Opinion · Tierra de nadie

La poción mágica de Puigdemont

A falta de todos los detalles, Puigdemont y Marta Rovira parecen haber alcanzado en un cena en Bruselas un acuerdo sobre la composición de la Mesa del Parlament y la investidura del depuesto president, que volvería virtualmente al Palau de la Generalitat aunque físicamente continuara con sus paseos por la Grand Place. ERC aceptaría de esta forma seguir adelante con el plan A, es decir reponer a Puigdemont, pese a que existan serias dudas de que ello sea viable legalmente.

Según las primeras informaciones, JxCat habría planteado una alternativa distinta a la investidura por videoconferencia, que como ya se ha explicado ni está recogida en el Reglamento de la Cámara ni está expresamente prohibida, como tampoco lo está ser investido en holograma o en traje de baño. Consistiría en una investidura delegada, esto es, que un miembro de la Mesa propusiera someterla a votación.

Dicho artículo dice textualmente lo siguiente: “Si el diputado que ha promovido una iniciativa es llamado por el presidente para presentarla, y no está, se interpreta que ha renunciado a hacer uso de la palabra, y la iniciativa parlamentaria en relación con la que había de intervenir decae, a menos que en el transcurso del debate algún miembro del órgano parlamentario solicite que sea puesta a votación o que se posponga la sustanciación”. Es decir, que nada impediría que en ausencia de Puigdemont su investidura pudiera ser votada y que su intervención fuera leída por otro diputado de su grupo “comunicándolo previamente al presidente”, en virtud del punto 1 del citado artículo 83.

No obstante, y sin ponernos tiquismiquis, esta opción entraría en contradicción con otro artículo, el 146, en el que se dispone expresamente el desarrollo de la sesión de investidura: “La sesión de investidura del presidente de la Generalitat comienza con la lectura, hecha por uno de los secretarios, de la resolución del presidente del Parlamento en el que propone un candidato a la presidencia. A continuación, el candidato presenta, sin limitación de tiempo, el programa de gobierno y solicita la confianza del Pleno”. Es decir, que parece obvio que la presencia del candidato es obligada y que la opción de hacerlo por plasma tampoco sería viable a tenor del punto 3 del propio artículo 83: “El orador puede hablar desde la tribuna o desde el escaño”. Y no podría hacerlo, por tanto, desde Bélgica o Madagascar.

En consecuencia, si se pretende acometer así la investidura o si se fuerza previamente la modificación exprés del Reglamento para adecuarlo a las excepcionales circunstancias que concurren en este caso, es más que seguro que la cuestión llegará al Tribunal Constitucional y que, a tenor de los precedentes, la investidura será anulada.

Ha escrito el ya exdiputado Joan Coscubiela en eldiario.es una interesante reflexión sobre el uso y abuso de la astucia como estrategia política de la mayoría independentista y de cómo dicha estrategia, convertida en un “gran autoengaño colectivo”, ha conducido a Catalunya a un callejón sin salida con graves consecuencias políticas y penales. “Actúan –sostiene Coscubiela- como si consideraran que la ciudadanía con su voto ha avalado su ‘astuta’ estrategia y les impulsa a continuar usándola. Solo así se entiende que pretendan repetir miméticamente el comportamiento de la anterior legislatura. Filtrar a los medios afines las ‘astutas’ actuaciones que tiene previstas para evitar las dificultades legales y políticas de sus actuaciones. Y normalizarlas entre sus partidarios, para que parezcan razonables y viables (…) Esperemos que alguien le haga ver a Puigdemont que la astucia ya no da para más y que Catalunya no aguanta una nueva sobredosis de su pócima mágica”.

Posiblemente, el convencimiento de que dicha estrategia no tiene más recorrido sea el que ha llevado a Artur Mas a dar un nuevo “paso al lado” y abandonar la presidencia del PdeCat y al exconseller Mundó a renunciar a su acta de diputado y dejar la política por unas “cuestiones personales” que no pueden ser otras que no agravar su situación procesal.

Descartada la opción Arrimadas por una simple cuestión matemática de suma de escaños, sería una falacia presentar como única alternativa la investidura de Puigdemont o la repetición de elecciones. El independentismo dispone de mayoría suficiente para formar gobierno y debería intentarlo al margen del ‘exiliado’ y de su clavo ardiendo. La adicción es importante pero de los bucles también se sale.