Los extraterrestres abducen a Rajoy

La oposición extraterrestre, dicho sea en palabras del portavoz del PP Fernando Martínez Maillo, ha abducido a Rajoy para que la próxima semana comparezca ante el pleno del Congreso y vuelva a explicar la corrupción del PP y ese milagro de los panes y los peces de la financiación de su partido. La presencia de Rajoy será posible después de que el PNV haya aceptado unirse a la tripulación del platillo volante, que no todo iba a ser café y pastas en Moncloa para negociar su apoyo a los Presupuestos.

La ufología tiene muy documentadas estas experiencias. Por lo general, los abducidos experimentan a su regreso pérdida de memoria y extravío temporal, similar al de esas borracheras en la que no se recuerda cómo se llega a casa después de la última copa hasta que hay que limpiar la vomitona del pasillo. En este sentido, el presidente ya acudirá con los deberes hechos porque es de lo que nunca recuerdan nada, al punto de que existe la duda de que él mismo sea el extraterrestre y quiera pasar desapercibido.

Según el PP, es irresponsable hacer comparecer a Rajoy para hablar de corrupción tras los atentados de Cataluña en una maniobra que sólo trata de desgastar al Gobierno. Lo segundo es bastante evidente aunque sólo sea porque es oposición y se le paga para ello. Lo primero, incomprensible. ¿No habíamos quedado en que el terrorismo no iba a conseguir alterar nuestra vida cotidiana ni marcar la agenda política?

Nada hay más cotidiano que contemplar a Rajoy en esa ignorancia supina de cuanto le rodeaba, en su completa desfachatez. Es muy necesario que cada cierto tiempo se someta a estos ejercicios que pueden ser terapéuticos para él y que, sin duda, lo son para un país que sigue esperando que alguien asuma responsabilidades por el latrocinio al que ha sido sometido y que, entre tanto, se conforma con escuchar alguno de los famosos trabalenguas presidenciales.

Tras su bochornosa deposición como testigo en el juicio de la Gürtel, la tribuna del Congreso ofrece a Rajoy una nueva oportunidad de demostrar que nada le constaba, nada sabía, ni a nadie conocía. Los cántaros vacíos son los que más ruido hacen y lo del rey de la inopia volverá a ser atronador. Con algo hay que conformarse.