La retoucherie de Susana ficha a Antonio Hernando para el gran remiendo

Ni Zamora se ganó en una hora ni el PSOE podía coserse tan rápido como pretendía Susana Díaz y su retoucherie. Con el partido reducido a unos jirones similares a los de los pantalones de Hulk después de volverse verde, los remiendos han precisado de la subcontratación de modistillos y modistillas, profesionales del zurcido a los que la sultana ha embarcado en esta misión histórica. Uno de ellos es Antonio Hernando, miembro del club de la Haute Couture y un asalariado de las agujas cuya fama le precede. Nunca falta un roto para un descosido.

Hernando es un mercenario del punto de cruz. En el Comité Federal de los destrozos ya intuía que se requerirían sus servicios y, tras recibir un primer abrazo de la costurera andaluza en la misma sede de Ferraz, viajó en los días posteriores a Sevilla, al palacio de la sultana, para recibir instrucciones sobre cómo emplearse con los dobladillos e ir preparándole el ajuar con una ‘ese’ bordada en cada sábana. El portavoz en el Congreso de Pedro Sánchez lo será ahora de la gestora de Díaz, y pese a que es tradición que Roma no pague traidores se ha hecho una excepción con el alfayate para que siga cobrando el sueldo y los pluses.

Hernando se inició en los dedales de la mano de José Luis Balbás, el mentor de Tamayo, donde aprendió a cortar trajes a medida para bodas y, especialmente, para entierros. Desde entonces, nunca le ha faltado trabajo. Cuando los tránsfugas le birlaron la presidencia de Madrid a Rafael Simancas, el aprendiz renegó de Balbás, besó el anillo de Pepe Blanco rodilla en tierra y le juró fidelidad eterna. De su trabajo en ambos talleres con las entretelas y los entreforros obtuvo su diploma acreditativo.

El chico de Blanco, categoría a la que también pertenecieron el ya exportavoz en el Senado Óscar López y el propio Pedro Sánchez, tuvo uno de sus primeros trabajos a la sombra de Trinidad Jiménez, cuando Zapatero se empeñó en que fuera ella y no Tomás Gómez quien se enfrentara a Esperanza Aguirre en las autonómicas de Madrid de 2011. Perdió Jiménez aquellas primarias y con ella Zapatero pese a los buenos oficios de Hernando, que hizo vudú con las agujas y se dedicó a amenazar a los cuadros intermedios del partido contratados en la Administración con el mensaje de que su puesto de trabajo dependía de su voto a favor de la exministra.

La derrota frustró las aspiraciones de Hernando, que era el tapado de Blanco para hacerse con el control del partido en Madrid, ya que era previsible que si Gómez perdía las primarias abandonaría la secretaría general. Ya entonces se dijo que Hernando, en ese momento secretario de Ciudades y Política Municipal del PSOE, era un diamante en bruto, o mejor dicho y como pudo comprobarse, brutísimo.

Los chicos de Blanco trabaron amistad y cuando Pedro Sánchez decidió lanzarse a la carrera por la secretaría general reunió al trío en un restaurante cercano a Ferraz para comunicarle su intención de competir con Eduardo Madina en las primarias. De aquella cita ya se ha dado cuenta aquí en alguna otra ocasión. Según se cuenta, ambos trataron de quitarle la idea de la cabeza con notable desdén. “Estás loco, Pedrito”, le dijeron. Tal fue así, que Sánchez no llegó a los postres y les mandó a ese sitio por donde amargan los pepinos.

Con la victoria de “Pedrito” Hernando no dudó en poner su vieja Sigma al servicio de Don Pedro. Sánchez, ebrio por su triunfo, dejó que fuera el sastrecillo el que le hilvanara su Ejecutiva, donde sentó a los peones que ahora le han mandado de vacaciones a Los Ángeles con la familia. De esa tela de araña difícilmente podía escapar.

Devuelto a sus labores tradicionales, Hernando se ocupará ahora de remendar el grupo parlamentario socialista con el patrón de la sultana. El portavoz del “no es no” tendrá que defender ahora la abstención con su piquito de oro. Carrete no le va a faltar.