La Justicia para el que se la trabaja

Al PP con la Justicia le pasa como a Carlos Fabra con la lotería. ¡Qué suerte tenía este hombre! De haber seguido jugando como lo hacía, este año se habría ligado con un par a la extraterrestre del anuncio. La relación del cacique de Castellón con la diosa Fortuna era tan íntima como sospechosa, muy parecida a la que mantiene su partido con la señora de la balanza y la venda en los ojos. No es que sonría a Rajoy y los suyos cuando les tiene enfrente; es que se carcajea del resto.

Dicen que la suerte es para quien se la trabaja y, en relación con los tribunales, el PP es como el laborioso Hércules, capaz de limpiar los establos de Augías en un solo día y de robar a un tiempo las yeguas de Diomedes, sobre todo esto último. Ya decía Voltaire que la suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran. Y hay que reconocer que esta gente está preparadísima y no desaprovecha ninguna de las oportunidades que se le presentan.

Así hay que interpretar las últimas decisiones de la Audiencia Nacional, que han hecho posible que el magistrado que forzó la declaración de Rajoy en el juicio de Gürtel haya sido apartado del tribunal del caso Bárcenas y que se haya negado a la comisión parlamentaria que investiga la financiación ilegal del PP varios informes sobre la caja B del partido.

El primero de los casos es fruto de una intensa tarea de sometimiento del Poder Judicial al Ejecutivo, tarea en la que vienen participando al alimón y desde antiguo los dos principales partidos del país. Estos denodados esfuerzos han hecho posible que las más altas instancias de la Magistratura sean discrecionales, ya que su elección no depende de más méritos que los del simple capricho. Esta situación afecta no sólo a la Fiscalía, sino a los presidentes de las Audiencias provinciales, a los de todas y cada una de las salas de los distintos Tribunales Superiores de Justicia, al presidente y magistrados del Tribunal Supremo y, obviamente a los miembros del Tribunal Constitucional. Todos ellos deben su nombramiento a la mayoría política del Congreso y del Senado, a la de las asambleas autonómicas o a la del Consejo General del Poder Judicial, cuyos vocales son a su vez elegidos en las Cortes según el criterio predominante del partido del Gobierno.

Con ese marco, y colocada Concepción Espejel, “querida Concha”, al frente de la Sala de lo Penal de la Audiencia, que es la encargada de juzgar las causas de corrupción política, se aprobaron hace unos días unas nuevas normas de reparto de asuntos que, curiosamente, han tenido dos efectos: apartar del tribunal que juzgará los papeles de Bárcenas al magistrado Julio de Diego, cuya familia fue muy mentada en el Consejo de Ministros cuando facilitó con su voto que Rajoy tuviera que testificar en persona en el juicio de Gürtel, e impedir que José Ricardo de Prada, al que se supone progresista, sea el redactor de la sentencia del caso, papel que desempañará Juan Pablo González, elegido en su día vocal del CGPJ a propuesta del PP. Con las normas impulsadas por Espejel, recusada en el caso Gürtel por aparente falta de imparcialidad dada su afinidad ideológica a Don Pelayo, se consigue que un tribunal ya formado se rehaga y que Rajoy no pierda otra mañana deponiendo físicamente en la Audiencia. Preparación y oportunidad.

El segundo caso, la negativa a entregar al Congreso determinados informes que había solicitado para investigar la financiación de los populares, carece prácticamente de precedentes por la deslealtad institucional que representa. El argumento de que la entrega podría afectar a la presunción de inocencia de los acusados resulta también sorprendente ya que la comisión parlamentaria no determina responsabilidades penales sino políticas ni el caso se encuentra bajo secreto de sumario. ¿Con qué criterio se pusieron entonces a disposición del Congreso documentos sobre los atentados del 11-M dos años antes de que el caso fuera juzgado? ¿No tenían los acusados también derecho a la presunción de inocencia?

Las picas del PP en la Judicatura hacen palidecer las de Carlos V en Flandes. Si Espejel es un seguro de vida en la Audiencia y Enrique López guarda la póliza en la sala de Apelaciones de la Audiencia, Carlos Lesmes, al que tuteaban en FAES de tanto verle por allí, es el multirriesgo del hogar en el CGPJ y en el Tribunal Supremo. Lo dicho. La suerte no cae del cielo en forma de marciana con melena sino que se trabaja con ahínco.