Opinion · Tierra de nadie

2018, el año del Emérito

Informa la prensa seria de que Zarzuela ha declarado 2018 como el año del Emérito, y que por tal motivo tendrán lugar diversos actos y festejos para homenajear a Su Enormidad que cumple 80 castañas al mismo tiempo que la Constitución llega a la crisis de los 40, pero de reloj. La Casa Real no ha entrado en detalles porque así son las fiestas sorpresa aunque ha deslizado que se llevarán a cabo “iniciativas y actividades públicas a través de distintos ámbitos de la sociedad española”, lo que apunta a que tendremos al campechano hasta en la sopa.

Hacía falta –o eso pensaba él- un desagravio colosal a Juan Carlos I después de que el año pasado se le excluyera del aniversario de los 40 años de democracia y fuera rumiando su dolor por las esquinas y al whastapp del periodista Raúl del Pozo, al que ratificó que no invitarle a la jarana era como borrar a Napoleón de Austerlitz. Se dijo entonces que aquello había sido un gesto cobarde, un desplante al guía de la Transición, una infamia incalificable. Muchos recordaron la imagen del abuelo abandonado en la gasolinera por la familia que se va de veraneo a Benalmádena, sin reparar en que lo habitual era que el abuelo pasara tres pueblos de su progenie para darse garbeos por el Caribe o Saint-Tropez según la época del año.

La reparación del daño causado empezaba este mismo domingo en el suplemento dominical del exdiario independiente de la mañana con un reportaje de 14 páginas dedicadas a ese lobo de mar que aún sigue siendo el padre de Felipe VI, un trabajo encomiable que desprendía olor a salitre y a anuncio de Nescafé. El impagable retrato nos presentaba a un hombre inválido pero libre, a un aventurero de “frente prominente”, cabello fino y  sienes plateadas, a un marinero de mirada vidriosa y melancólica, amigo de sus amigos pero dentro de un orden, que lo de apearle del tratamiento ni en alta mar, oiga. Impagable el documento del Bribón.

Al Emérito hay que compensarle, emocionarle, hacerle sentir importante porque su nueva vida a cuerpo de rey, a la que estaba predestinado por razones obvias, no es alimento suficiente para semejante espíritu. De ahí que se prepare una novela rosa, una serie de ficción de Netflix de una sola temporada en la que se nos presentará a Juan Carlos y Sofía –que también cumple 80 y va en el pack a coste cero- como una pareja entrañable que comparte confidencias al oído, siempre presta a ofrecer sus servicios a España pese a que coincidan menos que el sol y la luna en el firmamento. Puede que en el pecado lleve la penitencia.

El tiempo todo lo borra y ha encontrado finalmente el final perfecto, toda vez que el recuerdo de elefantes abatidos, corinnas y urdangarines ya es una neblina, un desvaído fantasma, y las últimas revelaciones sobre nuevas bastardías son un déjà vu que no restan audiencia a Operación Triunfo. Puede que el 5 de enero, su cumpleaños, no tenga los fuegos artificiales que se merece ni haya baile de gala en su honor, aunque ya vaya siendo hora de darle uso al Salón de Alabarderos del Palacio Real donde, por cierto, tiene colgado el cuadro de Antonio López con la familia al completo. Eso sí, al día siguiente podremos verle a pie del cañón en el besamanos de la Pascua Militar, el mejor regalo de Reyes. Y después, lo que toque, que este es un pueblo agradecido que dejó de hacer coplas a la realeza para no caer en la rima fácil.