Las víctimas son los culpables

Las soluciones se nos resisten pero la técnica de encontrar culpables la tenemos muy perfeccionada. La crisis económica no fue culpa de la timba financiera sino nuestra, por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Los montes se queman porque hay mucho pirómano y no porque los medios de extinción son insuficientes y en las tareas de limpieza no se gasten ni bromas. Las Urgencias se colapsan porque no nos cuidamos. Las mujeres sufren violaciones por llevar la falda muy corta. Si fuéramos más precavidos nos robarían menos. El cambio climático no es culpa del modelo productivo sino de los que nos dejamos dada la luz del pasillo. No hay para pagar las pensiones porque vivimos mucho y no nos queremos morir de hambre. De todo lo demás son culpables los fumadores y los gordos.

No es extraño que el caos de las nevadas de este fin de semana sea responsabilidad exclusiva de quienes se aventuraron a celebrar con sus familias del día de Reyes sin equiparse para una prueba de supervivencia y osaron además hacerlo en coche. Hay mucho alocado, demasiado temerario que no se para a reflexionar sobre el peligro y que igual se pone a hacer rafting o a escalar la cara sur del Annapurna que paga 12 euros y toma una autopista de peaje sin llevar cadenas en el maletero.

Todo el mundo sabe –o debería saber- que transitar por una autopista de peaje como la A-6 o de otra entrada principal a Madrid como es la autovía de Burgos es muy arriesgado, mucho más que algunos puertos como Pajares o San Glorio pese a su fama de intransitables. A las miles de personas, familias enteras en muchos casos, atrapados hasta 17 horas en la ratonera de estas carreteras les está bien empleado el escarmiento porque estaban avisados de que iba a nevar –que es un suceso extraordinario en invierno- y cuando nieva lo mejor es no salir de casa o hacerlo con raquetas y auxiliados por un mastín de los Pirineos.

Los inconscientes pretenden ahora exculparse con argumentos peregrinos y se preguntan si de los avisos de nevada sólo tenían que enterarse ellos y no la Dirección General de Tráfico o Iberpistas (Abertis), la concesionaria de la A-6, que en vez de mantener algún carril despejado para facilitar el trabajo de las quitanieves y aliñar las calzadas con toda la sal del mundo, permitió el colapso hasta el punto de que las propias máquinas quedaron atrapadas en el caos. Hay quien piensa incluso que en casos como éstos las quitanieves no tenían que ir sino que debían estar en los tramos en los que se preveía que las nevadas serían más intensas.

Los sucesos recordaron a muchos la nevada de 2009 en la que la culpa no fue de los conductores como ahora sino de la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que se tomó tan a pecho su responsabilidad que tiempo después se marcó un viaje a Siberia para ver cómo se podía mantener en servicio aeropuertos, carreteras y vías férreas bajo la nieve y a 15 grados bajo cero lo días más cálidos. Iñigo de la Serna, actual titular de la cartera, y cuyo nombre se ha dado por fin a conocer a la población ya que hasta este domingo era un perfecto desconocido, lo ha dejado claro: “No tiene nada que ver una nevada con otra”. Una gran verdad porque hace ocho años los meteorólogos no quisieron arriesgarse e informaron de que iba a nevar cuando caían los primeros copos.

Pedirle a este hombre que dimita tal y como se hizo con su antecesora sería tan injusto como exigir al portavoz del Gobierno Méndez de Vigo que deje de decir obviedades del tipo “las cosas suceden cuando las condiciones son extremas y adversas”. Está de más también plantearse alguna medida contra la concesionaria, cuya empresa bastante tiene con prestar atención a la OPA de Florentino, que cuando compre Abertis y ponga a Zidane a dirigirla no habrá nevada que le marque un gol por la escuadra.

A los verdaderos culpables del desastre, es decir a sus víctimas, se les debió tomar el nombre para hacer lo mismo que con los montañeros a los que hay que rescatar por su mala cabeza y se les pasa luego la factura. Movilizar a la Unidad Militar de Emergencias no es gratis. Si no fuera porque este Gobierno tiene un gran corazón y una enorme incompetencia iban a enterarse de lo que es la cuesta de enero.