Opinion · Tierra de nadie

Podemos enseña sus llagas

Con las heridas profundas se debe estar vigilante porque antes de que cierren pueden infectarse e, incluso, cuando sanan la formación de tejido nuevo provoca picores y tiranteces. En esta fase parecen estar las de Podemos tras esa fiesta perfecta que acabó en trifulca y con la dirección del partido en Urgencias pespunteada de sutura. Dicen que el tiempo es el mejor de los cicatrizantes aunque siempre hay quien prefiere mantener abiertas las llagas para justificar nuevas venganzas.

Se impuso tras la última asamblea del partido una especie de pax romana que debía acabar con esas batallas internas que lo habían puesto todo perdido. A cambio de aceptar sin rechistar al emperador y sus tributos, se concedió a los derrotados la ciudadanía y se les permitió mantener su religión y sus dioses, singularmente uno con gafas, al que se le pensaba erigir un templo chulísimo en Madrid. A falta de colocar la primera piedra, se habían expedido todos los permisos necesarios hasta que ha llegado el senador Espinar con las rebajas: adórese a Errejón si se quiere, pero yo pongo los sacerdotes.

Reabrir las hostilidades no es muy inteligente, en un momento en el que el adversario principal se cuece en su propio jugo y todo está preparado para un banquete pantagruélico con Cifuentes de plato principal, que más temprano que tarde se servirá al punto. Y si bien parecía razonable proclamar ya a quien estaba llamado a disfrutar de las viandas y brindar por un tiempo nuevo, sentarle en una mesa rodeado de extraños, como suele hacerse con el amigo pesado al que se invita a las bodas, no es la mejor manera de hacerle sentir cómodo.

Despierta Errejón mucha desconfianza en la guardia pretoriana de Iglesias, quizás porque la vida da muchas vueltas y nadie te asegura que, a unas malas, se ciña la corona de laureles y le dé por depurar a los depuradores. De ahí que se vigile cada uno de sus pasos y se le pretenda atar en corto, de manera que no llegue a representar un verdadero peligro. ¿Qué pasaría si Errejón lograra auparse a la presidencia de la Comunidad de Madrid y meses después los resultados de Podemos en las elecciones generales fueran decepcionantes?

Ese es el quid de la cuestión y, posiblemente, la razón por la que Espinar, que no deja de ser un simple gobernador de provincias, quiere hacerle pasar bajo las horcas caudinas de aceptar su nominación como candidato en unas primarias anticipadas y distintas a las que se elegirá al resto de miembros de su candidatura. Errejón ha puesto, lógicamente, pie en pared e Iglesias le ha llamado la atención porque la habitación está recién pintada: “Ni media tontería”.

Tiene Podemos la oportunidad de demostrar que ha acabado con su absurda guerra de trincheras y enterrar esas rencillas personales que tan poco importan a sus votantes. Los rivales no están dentro sino fuera y conviene pasar página de las afrentas pasadas, de los rencores reconcentrados y de su insoportable olor a vinagre. Mantener las heridas abiertas atraerá irremediablemente a las moscas.