Se buscan pitonisas

Los adivinos ya tenían muy mala fama en la Biblia y Dios, que prefería aparecerse en sueños o usar a los profetas para sus comunicados de prensa, tenía dicho a los suyos que no se fiaran de esas abominaciones. Saúl, el primer rey de Israel, no le hizo caso y acabó muy malamente, pero ello no impidió que el gremio se mantuviera activo y que hiciera fortuna de madrugada en muchos canales de la TDT. La Meca de la videncia es hoy Cataluña, quizás porque nadie ve claro el futuro y no está de más recurrir al tarot o a la bola de cristal, toda vez que con los ecologistas en el cogote no hay quien se atreva a abrir en canal a una gallina y echarse un rato leyendo sus vísceras.

Tras Adelina, la vidente que le pasaba a Pujol un huevo por la espalda hasta que se volvía negro de las malas energías que le absorbía y que le echó un mal de ojo o le aceleró el tic que ya tenía, ha tomado el relevo Pilar Alba, una pitonisa que asegura ser hija de Dalí y ha conseguido que una juez ordene la exhumación de su cadáver para someterlo a pruebas de paternidad. Como ha dicho su biógrafo Ian Gibson, que el gran masturbador sea el padre de la criatura es muy improbable y surrealista, pero aún así se le practicara esta suerte de nigromancia moderna que ya no pregunta directamente al muerto sino que le saca una muela.

La adivinación está de moda al norte del Ebro hasta el punto de que desde hace más de 25 años se celebra allí la Magic Internacional, un cónclave de las artes herméticas y el esoterismo con oráculos al por mayor y talleres impartidos por prestigiosos especialistas de la cosa. En noviembre de 2013, según daba cuenta en su día El Periódico, cuatro augures se liaron las runas y las cartas astrales a la cabeza y vaticinaron sin ningún género de dudas que habría consulta de autodeterminación y que los ciudadanos catalanes votarían sí a la independencia como muy pronto en 2017. Es cierto que también predijeron algo similar en Escocia, pero tampoco se le puede pedir a esta gente que acierte más que Sigma Dos.

El porvenir es un arcano y a estas alturas nadie sabe muy bien qué nos deparará. No está claro si habrá referéndum el 1 de octubre como mantiene Puigdemont o no se celebrará, como asegura Rajoy. De producirse, se ignora si habrá urnas o cajas de cartón con ranura, si existirá un censo formal o una lista de invitados, si se abrirán colegios o se votará en los bares, que tampoco sería descabellado ejercer el sufragio con una caña y una tapa, siempre que ésta no sea de tortilla a la española.

Se ignora también cuáles son los planes del señor de la Moncloa para impedir que la gente vote. Descartado el desfile de tanques por la Diagonal, todo lo demás son especulaciones. Se desconoce si se piensa inhabilitar al que se mueva, si se suspenderá la autonomía ya sea por el artículo 33 o por el 155, si se obligará a los Mossos a recoger las cajas como si fuera una mudanza de La Toledana o si, simplemente, Rajoy se echará la siesta y no hará nada, como es su costumbre.

La incertidumbre es absoluta hasta para el nuevo y plurinacional PSOE, que ya tiene un lío de los gordos a cuenta del 1-O con la división entre los que quieren que se vote y los que no, los que cederían locales y los que les sancionarían por hacerlo y los que creen que España y Cataluña se parecen menos que una pera a un manzana y los que no hacen distingos con las frutas.

Puede que haya consulta, aunque nadie ha explicado si se requerirá un quórum que la valide y, sobre todo, qué pasará al día siguiente, ya sea la proclamación de independencia desde el balcón de la Generalitat si arrasa el sí, un pies para qué os quiero si lo hace el no o una convocatoria de elecciones plebiscitarias si el referéndum no se consuma y el juego ha de volver a empezar desde la casilla de salida.

Para todas estas cuestiones son más necesarios que nunca pitonisos, oráculos, nigromantes, quiromantes, astrólogos, magos, hechiceros, echadores de cartas, encantadores e invocadores de fantasmas. Vendría bien Rappel con su tanga de leopardo y sus gafas panorámicas de 40 pulgadas, Paco Porras, que veía el futuro en un nabo, o la bruja Lola y sus dos velas negras. El Magic Internacional de este año, que se celebra en diciembre, debería adelantarse a julio para darnos alguna pista. Cataluña y España buscan respuestas mientras en los posos del café.