Opinion · Tierra de nadie

Los Borbones son sentimientos y tienen seres humanos

Nuestra realeza es muy sentida y lleva fatal eso de que quemen sus fotos o verse dibujados en la portada de El Jueves en plena coyunda. Les arruina el desayuno. Hace casi diez años la reina Sofía abrió su medieval corazón a la periodista Pilar Urbano y confesó lo que ya intuíamos: que no son de piedra, que les cuesta callarse y que esas piras de papel couché con sus retratos les supone un gran disgusto. En ocasiones así, ha sido esta mujer la encargada de levantar el ánimo alicaído, la de mantener unida a la familia, ya fuera la propia o la griega, que para colmo tiene ese ramalazo egipcio desde que llegó a España con una mano delante y la otra detrás. “Son fotos, no nos queman a nosotros, queman trozos de papel, así que ya se apagarán”, les tiene dicho a lo suyos. Y así es como pueden acabar el café con leche y dar cuenta de los cruasanes.

Es de suponer por tanto la mortificación que para nuestros Borbones ha supuesto el fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que no considera delito estas hogueras de vanidades por entender que no constituyen desprecio ni vilipendio sino una manera legítima de expresar el rechazo a la monarquía, de crítica y de disidencia política. Es la “sagrada libertad de expresión” contra la que ya advertía la reina emérita en sus desayunos familiares.

Lo que los jueces de Estrasburgo vienen a decir es que la igualdad ante la ley es lo que diferencia a un Estado de Derecho del absolutismo y que la sobreprotección de una familia, por muy real que sea, es hacernos comulgar con unas ruedas de molino muy indigestas. Para explicar gráficamente este concepto, cualquiera puede acabar en galeras por injuriar al rey pero Su Enormidad podría pasarle por encima con un todoterreno sin que le ocurriera nada –salvo algún desperfecto de chapa y pintura en el vehículo- porque nuestra Constitución dice que es inviolable y que ninguno de sus actos está sujeto a responsabilidad. Nadie niega que el rey pueda ser injuriado, pero para su defensa no necesita ninguna salvaguarda más allá de la que  contempla el Código Penal para el resto de los mortales sin corona, con la ventaja de que ni siquiera tendría que buscarse un abogado porque ya cuenta con un ejército de fiscales dispuestos a la batalla.

El caso es que ni en la desigualdad somos iguales ya que el criterio de la Justicia es cambiante como la veleta de un campanario y lo que hoy es una injuria a la Corona mañana puede ser una alteración del orden público, quizás en función del tamaño de la lumbre, mayor y más grave si lo que se queman son retratos de tamaño real y menor si lo que arden son recortes de periódico o fotos tipo DNI.

De este fallo de Estrasburgo tendría mucho que decir Xabier Sánchez Erauskin, quien siendo director  de Punto y Hora de Euskal Herria, fue condenado en 1981 a un año de cárcel y dio con sus huesos en Nanclares por un artículo titulado Paseíllo y espantá en el que se burlaba de la visita del entonces rey Juan Carlos a la Casa de Juntas de Gernika. Vista hoy, la pieza es tan inocente que hasta el ABC podría publicarla en páginas interiores en un alarde de pluralismo.

Como era de esperar, PP, PSOE y los agentes naranja de Ciudadanos han hecho caso omiso del Tribunal y ayer mismo unían sus fuerzas para rechazar con ánimo encendido la proposición de ley de ERC en la que pedía despenalizar las injurias a la Corona y los ultrajes a España. “Ser antimonárquico no es lo mismo que ser republicano”, llegó a afirmar para desconcierto general el diputado socialista José Andrés Torres Mora. Los Borbones, que diría Rajoy, son sentimientos y tienen seres humanos. Todo es poco para endulzar esos desayunos de Zarzuela, la comida más importante del día en opinión de los nutricionistas.