Zapatero el mediador

Tras su éxito en la excarcelación del opositor venezolano Leopoldo López, Zapatero se ha licenciado con nota en las oposiciones a mediador internacional en conflictos, que para un expresidente del Gobierno es una carrera mucho más prestigiosa que esa otra de empleado de multinacionales a la que se han venido dedicando sus dos antecesores en Moncloa. De mediador se gana mucho menos pero a cambio se viaja, se conoce gente y siempre te pueden dar el Nobel de la Paz algún año en el que los suecos anden justos de candidatos. Es, en resumen, una buena salida profesional de la que cualquier madre se sentiría orgullosa.

Es pronto para saber si Zapatero podrá emular algún día a George Mitchell, arquitecto del proceso de paz en Irlanda del Norte, o al expresidente finlandés Martti Ahtisaari, venerado en Indonesia tras el acuerdo de paz que puso fin al conflicto de Aceh. Tampoco se espera que llegue al nivel de Jimmy Carter, del que se decía que era tonto cuando presidía EEUU y se montó un centro con su nombre para mediar a destajo, desde Haití y Bosnia a Corea del Norte, pasando por Sudán, Etiopía y la propia Venezuela.

Su campo de actuación tendrá forzosamente que ser más reducido por eso del idioma, aunque nuestro leonés nacido en Valladolid ya empezó a hacer pinitos con el inglés en Oxford, donde leyó una conferencia sobre la Europa después del Brexit y la globalización con apenas un par de tardes de inmersión en un curso de Home English. Su intervención causó mucha risa, pese a que Rajoy, que tampoco es Keats o Byron, ya nos tenía dicho aquello de “it’s very difficult todo esto”, que traducido significa que no es sencillo hacerse entender cuando no se habla en cristiano. Bien mirado, si su propósito de dedicarse a la diplomacia de la conciliación es firme, en Latinoamérica puede tener trabajo para un par de vidas.

Su mentor en esto de la mediación ha debido de ser el exministro Moratinos, Curro para todos en Oriente Medio, con el que tuvo en Cuba hace dos años su bautismo de fuego. Zapatero y Moratinos se entrevistaron con Raúl Castro en un momento de tensión en las relaciones de España con la isla. Al entonces titular de Exteriores y frustrado conquistador de Gibraltar, García Margallo le entró tal ataque de cuernos que tildó de desleal al expresidente por no informar de su encuentro, aunque la verdadera razón del enfado era que Margallo le había precedido en la visita y a lo más que llegó fue a ver al mandatario cubano en una foto del Granma.

Había dudas sobre la capacidad real de Zapatero como mediador después de verle actuar en un conflicto más cercano, el de su propio partido, en el que se comportó como lo hubiera hecho San Mamés si le hubieran encargado arbitrar un partido del Athletic de Bilbao. La situación para alguien que había sido secretario general del PSOE hubiera requerido cierta neutralidad y no tanto sectarismo a favor de la sultana andaluza, a la que a punto estuvo de sacar bajo palio y por bulerías. Está visto que uno no puede ser profeta en su tierra.

Lo innegable es que Zapatero tiene condiciones. Quienes le conocen saben que es un conversador incansable y que si le dejan puede rendir a sus interlocutores de fatiga, que es uno de los requisitos imprescindibles para la cesión. Haría bien en no aceptar encargos imposibles, como el que le endilgaron hace unos años a Kofi Annan para poner fin a la violencia en Siria. De momento, se ha graduado. Ya se verá si se doctora y sienta cátedra.