El ministro templario

A falta de otros indicadores, el progreso del país puede medirse por la agenda telefónica de sus delincuentes más notables. Los nuestros son tipos muy bien relacionados, cortabolsas distinguidos que felicitan a los ministros por sus nombramientos y les invitan a café, por eso de que en todos los trabajos se fuma. Por la familiaridad de los ministros con el hampa sabemos que la democracia se encuentra protegida y a salvo en su relicario, esos recipientes con llave donde se guardan y veneran la lanza sagrada, el Santo Grial, los clavos de Cristo, las piedras con las que se lapidó a San Esteban, el brazo de Santa Teresa y los de Santa Tecla, de la que afortunadamente conservamos el par.

Rafael Catalá, ministro de Justicia, es el custodio de esta democracia nuestra tan venerada, un templario al que el certificado de defunción de Montesquieu expedido por Alfonso Guerra le supo a poco y que está decidido a profanar su cadáver con ensañamiento para añadir alguna de las uñas a la colección. Metida en una urna, la separación de poderes del barón es un trasto inútil, pero al menos no coge polvo.

Al ministro hay que alabarle por su perseverancia en evitar que la ley degenere en justicia, aunque no siempre los planes salgan bien. El que se le atribuye es tan burdo que parece increíble, aunque cada cual es libre de sacar sus conclusiones. Los hechos son los siguientes:

1- Catalá anuncia una reforma de la ley de Enjuiciamiento Criminal para que sean los fiscales y no los jueces los que instruyan las causas penales.

2- El ministro nombra a un nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, cuya primera medida tras tomar posesión es limpiar de rojos la carrera, apartando de los puestos de mayor relieve a los considerados progresistas, que son sustituidos por fiscales más afines a la causa.

3- El fiscal general coloca en Anticorrupción al antiguo fiscal jefe de Madrid, Manuel Moix, que casualmente era el preferido de Ignacio González, según han revelado los pinchazos telefónicos al Chino de la coleta: “Vamos a ver, yo creo que a ver si podemos colocar el tema del Fiscal Anticorrupción ¿sabes? Y yo creo que va a ser él. Si sale es cojonudo. Se llama Moix, es un tío serio y bueno. Hombre, yo no soy quién, pero yo no me corto en decirle a Rafa ‘Oye Rafa…”.

4- El fiscal general ordena también que no se acuse al presidente de la Rioja de prevaricación urbanística en la causa que investigaba la construcción de su chalet. En su escrito, que era todo un papelón, la fiscalía riojana admite que los indicios delicitivos no eran suficientes para ordenar la investigación. La causa fue archivada.

5- La Fiscalía General del Estado da instrucciones a sus subordinados para, en contra de su criterio, no formular acusación contra Pedro Antonio Sánchez, decreto que el hoy expresidente de Murcia conoció al menos dos días antes de que fuera público. El ministro reconoce la filtración y arremete contra los fiscales que se atrevieron a discrepar por escrito de las órdenes recibidas.

6- El ministro busca, encuentra y conversa con el entonces presidente de Murcia en el Congreso del PP, un día antes de que se diera a conocer el auto del juez en el que se le acusaba de un rosario de delitos. La suerte estaba echada para Sánchez, que se ve forzado a dimitir.

7- Justicia intenta quitarse de en medio al juez instructor de la operación contra el Chino de la coleta. Antes lo había hecho con Manuel García Castellón, un magistrado de tendencia progresista al que se aparta de la Audiencia con un caramelo: juez de enlace en Roma. Le sustituyó interinamente Eloy Velasco, al que el trabajo de la Audiencia le resulta muy penoso y que ha intentado repetidamente cambiar de aires. Tras fracasar el intento de adscribirle a un programa de cooperación judicial internacional, puesto que Velasco había solicitado atraído por el elevado sueldo, el Consejo de Ministros convocó en marzo varias plazas de magistrado de segunda instancia en la Sala de Apelaciones, incluyendo entre los requisitos la de ser especialista en Derecho Penal. Velasco, que dejará la Audiencia en junio, será con seguridad uno de los elegidos. Su relevo, para desesperación de González y su banda, llega tarde.

8- Moix ordena frenar uno de los registros de la operación contra la corrupción en el Canal de Isabel II pero una rebelión de los fiscales se lo impide. Previamente, quiso impedir las intervenciones telefónicas.

9-El citado Moix pide a Carlos Yáñez, adscrito a la operación Lezo y uno de los ‘rebeldes’, que renuncie a su destino en la Fiscalía Anticorrupción de Madrid y regrese a su plaza de Granada.

Habrá quien vea lo anterior como un descarado intento de tomar al asalto el poder judicial y reducir la Justicia a una pantomima, a una reliquia más que se guarda en un cofre para que la vigile Catalá y no haga milagros al descuido. En realidad, estamos ante la tentativa más seria de superar el fracasado Estado de Derecho y asentar las bases de una cleptocracia moderna, de la que poder presumir en el mundo entero. Aquí los ladrones siempre han sido gente honrada, aunque a muchos les cueste asumirlo.