No es para mí, es para vino

El PSOE ha organizado una especie de colecta, que los modernos llaman fundraising, para pedir a sus 200.000 afiliados que se rasquen el bolsillo y hagan donaciones de 3, 5 o 10 euros con el declarado propósito de echar a Rajoy del Gobierno. Tan ambicioso es el objetivo de la cuestación que no se intuye cómo puede lograrse, salvo que su destino final sea cambiar al descuido las cerraduras de Moncloa cuando el presidente se vaya de caminata a Pontevedra y a la vuelta descubra tras los cristales a los okupas socialistas brindando con albariño en el salón de columnas del palacio.

Del llamado fundraising se sabía que era uno de los métodos usados por las ONG para obtener fondos o bienes para sus actividades, y se hizo muy popular cuando Obama recaudó un pastizal en la campaña de las presidenciales de 2008. A lo más que los partidos políticos habían llegado en ese terreno era a imprimir participaciones de la lotería de Navidad con su correspondiente recargo, pero más con la esperanza de jugar el mismo número que Fabra y, ya de paso, confiar en que cumpliera su amenaza de sacarse la pirula y mear en la sede de IU si volvía a tocarle, lo que hubiera sido una guarrada pero muy graciosa.

Tanto la carta sin firma que se ha enviado a los militantes como la justificación de la misma que ha hecho después el PSOE son de aurora boreal. Ni es creíble que la decisión se tomara por la indignación de las bases al comprobar que Rajoy volvía a llamarse a andana al explicar la corrupción de su partido -la carta se recibió minutos después de que el del PP cuajara una faena redonda ante la portavoz socialista Margarita Robles-, ni parece muy presentable dirigirse a esas mismas bases con un lenguaje idéntico al que se utiliza en los anuncios de la Teletienda.

No es lo mismo pedir donativos para una campaña electoral o para sufragar los gastos de unas primarias, como hizo con mucho éxito Pedro Sánchez, que hacerlo en mitad de la legislatura con la promesa de que unos cuantos euros servirán para acabar con las corruptelas y los recortes. ¿Qué se pretende hacer con lo recaudado? ¿Organizar una cita a ciegas de Iglesias y Rivera y confiar en que el amor que surja entre ellos haga posible una moción de censura ganadora?

Lo más probable es que la iniciativa tenga que ver con la enorme deuda que sigue arrastrando el PSOE y que representa un lastre demasiado pesado hasta para un titán como Atlas, acostumbrado a cargar el cielo sobre sus hombros. Según explicó el pasado mes de marzo el entonces gerente del PSOE, Gregorio Martínez, los socialistas debían en esa fecha 56 millones de euros, pese a haber reducido el agujero en 6,7 millones en 2016. El propio gerente propuso fórmulas para incrementar la participación ciudadana en la financiación, entre ellas incentivar las microdonaciones con un tratamiento fiscal especial en función de la renta.

La transparencia que tanto se predica exige explicar a los afiliados que la actividad política es cara, que los mítines y los autobuses con los que se llenan los pabellones no son gratis, que la propaganda requiere de profesionales bien pagados y que los ingresos del Estado, las cuotas y las aportaciones de los cargos públicos no cubren los gastos. Siempre será mejor pedir que robar, aunque ahora Bárcenas esté en el paro y escuche ofertas.

Pasar del crowdfunding al fundraising y tiro porque me toca no es un desdoro cuando el partido debe hasta de callarse. Lo que no tiene sentido es disfrazar esa justificada mendicidad con promesas imposibles. La verdad por delante. No es para mí, es para vino. Pues eso.