Rufián, el payaso de las bofetadas

“El mundo se moría de tedio. Los antiguos héroes no hacían más que relatar vanidosamente las viejas hazañas clásicas que todos se sabían de memoria y que a nadie divertían ya. Hubo que echarlos de la escena como a los cómicos malos, e inventar un espectáculo nuevo. Entonces es cuando nace la farsa. Cuando el héroe se hace clown y la hazaña pantomima”. No, Gabriel Rufián no es un loco, como tampoco lo era el Quijote que nos descubrió León Felipe y al que atribuía que España hubiese entrado en la historia. Rufián también hace historia a su manera. No es que sea el poeta que se pregunta si la Justicia existe o es sólo un número de circo, pero sí que se da un aire al payaso de las bofetadas. Por las que da y por las que recibe.

El diputado de ERC es una estrella de esa nueva política que tanto tiene de simulación y de comedia. Es el rey del tuit y de la ópera bufa, el pirómano que mete fuego al Parlamento enarbolando una impresora desde el escaño o agitando unas esposas que ha sacado de un kit de vaquero o de los aperos sadomasos del sex shop de la esquina. Sabe, y así lo ha dicho, que el Congreso es un teatro donde te apuñalan primero y luego te invitan a café. Y en el teatro se gesticula, se grita, se sobreactúa, y es obligación de quienes representan papeles secundarios atraer hacia sí los focos, hacerse notar. A eso juega Rufián.

Antes lo hicieron otros, empezando por Alfonso Guerra, al que ni siquiera le hacían falta las redes sociales ni atrezzo alguno para dar caña, que es como antes se decía a liarla parda. A ese gran comediante que sigue siendo el andaluz le bastaba con llamar a Suárez tahúr del Mississipi y montarle a la grupa del caballo de Pavía, con tildar a Calvo Sotelo de marmolillo o con describir a Aznar como un híbrido entre Onésimo Redondo y Escrivá de Balaguer. Desde que los bautizara Guerra, Verstrynge siempre fue una liendre con gafas, Loyola de Palacio la monja alférez y Soledad Beceril Carlos II vestido de Mariquita Pérez. En lo de zaherir Rufián es aún un aprendiz de brujo, aunque haya que reconocer que a Ciudadanos, “el Hacendado del PP” le tiene tomada la medida y en gran parte el pelo.

Entre los agitadores más reputados del hemiciclo sería injusto no recordar a Isidoro Hernández Sito, un diputado del PP que en su día llegó a defender ante Corcuera que los agricultores lanzaran ovejas a la Policía cuando allá por el año 1990 se manifestaron en Madrid ante el Ministerio de Agricultura. Genio y figura, Hernández Sito ya había dejado su marca en su etapa de consejero en la preautonomía extremeña. “Si vamos a acabar hablando de putas, ¿por qué no empezamos ya?”, le soltó al entonces presidente Luis Ramallo cuando éste le preguntó por los planes de su departamento. De esa época se le recuerda una factura redactada en una servilleta de papel que intentó pasar al cobro y en la que podía leerse lo siguiente: “Jamón, vino, queso y otras cosas. 27.000 pesetas”. Cuando se le afeó la conducta a instancias del interventor y se le pidió que explicara a qué se refería con ‘otras cosas’ se limitó a contestar lo siguiente: “Pues a mi querida que está colocada allí”.

Hernández Sito era de los que felicitaba la Navidad con una foto suya desnudo de cuando era bebé o con una esquela con la fecha exacta de la defunción del cerdo ibérico, de la que hacía responsable al entonces ministro de Agricultura socialista, Carlos Romero. Y de los que montaba increíbles zapatiestos en las intervenciones de sus adversarios políticos. Jamás podrá competir Rufián con las llamadas al orden que desde la presidencia de la Cámara escuchó el bueno de Isidoro, que también se hinchaba a café con los que le criticaban sus formas y extravagancias.

El de ERC compite en una liga de provocadores donde cada día saltan al campo, entre otros, gente como Pablo Casado y Rafael Hernando -al que admira por su juego y puede que un día le veamos pedirle la camiseta- o Juan Carlos Girauta, que es de esos defensas centrales que sólo dejaban pasar el balón en sus encontronazos, nunca al contrario. En el PSOE andan buscando quién ocupe un puesto con el que un día flirteó el exministro Pepe Blanco sin tanto éxito. Su mayor contribución al mundo de la caricatura fue nacionalizar Ikea en su primera rueda de prensa como portavoz del Gobierno, aunque en realidad se refiriera a Ibaka, ese ala pivot que hoy pone tapones en la NBA.

Rufián encaja como un guante en este Madrid de patio de vecinos que llama a gritos a los niños y al repartidor del butano y al que le gusta tanto el espectáculo. Siempre está en guardia, ya se encuentre en la tribuna, ante el móvil o tomando una caña en el Manolo, que es el hemiciclo de las croquetas. Habría sido una pena perderle si la independencia de Catalunya se hubiera consumado. Piensen que hace su trabajo con sus zascas y sus salidas de pata de banco y no se lo tomen como algo personal.