Para la Iglesia no hay crisis

Del sepulcral silencio de la Iglesia católica acerca del paquete de recortes aprobado por el nuevo Gobierno hay que suponer que comulga con las medidas y que no tiene nada que decir sobre la congelación del salario mínimo, que afecta a los trabajadores con menos recursos, de la reducción de la ayuda al desarrollo, que castiga a los más desfavorecidos, o del aplazamiento de la aplicación de la ley de Dependencia, que se ceba con los más indefensos. La Curia no ha hecho ningún pronunciamiento sobre lo adoptado en aquel Consejo de Ministros, en el que se redujo en un 20% la subvenciones a partidos y agentes sociales y se elevaba el IBI a media España, mientras se decidía mantener intacta su asignación tributaria y la exención que disfruta respecto del citado impuesto.

Es curioso también que no se ha hecho escuchado queja alguna de la Conferencia Episcopal respecto de los innumerables ajustes decididos en los distintos territorios, por lo que cabe intuir también que la institución no ha resultado afectada por los mismos. Sin poner en cuestión el trabajo de organizaciones como Cáritas o algunas de sus congregaciones más activas, puede decirse que la crisis ha pasado de largo para la Jerarquía católica.

Los laicistas, que son el demonio, han calculado que entre lo que el Estado aporta directamente y lo que deja de ingresar por los distintos  beneficios de los que disfruta, la Iglesia recibió en 2011 alrededor de 10.000 millones de euros, entre IRPF, dispensas fiscales, financiación a centros educativos católicos, subvenciones a centros sanitarios, mantenimiento del patrimonio artístico o asunción de gastos por fastos diversos. Y ello, al tiempo, que aumenta su ya ingente patrimonio –el 70% del suelo habitable de Toledo, Ávila, Burgos y Santiago es de su propiedad – gracias a que la Ley Hipotecaria le permite registrar a su nombre inmuebles, templos o casas sacerdotales que carecen de título de propiedad.

Son de reseñar las últimas manifestaciones del portavoz de los Obispos, Martínez Camino, deseando a Rajoy y a su Gobierno “acierto y buen tino”. De momento, lo están teniendo.