Opinion · Tierra de nadie

Primero mis dientes y luego mis parientes

Lo que no podía ser, fue. Con el punto de apoyo del PNV, que tiene unas espaldas de molinero, Rajoy ha demostrado con nocturnidad que para mover el mundo o aprobar los Presupuestos y eternizar su agonía le bastaba con hacer palanca. Tenemos un presidente que es Arquímedes, con la diferencia que el de Siracusa es conocido por tener al menos un principio mientras que al del PP ya no le queda ninguno, si es que alguna vez dispuso de ellos.

Sumergido en ese fluido marrón que algunos finamente llaman deyección, Rajoy ha creído que volvería a experimentar el empuje hidrostático necesario para flotar, pero la física tiene sus leyes y la densidad del presidente es mucho mayor que la montaña de excrementos en la que acabará hundiéndose hasta la barba y más allá. Lo dicen esas encuestas que auguran en los feudos del PP más vuelcos que un cocido y lo sugiere felizmente la toma de conciencia de quienes contemplaban indolentes cómo el país braceaba entre la mierda hasta que un olor nauseabundo se hizo fuerte en sus terrazas. Es el fin de la indiferencia.

Admirable en el reino animal, el instinto de supervivencia de esta persona de la que estamos hablando no es sino el reflejo de un egoísmo existencial que sacrifica todo a su paso. Tipos así prenderán fuego a la casa del vecino para calentarse el desayuno o ejecutarán en la plaza pública y a la hora convenida su propia palabra, de un tajo y sin remordimientos. Primero son mis dientes y luego mis parientes. Guillotinada por el camino quedó Cifuentes, que si hubiera sabido el destino de su cabeza hubiera prestado menos importancia a las cremas hidratantes. Tan muertos como ella quedaron los vetos a revalorizar las pensiones de acuerdo al IPC, haciendo bueno al tarambana de Paulo Coelho cuando decía que lo imposible es solo una opinión.

Rajoy quiere salvarse y para ello viaja al fondo del mar matarile rile rile sin esperanza alguna de encontrar las llaves. Del sus alas de plomo son conscientes en un PP desarbolado y náufrago que contempla incrédulo cómo sus adversarios juegan con el muñeco por si les puede prestar algún servicio. Lo ha hecho el PNV con su acuerdo presupuestario, creyendo retrasar así el advenimiento de Ciudadanos y su líder veleta; lo está haciendo Rivera, que sigue en el campanario esperando sin prisas a que se consuman los últimos jugos del morcillo antes del atracón; y hasta Pedro Sánchez ha echado agua al guiso –“el PP no está tan mal”- temeroso de no llegar al banquete en condiciones de llevarse a la boca algo más que migajas.

El Gobierno resiste con el único proyecto de preservar a su soldado estatua, cuya supervivencia se antepone a los intereses generales mientras el país habla del tiempo y de sus inclemencias. Este será el año de las alergias. Se precisa un talismán que reemplace a la mano izquierda de Santa Teresa que Franco guardó durante 40 años en su mesita de noche, algo que cambie la suerte. Ya no quedan brazos incorruptos pero el PP los sigue buscando.