia negra, Álvarez Cascos, la noche le haya confundido hasta el punto de tomar por detectives a sus escoltas. ¿No les parece posible?