Opinion · Tierra de nadie

Un entierro de primera para Cifuentes y el rector

Amortajada por su partido y con los caballos con gualdrapas y penachos negros de plumas esperando para tirar del landó con la cajita de pino, la todavía presidenta de Madrid ha decidido morir matando y llevarse por delante al rector de la Rey Juan Carlos, Javier Ramos, quien a su vez había optado por matar antes de morir y, en el tumulto y a bocajarro,  dar a Cifuentes el tiro de gracia. Es la lectura que hay que hacer de las cartas hechas públicas hoy en las que ambos se tiran los másteres a la cabeza.

Sin disculpar a la rubia de la curva, que ya es un fantasma más grande que su título, lo de Javier Ramos es de una hipocresía cum laude. El ingeniero Ramos, delfín del rector de los plagios, el mismo que cerró la investigación contra los corta-pega de su mentor con un aquí paz y después gloria, se nos presenta como el adalid de la ética, el guardián que velará de manera implacable para devolver a su Universidad el prestigio perdido.

En un artículo que ha publicado El País, Ramos reconoce “irregularidades”, “errores” y “mala praxis” y anuncia que, “de confirmarse en delito de falsedad documental”, algo que da por hecho, solicitará al Ministerio de Educación que retire el máster a Cifuentes. “Quiero manifestar que, a partir de ahora, cualquier nuevo caso de corrupción académica o económica que descubramos en nuestra Institución, no vamos a considerarla como un caso más, sino como un caso menos, que nos acerca a la máxima integridad moral”, escribe el excelentísimo señor Rector. En definitiva, que lo de Cifuentes es corrupción, pero en vez de dimitir por haberla consentido y correr en su defensa con una acta falsificada, el Magnífico anuncia una nueva etapa en la que alfombrará los campus de ética, transparencia y buen hacer.

Cifuentes, que ahora que está más muerta es cuando menos se hace la rubia, le ha respondido con una carta personal, que recoge OK Diario, en la que traslada a la Universidad todas las irregularidades que hubieran podido cometerse. Empaquetada la mierda y enviada al rector con acuse de recibo, hace responsable a la Rey Juan Carlos de las falsificaciones de firmas y singularmente a Ramos, que primero le remitió a través de su secretaría un acta “que no había sido solicitada por nosotros” y quince minutos después anunció una investigación reservada por las dudas sobre su autenticidad. Cifuentes reprocha a la URJC las facilidades que le dieron y que nunca debió aceptar, acusa a la Universidad de pasarse por el forro la ley de Protección de Datos y, finalmente, comunica que renuncia a usar el título del máster, que ya iba siendo hora de dejar de mentir en el currículo.

A estas alturas, el duelo resulta más bien cómico y hace casi imposible determinar quién de los dos tiene la cara mas dura. Sería muy conveniente que la carroza fúnebre preparada para Cifuentes hiciese hueco al rector, que también se merece un entierro de primera, de esos con sacristanes, monaguillos, sacerdotes con hisopo y caballos enjaezados. No hay que dejar que se pierdan estas tradiciones.