¿Fideicomiso? Una nueva sopa de Yatekomo

Según los estudios más prestigiosos, los españoles somos unos analfabetos financieros que en el mejor de los casos confundimos IPC con PIB y en el peor pensamos que son filiales de la CIA o del viejo KGB. Al parecer, la mayoría no sabe leer una nómina -lo que tampoco es extraño porque cada vez hay menos asalariados y a los que hay les da por la literatura-, no es capaz de distinguir una tarjeta de crédito de una de débito, no sabe calcular la tasa de interés y cree que el método hamburgués es una manera que tienen los alemanes de preparar los filetes rusos. En una de estas encuestas se nos preguntó si era más seguro poner el dinero en una sola inversión o en varias y sólo un 43% optó por la segunda opción, lo cual como se verá es muy discutible.

Las conclusiones de estos trabajos son muy injustas. En realidad, en el ámbito de las finanzas tenemos verdaderos catedráticos, gente cuyas cuentas bancarias nunca son corrientes sino numeradas, tipos que han trascendido de los reyes godos y se saben de memoria la lista de los paraísos fiscales, personas que defienden con su vida y especialmente con sus haciendas el libre movimiento de capitales y que en un comportamiento patriótico ocultan su patrimonio al Fisco para evitar que caigamos en el despilfarro y en la corrupción, inevitables si la recaudación de impuestos nos hiciera nadar en la abundancia.

Son estos prohombres individuos muy reservados de los que sólo tenemos noticia cuando alguna filtración revela que su vasto conocimiento financiero les ha aconsejado colocar sus ahorros en Bermudas o en Barbados, y gracias a ellos hoy tenemos claro que offshore no es el botón del mando a distancia que apaga la tele. Tan discretos son que siempre se resisten a reconocer que las picas que antes se ponían en Flandes ellos las colocan en Suiza. Y tan olvidadizos que, en ocasiones, ni siquiera recuerdan que dirigen sociedades en Bahamas o en las Caimán, como le ocurrió al ministro Soria y a su hermano, que llegaron a sospechar que alguien había suplantado sus firmas ante notario para darse el pisto.

Los llamados Paradise Papers, una filtración masiva de documentos obtenida por el diario alemán Süddeutsche Zeitung y compartida por 96 medios internacionales, entre ellos La Sexta y El Confidencial, ha vuelto a poner de manifiesto que en lo referente a la defraudación internacional y al uso de bufetes especializados en colocar en jurisdicciones secretas hasta el 10% de la riqueza mundial estamos a la vanguardia.

Si en otros Papeles como los de Panamá ya descubrimos que disponer de empresas en paraísos fiscales era tan habitual que hasta el vecino del cuarto quizás tenga una sociedad durmiente a la espera de que la bese en la frente como a las princesas de los cuentos, esta nueva remesa ha confirmado la tendencia. Si en aquella ocasión era nuestra familia real la que marcaba el camino, ahora ha sido la reina de Inglaterra, que está a la última, y, junto a ella, políticos, empresarios, artistas, sin olvidar a los chicos de Trump que han superado la guerra fría haciendo negocios con la nueva Rusia zarista.

De esta primera relación ha sorprendido la presencia del exalcalde de Barcelona Xavier Trías, el hombre que hace unos años negaba por activa y por pasiva que tuviera o hubiese tenido cuentas en Suiza o en Andorra y que, emocionado, casi al borde de las lágrimas, llegó a mostrar un documento de la suiza UBS en el que certificaba que jamás había tenido relación con dicha entidad en calidad de cliente.

El nombre de Trías, junto a los de sus padres ya fallecidos y sus once hermanos, figura en un fideicomiso vinculado a una cuenta bancaria suiza y a una sociedad opaca en las islas Vírgenes, cuyo objetivo lógicamente era ocultar a Hacienda la fortuna familiar. Trías no mentía cuando afirmó que nada tenía en la UBS ya que los fondos estaban depositados en una oficina de RBS Coutts, aunque sí lo hiciera cuando negó disponer de cuentas en Suiza salvo que entendiera que Ginebra es una república independiente.

Todo apunta a que Trías es otro de los olvidadizos o que ha sido sorprendido en su buena fe por uno de sus hermanos, que era el que llevaba la administración de la herencia y que, desgraciadamente, como viene a ser habitual, ha fallecido y no está para preguntas. Sin embargo, el del PdeCat no es de los que se resignan fácilmente y ha anunciado una investigación –se supone que entre los miembros de su parentela- para desfacer el entuerto. Según ha explicado, el dinero le llegó pero de trust no entiende y menos de fideicomisos, que posiblemente sea una sopa nueva de Yatekomo.

Resulta evidente que los estudios que dudan de nuestra cultura financiera están profundamente errados y que lo más seguro no es distribuir el dinero en varias inversiones sino acumularlo en una cuenta en Suiza teledirigida desde un paraíso fiscal. A Noé le van a hablar de lluvia.