En busca del tuit de Trump

La obligación de todo buen presidente español es peregrinar al menos una vez en la vida a Washington, dar unas vueltas a la Kaaba de la Casa Blanca y reunirse con el presidente de turno de EEUU, un ritual purificador de tomo y lomo, especialmente de lomo porque la genuflexión va implícita en la visita. Rajoy cumple hoy el trámite en plena crisis catalana con la esperanza de que el imperio escuche sus oraciones y se pronuncie en contra del referéndum y de la independencia, lo que sería la confirmación de que la razón está de su parte. Desde los tiempos de los romanos el graznido del cuervo era un signo de esperanza.

Con el primo de Zumosol, especialmente con éste del flequillo, siempre hay que ir con pies de plomo porque es imprevisible. Sin embargo, en este caso, todo se ha preparado con mimo y se ha valorado mucho que Rajoy no tenga que alojarse en un hotel, que ya se sabe cómo está el servicio, sino en la Blair House, que es la residencia oficial para visitantes ilustres.

El formato de la visita predispone al pronunciamiento. No se limitará al besamanos del despacho oval sino que incluirá almuerzo y rueda de prensa conjunta, donde obviamente todo está preparado para que alguien formule a Trump la pregunta del millón y éste proclame su apoyo a la defensa de la legalidad constitucional y a la invisible unidad de la patria española. Hasta es posible que luego escriba un tuit a sus seguidores comparando a Puigdemont con el ‘hombre cohete’ y amenazándole con destruir el Liceo si persiste en su actitud separatista.

Lo contrario sería inconcebible, no ya porque la ministra de Defensa echó el resto días atrás con el secretario de Estado, sino porque la disposición del Gobierno a servir de felpudo es completa y tenemos muy educado a Rajoy para que no ponga los pies en la mesa como Aznar, raye la caoba y provoque un conflicto diplomático. Ni nos ha temblado el pulso para expulsar al embajador de Corea del Norte, que el hombre estaba empeñado en montar Marina D’or en Pyongyang y se ha ido echando misiles por la boca, ni en hacer seguidismo de la administración estadounidense respecto a Caracas, hasta el punto de sublevar a las ONG sumando como refugiados por motivos humanitarios a los ‘exiliados’ procedentes de Venezuela.

Para conseguir el apoyo explícito de Trump, Rajoy está dispuesto a hacer lo que le manden, incluyendo aumentar la contribución española a la OTAN para hacer menos gravosa la factura de EEUU, que no consigue que México le pague el muro y no le salen las cuentas. Por dinero no va a ser. A cambio, sólo se le piden tres palabras, un sentido “Catalonia is Spain”, para que el viaje haya merecido la pena.