Page se pasa al lado oscuro

Para entender a Emiliano García-Page y su cambio de rumbo en Castilla-La Mancha, donde ha pasado de detestar las traiciones y “revoluciones” de Podemos a sentar a sus dirigentes en el primer gobierno de coalición autonómico que sellan ambas formaciones, hay que estudiar a José Bono, ese gran maestro de Kung-Fu que le adoptó como su pequeño saltamontes, su delfín y su chico de los recados. Entre el paje de entonces y el Page de hoy han pasado 25 años.

Hay que fijarse en ese Bono que pasaba la gorra a las fuerzas vivas de Albacete, a cual más falangista, para financiar en las primeras elecciones de la restauración democrática la campaña de Tierno Galván, y al que luego el Viejo Profesor le dedicaría una frase lapidaria –“Bono es usted una rata que me quiere hundir el barco” cuando descubrió que estaba detrás de la fuga de militantes del PSP al PSOE. Era ese mismo Bono que, ya en el PSOE, abrazó el guerrismo como un enamorado antes de jurar lealtad eterna al felipismo o el que se burlaba de las capacidades de Zapatero cuando compitió con él por la secretaría general del PSOE y al que, tras caer derrotado, decía venerar cuando le convirtió en ministro de Defensa primero y en presidente del Congreso después.

Bono ha practicado el transformismo con tanta soltura que es natural que su discípulo, al que hizo consejero con sólo 23 años, posea esas mismas cualidades, aunque sea en la versión cómic que representa Mortadelo. García Page es un digno heredero. No es de extrañar, por tanto, que el pasado mes de noviembre acusara a Pedro Sánchez de ser un acomplejado y un submarino de Podemos -aunque él mismo fuera presidente gracias a los votos de los morados- y que ahora les ceda una vicepresidencia y una consejería en un pacto que le permitirá aprobar los Presupuestos de este año y completar la legislatura. Como tampoco sorprenderá que más temprano que tarde su susanismo entusiasta se diluya como un azucarillo en el café caliente y que de su amenaza de renunciar a repetir como candidato si Sánchez volvía a hacerse con las riendas del PSOE queden unos renglones en la arena que alguna ola atrevida borrará oportunamente. Ha nacido un sanchista convencido o está a punto de hacerlo tras romper aguas.

Sin tanta facundia como su mentor, que lo que natura no da Salamanca no presta, las explicaciones de Page para explicar su viraje o, para ser exactos, su trasluchada, se han trufado de lugares comunes del estilo de “estábamos en una encrucijada política y presupuestaria”, “hay que hacer de la necesidad virtud” y, por supuesto, “hay que olvidar el pasado y mirar al futuro”. En ese pasado tan reciente que Page ha decidido olvidar para continuar en el machito atribuía a Podemos “zancadillas” y “puñales por la espalda”.

Desde la perspectiva de Podemos el acuerdo no puede ser más rentable. Tras doblar el pulso al PSOE y tirar abajo los Presupuestos por el supuesto ninguneo de sus enmiendas, coloca a sus dos diputados en el Ejecutivo regional y marca el rumbo a seguir con un plan de garantía de rentas que ya estaba presente en las cuentas rechazadas y con nuevas inversiones en ecología y dependencia. El acuerdo ha sido bendecido por Pablo Iglesias y, previsiblemente, será santificado por la militancia.

Está por ver que la nueva situación en Castilla-La Mancha implique un cambio de guion en la política autonómica y nacional que ya se había dado en muchos ayuntamientos. De entrada, Page ha puesto a salvo el final de su espalda, ya que su otra alternativa era adelantar las elecciones y cumplir su promesa de no repetir como candidato. Con dos años por delante el ‘miniyo’ de Bono gana tiempo para cambiar de disfraz sin que se note demasiado su tránsito al lado oscuro.