Opinion · Tierra de nadie

El ‘abuelo’ Roures

Escribir de quien te paga es complicado porque en cuestión de una línea se puede pasar de pelota a traidor, aunque no se quiera ser ni una cosa ni la otra. Lo es más si se tienen pocos datos del personaje porque las copas de Navidad no dan para mucho y no es cuestión de someter al dueño a un tercer grado con la boca llena de canapés. De Roures sabe uno lo que todos: que es millonario y dice ser trotskista, que tiene los derechos del fútbol y como poco un Picasso, que produce películas, que es socio de otro conocido trotskista como Juan Abelló, pero que dejará de serlo cuando firme la venta de la mitad de Mediapro a unos chinos con posibles, y que abona religiosamente las nóminas, aunque a veces no lo hiciera y se granjeara unas docenas de enemigos a las puertas del Fogasa. Recúrrase a la hemeroteca para añadir más bondades y pecados al perfil.

Lo último que se ha conocido de Roures procede de un sesudo informe de la Guardia Civil en el que se le adjudica la condición de brazo mediático del procés y elemento central de la estrategia de comunicación del independentismo. Llega a esta conclusión el benemérito instituto tras constatar que habilitó un centro de prensa el día del referéndum del 1-O que fue utilizado por miembros del Govern, dirigentes de varios partidos y por buena parte de la prensa nacional e internacional; que produjo un documental sobre la brutalidad policial de aquel día que sólo fue emitido por TV3; y que al parecer fue mencionado en tres conversaciones telefónicas intervenidas sin aparente relevancia. De las tres, sólo en una se le cita por su apellido. De las otras dos deducen que en las referencias al ‘jefe’ y al ‘abuelo’ se oculta el empresario.

Pruebas tan contundentes vienen a sumarse a otras circunstanciales que muchos medios, hilando tan fino como la Guardia Civil, han creído necesario recordar, como la cena en la que Roures reunió en su casa a Oriol Junqueras y Pablo Iglesias, en la que suponen que se trató de convencer al de Podemos para unirse a la causa soberanista y en la que el anfitrión, si no ha mentido, terminó lavando los platos. Reunirse con dos políticos siempre es bastante turbio y más si se hace con nocturnidad y con embutidos de por medio.

Todo en Roures es muy sospechoso y es normal que ante un dos más dos se resuelva el panel con un cuatro. No va uno a negar que sea independentista, aunque él mismo lo haga, pero parece un fin de trayecto lógico después de haber sido del PSOE en los tiempos en los que fundó Público y La Sexta, y a Prisa le dio un ataque de cuernos por la infidelidad del casquivano Zapatero, y, por supuesto, de Podemos. La constatación la ha ofrecido hoy mismo el filántropo Cebrián con un titular en El País que no deja lugar a dudas: “Jaume Roures, el magnate que voto a la CUP”. Se trata de un ambicioso reportaje de investigación en el que se repasa su pasado, su activismo a favor del derecho de autodeterminación, sus simpatías por la revolución cubana, sus producciones para TV3, TVE, La Sexta y Antena 3, su buen rollito con Junqueras e Iglesias y el sentido de su voto, una vez a la CUP, otras a Podemos y nunca al PP o a Ciudadanos. De la guerra por los derechos televisivos del fútbol en la que Prisa tuvo que hincar la rodilla o de su rectificación tras atribuir falsamente a Roures poseer 250 millones de euros en 150 cuentas en paraísos fiscales no se da cuenta, quizás por exceso de original.

La gran revelación, sin embargo, estaba en la columna en el ABC de Salvador Sostres, al que Federico Jiménez Losantos llama Postres sin razón aparente. Relata este icono del feminismo –“una mujer es su cuerpo”-, el españolismo –“Yo sólo hablo en español con la criada; es de pobres y de horteras”- y otros ismos, un suceso que merece una extensa adenda en el informe que la Guardia Civil ha dirigido al Supremo: Roures es un resentido por una infancia atormentada, no quiere a nadie y no perdona el error de un restaurante en el que había reservado y por eso se fue cuando ya le tenían dispuesta la mesa. Como lo leen.

En su defensa, el empresario ha esgrimido el resentimiento de algunos poderes del Estado por otra de sus producciones, el documental sobre las cloacas de Interior con el exministro Jorge Fernández Díaz como fondo de pantalla, ha sugerido que la BBC o la CNN también deberían estar con el procés por difundir imágenes de las cargas policiales, ha dudado del nivel intelectual de los investigadores, ha reprochado al PP ser el auténtico elemento capital del separatismo y, para colmo, ha negado ser “el abuelo”. De que no me sube el sueldo no ha dicho nada y de eso sí que es culpable.