Las comas y los asesinos de mujeres

Las comas son fundamentales. Separan los términos de una enumeración, sustituyen al verbo y facilitan los incisos y las aclaraciones. Cortázar, que era un enamorado de la coma, la definió como la puerta giratoria del pensamiento. Y como él mismo decía puede hacer desaparecer el dinero (23,40-2,34), puede condenar o salvar (¡No tenga clemencia!/¡No, tenga clemencia!) y hasta crear héroes (Eso sólo, él lo resuelve/ Eso, sólo él lo resuelve). No es lo mismo “vamos a comer niños” que “vamos a comer, niños”. Una coma sacia el apetito y su ausencia hace de ti un antropófago.

Para recalcar la importancia de los signos de puntuación los viejos profesores de la EGB mostraban el caso de este testamento, desnudo de todos ellos: “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo”. Tras su lectura, cada uno de los aludidos lo puntuó a su manera para reclamar la herencia. Juan puso comas: “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”. Luis, interrogaciones: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No: a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”.

El sastre quiso cobrar la cuenta: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”. Y los jesuitas reclamaron sus derechos: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo”. Pero, finalmente, el Montoro de turno se quedó con todo por falta de heredero: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”. Como se ve, lo de puntuar bien no es cosa menor

Ignorante de que con las comas no valen cicaterías, Carmen Santos, secretaria general de Podemos en Galicia, provocó este domingo un escándalo que aún colea. Lo hizo con este tuit en el que pretendía denunciar la violencia machista: “Hoy todas en la lucha feminista. Reivindicamos que no nos asesinen señores del @ppdegalicia. Politizáis con pasividad”. En el PP no sentó bien que se les llamara asesinos y la liaron parda. Ni la explicación de la propia Santos sobre la coma extraviada ha servido para calmarles.

Comas aparte, la dirigente de Podemos llevaba razón en la pasividad de unos gobernantes desbordados por este año macabro en el que 17 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas y a los que resulta difícil explicar por qué la partida de 2016 para la prevención integral de la violencia de género, -25,2 millones de euros, poco más de lo que Correa ha aceptado repatriar de Suiza para aligerar su condena- es un 27% inferior a lo que se destinaba en 2010. O que los recursos presupuestarios para la igualdad de género -19,7 millones- sean apenas un tercio de lo que representaban hace una década.

Es indignante que hoy, Día Internacional de la Mujer, se hable de un pacto de Estado, cuyas medidas han de salir de un subcomisión parlamentaria que se lo toma con calma, mientras se ha asistido a un desmantelamiento progresivo del apoyo social a las víctimas del maltrato, y cuando la escasez de medios sigue obligando a que mujeres y maltratadores hayan de permanecer físicamente juntos en los Juzgados o a que estos juicios se demoren varios años.

El Gobierno cuenta muy bien a las víctimas, pero es incapaz de protegerlas. Esa tarea, con pacto de Estado o sin él, exige aumentar exponencialmente los recursos policiales, judiciales y asistenciales, y acabar con la dependencia económica de sus verdugos que padecen muchas mujeres. No basta con pedir a las víctimas que denuncien a sus agresores. La receta mágica para hacer frente a esta carnicería diaria se llama dinero.

A Camen Santos le traicionó una coma olvidada, algo muy parecido a lo que le ocurre a una sociedad ha empezado a insensibilizarse ante el rosario de crímenes con el que se desayuna a diario. No es lo mismo “quiero darte mi amor” que “quiero darte, mi amor”. Las comas, hay que tenerlo claro, son esenciales.