El ‘hernandismo’ merece figurar en el diccionario

Como los académicos de la lengua son gente muy ocupada en despellejarse y estos días han estado entretenidos en ver como se desollaban vivos Pérez Reverte y Francisco Rico en las páginas de El País, ha tenido que ser un colega, Manuel Sánchez, el que diera en este diario con el término perfecto para definir a los dirigentes del PSOE que ayer coreaban el ‘no es no’ a la investidura de Rajoy y hoy se declaran abstencionistas de toda la vida por el bien de España: los “hernandos”.

El vocablo rinde homenaje al portavoz socialista del Congreso y hasta hace unas fechas mano derecha del caído Pedro Sánchez, de nombre Antonio, de cuyas habilidades para la costura ya se dio resumida cuenta aquí mismo hace una semana. Hernando es un héroe de nuestro tiempo, uno de esos emprendedores que defienden que las crisis son los mejores momentos para reinventarse y él mismo, tirando de I+D, se ha convertido en una placa fotovoltaica de alta tecnología para colocarse al sol que más calienta.

Habrá quien critique a los ‘hernandos’ por aquello de sus principios flexibles, aunque es conocido que los cementerios están llenos de valientes. Por tanto, hay que entenderles. Son profesionales de la política que se han entregado al servicio público y, pese a estar muy mal pagados, han logrado acostumbrarse a comer en sitios caros y a llevar a sus niños a colegios internacionales, ya sean alemanes, italianos o bielorrusos, porque ningún padre quiere que sus niños pasen por las mismas penalidades que ellos sortearon. Mantener el no y apostar todo o nada a la ruleta de unas elecciones en las que nadie iba a asegurarles el puesto es algo que atentaría contra el primer mandamiento del ‘hernandismo’. ¿Para qué pecar a lo tonto?

Ser un ‘hernando’ requiere dedicación y una habilidad especial que sólo se adquiere con un durísimo entrenamiento diario. Hay que saber por dónde sopla el viento con sólo humedecer la punta del dedo índice y estar dispuesto a trasluchar en maniobras a lo loco Iván agachando la cabeza para que la botavara no te parta la crisma. Un auténtico ‘hernando’ tiene el alma de Bob Ford, el Judas del Oeste, y siempre encuentra la espalda de Jesse James para darle un tiro a bocajarro.

El Hernando original, Antonio, ha sublimado estas virtudes a lo largo de los años. Quienes fueron sus amigos y le vieron este martes aplaudiendo al presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, cuando definía al partido como un solar que había que edificar sobre la abstención a Rajoy, recordaron aquellos viajes a Ceuta que organizaba para hacer pandilla o la cena en la que, junto al propio Pedro Sánchez, César Luena, Óscar López, Juan Moscoso, Pablo Martín y Ricardo Cortes Lastra, entre otros, decidieron que nunca apoyarían a Madina como líder y que lo de Patxi López era una pena pero no cumplía los requisitos mínimos. ¿Que cuáles eran esos requisitos? Haber trabajado alguna vez en su vida y/o tener estudios superiores.

Aquella cena fue importante porque poco después su amigo Pedro Sánchez, del que Hernando nunca ha parado de decir que no le gustaba “ni el continente ni el contenido”, se lanzaba a la carrera por la secretaría general. El PSOE se había estrellado en las elecciones europeas y Rubalcaba escribía su testamento. Hernando, que aceptaría más adelante ser el portavoz parlamentario de Sánchez tras negarse a ser secretario de Organización, se dedicaba entonces a llamar por su cuenta y riesgo, de parte de Rubalcaba, a todos los secretarios generales territoriales para pedirles que se pronunciaran públicamente a favor de Susana Díaz. Según cuentan, la balear Francina Armengol se olió la tostada y habló directamente con Rubalcaba, que tuvo que confesar que era ajeno a la operación que se gestaba en su nombre y que se trataba de una iniciativa personal de Hernando jugando con dos barajas.

Los seguidores del crupier se preparan este domingo para la gran partida del comité federal. Asegura Manuel Sánchez que el hernandismo es contagioso y que serán mayoría los inoculados por este virus. Los sastrecillos llamados a coser el PSOE cambiarán las tijeras por el pañuelo de cuatro nudos para empezar a construir el nuevo partido sobre un solar con vistas a Despeñaperros. El posibilismo se abre paso por el bien de España, aunque el diccionario ignore por el momento la voz de moda. Todo muy edificante.