Observadores de la OSCE para las primarias del PSOE

La pírrica victoria de Susana Díaz en la batalla de los avales ha alborotado mucho a los habitantes del Parque Jurásico del PSOE, que se temen que el meteorito que puede exterminarles esté al caer y ellos con esos pelos. El nerviosismo era palpable en la propia reina del sur que, del besamanos en la Feria de Abril, donde su corte acudió a rendir honores a la sultana y a su familia, ha pasado a que su vestido de flamenca rosa chicle con más volantes que un concesionario de BMW no le llegue al cuerpo. Los paseos militares ya no son lo que eran.

Sentir el aliento de Sánchez en el cogote no es una sensación muy agradable porque hasta ahora se creía que los muertos no respiraban, pero había fundadas razones para sospechar que algo no iba bien en esa candidatura ganadora que iba a enterrar en avales a su adversario con la inestimable colaboración de los reyezuelos de taifas. El mejor indicativo, la afluencia a los actos de campaña y la soledad de esa madre de Andalucía enfrentada a 100 personas en Barcelona, a cerca de 250 en Santander o a ese pabellón semivacío de Elche donde hubo que retirar a toda prisa varias hileras de sillas para que la candidata no se deprimiera o le sobresaltara el eco de su propio discurso.

El pánico es comprensible porque el aparato y sus aparatitos no han dudado en poner la pistola en el pecho a los afiliados para conseguir su firma, en un partido en el que sigue campando a sus anchas un clientelismo ancestral que exige la fidelidad de los del carguito y de sus proles, primos incluidos. Y se sospecha que el 21 de mayo, liberados de la recortada, muchos militantes hagan un corte de mangas a los secretarios locales comarcales, provinciales y regionales que han participado en esa pesca de arrastre.

El silencio de los Ximos, Lambanes, Pages y Varas, remeros de la barca de la sultana, es tan clamoroso como el de la recua de jarrones chinos, que ya temen una victoria de Pedro el Breve les cierre el museo de la porcelana. Afortunadamente, uno de los principales apoyos de la andaluza, Paco Marhuenda, el director desimputado, encontró fuerzas para animar a las huestes confederadas en su editorial de este viernes: “La buena noticia es que Susana Díaz ha conseguido el mayor número de respaldos entre la militancia –62.217 avales frente a los 57.369 de Sánchez y los 12.000 de Patxi López– lo que, como dicta la experiencia reciente, permite augurar su victoria”. Arriba con ella.

La estrategia de la mujer cañón se ha demostrado equivocada. Ni funcionó demorar las primarias para ver si el olvido cubría bajo su manto el golpe palaciego de octubre y al exsecretario general, ni ha servido para mucho reducir al presidente de la Gestora, Javier Fernández, a la condición de mayordomo de la señora. Hasta las píldoras de guerra sucia que se han ido distribuyendo han resultado ineficaces, desde la acusación de que eran los chicos de Podemos los que le llenaban a Sánchez los pabellones a la advertencia de que el depuesto preparaba una escisión si era derrotado. La última maniobra ha sido poner en duda el caudal de sus apoyos o, lo que es lo mismo, acusarle de fraude.

El oficialismo y su feudalismo de mesa camilla ha sido incapaz de borrar la vergüenza de facilitar a Rajoy la presidencia del Gobierno con una abstención gratuita, que se aviva con cada nuevo caso de corrupción que se conoce o con cada halago que Díaz recibe desde las filas del PP. Convertirse en la opción preferida de la derecha y de sus medios de cabecera no es la mejor forma de presentarse ante una militancia a la que se le sugiere que, una vez instalada la dama en el trono, volverá a pegar carteles, que es su función primigenia y no elegir a sus líderes a tontas y a locas.

Para el susanismo el drama es doble. A la posibilidad cierta y no remota de perder las primarias se une otra no menos real: la de cavar su fosa en Andalucía. Y eso son palabras mayores para el socialismo de peineta que tiene secuestrado al partido. Tantos son los intereses creados, tantos los damnificados por la eventual derrota del pura sangre trianero, que cabe aventurar una guerra sin cuartel en el que no se hagan prisioneros. En esas circunstancias, pedir que haya observadores de la OSCE en la votación del 21 sería muy conveniente por lo que pueda pasar.