La varita mágica

Las medidas en España han sido siempre un tanto erráticas. Se impuso la vara, que derivaba de la legua y ésta a su vez de la milla romana de ocho estadios y 125 pasos. Representaba 0,8359 metros y equivalía a dos codos o a tres pies. Esto fue así cuando se unificaron las medidas en torno a la vara castellana porque antes cada sitio tenía la suya. La vara de Teruel no medía lo mismo que la de Alicante y ambas diferían de la de Burgos. La Justicia se quedó en esta primera fase y de ahí que sus varas midan lo que le sale de las puñetas a sus señorías.

En las últimas horas se han tenido ejemplos de este disparate longitudinal. La vara Urdangarin, de reciente aparición, está calibrada para que todo el mundo sea consciente de que la igualdad ante la ley es otro eslogan publicitario del estilo del Hacienda somos todos. Según esta vara, a un señor condenado a seis años y tres meses de cárcel por la comisión de seis delitos ni le es aplicable la prisión provisional ni otras medidas cautelares más allá de acudir el primero de mes a un juzgado de Ginebra para garabatear su firma.

Los argumentos son incontestables. El cuñado del Rey tiene especial arraigo en España y por eso vive Suiza, y no existe riesgo de fuga porque ya está fugado de facto. Se le obliga a comunicar cualquier desplazamiento que realice fuera de la Unión Europea y es de esperar que ya lo haya hecho porque Suiza no forma parte de ese territorio. Lo de la firma, en cambio, es puro ensañamiento ya que lo normal hubiese sido que un juez se desplazara a su domicilio para facilitarle el trámite y le mostrara su consideración más distinguida con una caja de bombones.

Por eso de la envidia, que también es muy española, quienes han conocido otras varas están que echan las muelas. Es el caso del vicecabecilla de la Gürtel, Pablo Crespo, cuya defensa ya ha pedido que se le otorgue un trato similar y que se le explique qué circunstancias concurren en Urdangarin y en su socio Diego Torres que justifique el trato discriminatorio que le mantiene a él en el talego y a ellos en el parque. Crespo está encrespado pero la respuesta es tan obvia que no merece glosa alguna.

Idéntica petición no tardará en ser formulada por los principales condenados del caso de las tarjetas black de Cajamadrid. ¿Acaso alguien puede discutir el indiscutible arraigo de Blesa y Rato en España o su puntualidad a la hora de acudir a las citaciones judiciales? ¿Puede imaginarse siquiera que tras su condena ambos banqueros pudieran darse a la fuga de un país en el que siguen viviendo como reyes?

Para unificar las varas judiciales desde el inicio el Gobierno ha tomado sus propias medidas. Era claramente injusto que existieran fiscalías que trabajaran a destajo contra la corrupción y otras que lo hicieran solamente a media jornada. De ahí el relevo de los más estajanovistas, no fueran a crear además un problema sindical. La mejor manera de evitar que en tesituras similares los magistrados tomen decisiones diferentes es impedir que fiscales inconscientes les obliguen a tomarlas. Sin tentación no hay peligro.

Se dirá que el populacho asiste entre perplejo y enfurecido a este sainete, cuando en realidad la gente sabe de varas una barbaridad. Tiene claro lo que mide ante una toga un titiritero, un rapero, un obrero, un ladronzuelo, un conseller, un banquero y un cuñado del Rey. En caso de duda, leen los editoriales del mago Marhuenda: “Más allá de las afinidades personales y los intereses corporativos de las asociaciones profesionales, los relevos decididos por el nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, responden a los criterios esperados de idoneidad y han seguido, como no podía ser de otra forma, los trámites establecidos en los estatutos del Ministerio Público” (…) “El tribunal alegó los argumentos que nosotros hemos sostenido para rechazar la extrema decisión que siempre supone la prisión para una condena no firme de esas características: no hay riesgo de fuga, pues no ha tratado de eludir la acción de la justicia, y dispone de arraigo suficiente. Había precedentes suficientes para adoptar esta decisión proporcional y, sobre todo, conforme a Derecho”. Las varitas mágicas miden 30 centímetros. Por unificar.