El gran embustero

La mentira, el engaño en política, inhabilita o debería hacerlo. Lo ha dicho Rajoy ex cátedra en referencia a los dirigentes que hicieron transitar a los catalanes por los cerros del independentismo sin el calzado adecuado, sabiendo que el camino les produciría ampollas en los pies y no les conduciría a ninguna parte. Interesante reflexión si no procediera de uno de los mayores embusteros del reino. La sartén dando lecciones al cazo. Vivir para ver.

Con las palabras de Rajoy se elaboran cada cierto tiempo inventarios de sus patrañas, en las que ya ni siquiera se mencionan los hilillos de plastilina del Prestige, que muy posiblemente se reserven para la antología final. Se trata de listas actualizadas, ordenadas por materias, con especial atención a la economía y a la corrupción, y suponen la constatación de que, lejos de inhabilitar, la mentira sirve para ganar elecciones y mantenerse en el poder.

Permitan un pequeño repaso: no se iban a subir los impuestos porque significaban más paro y recesión, especialmente el IVA que era un sablazo de malos gobernantes; se iba a meter mano menos a las pensiones, la sanidad y la educación; jamás habría una amnistía fiscal porque era injusta y antisocial; nunca se abarataría el despido sino que se promovería el contrato indefinido como norma general; se llamaría a las cosas por su nombre, y de ahí que no hubiera rescate sino línea de crédito en condiciones ventajosas, ni amnistía sino regularización, ni aumento del IRPF sino recargo temporal de solidaridad.

De la misma manera, Rajoy nunca cobró sobresueldos en dinero negro, ni supo que la reforma de la sede de su partido se pagaba en B, ni escuchó los martillazos con los que se destruyeron los discos duros de los ordenadores de Bárcenas, ni conocía su fortuna en Suiza cuando le pedía que fuera fuerte, ni era capaz de identificar a aquel tipo que aparcaba el coche en el garaje del PP al que todos llamaban Correa, ni podía saber que aquel mismo individuo y no el PP le pagó un viaje gratis total a Canarias con la familia para relajarse, ni controlaba los gastos cuando era jefe de campaña ni se enteraba de los donativos que graciosamente llegaban al partido a cambio de obras, que son amores y no buenas razones.

La mentira no inhabilita sino que es un reconstituyente tan poderoso que Rajoy se ve en uno de los mejores momentos de su vida y sugiere que volverá a ser el candidato del PP en las siguientes elecciones, por si a la sexta sigue sonando la flauta. Y que Aznar diga lo que quiera, que si veinte años no es nada, ocho son todavía menos.

De Aznar precisamente, y gracias a una conversación grabada a Zaplana y al chino de la coleta que una vez fue presidente de Madrid, se ha conocido lo que era un secreto a voces: que espera verle caer y que le profesa uno de esos odios que se dicen africanos con muy poco respeto a los que habitan aquel continente. Posiblemente sea una de esas verdades que huelen al salir de ciertas bocas, como las lecciones de Rajoy.