Opinion · Tierra de nadie

La jodienda del PP no tiene enmienda

Si hubiera una graduación en los cortes de mangas, el de cojones vendría a ser un 9 en la escala de Richter, una peineta devastadora capaz de teletransportar en un abrir y cerrar de ojos a los jubilados que ponían a caldo este sábado a Rajoy en Alicante hasta las inmediaciones de alguna obra donde comentar entre ellos la evolución de los trabajos, su sitio natural donde esperar la muerte antes de que les diera por convertirse en alborotadores que piden subidas dignas de sus pensiones. Lo nunca visto.

Este tipo de gestos está al alcance de muy pocas personas, y una de ellas es, al parecer, la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, la estratega de los silencios presidenciales, de la que se pensaba que sus poderes se reducían a hacer caer la audiencia de TVE dándole programas a Carlos Herrera. De no haberse contenido este fin de semana, de no haberse limitado a expresar en voz baja sus deseos, el corte de mangas y el que se jodan, hubiéramos tenido un disgusto. Que los pensionistas se anden con ojo a partir de ahora.

Hay quien se ha apresurado a pedir la dimisión de la jefa de prensa del presidente por faltar el respeto a estos insurrectos canosos sin reparar en su coherencia y en su fidelidad a la causa. El ‘que les jodan’ es la filosofía que inspira la acción de este Gobierno, ya se trate de jubilados, parados o trabajadores en general, la piedra angular de su manera de relacionarse con sus potenciales electores. No dijo, por tanto, en privado nada que no se venga haciendo en público y se rubrique en el BOE.

Lo único criticable sería el ensañamiento. Nos habíamos quedado en Cela y en la diferencia entre el gerundio y el participio y distinguíamos perfectamente entre estar jodiendo y estar jodido, entre la noche y el día. Pero lo que viene ejecutando el PP es una vuelta de tuerca que suma el imperativo al presente continuo. Pedir que se jodan a quienes ya están jodidos es un llover sobre mojado muy sádico que refleja una sensibilidad similar a la del papel de lija de grano grueso.

Más que un Gobierno tenemos un Joder Ejecutivo que no se para en barras y que siempre encuentra portavoces. Un día es Andreíta Fabra que se despepita con los parados y les desea un fornicio existencial; otro es Rafa Hernando el que exige a los jubilados que se postren de hinojos y besen por donde pisa Rajoy, que es hombre de largas caminatas; ahora le toca el turno a Martínez Castro, quien siguiendo el ejemplo de Bárcenas a su vuelta de unas estresantes jornadas de esquí en Canadá, ha amenazado con un giro de muñeca y un dedo corazón levantado, ese ‘digitus impudicus’ con el que los romanos llamaban sodomitas a quienes apuntaban.

Es una ironía que la responsable de Comunicación que nunca comunica, la marmórea lugarteniente de la estatua presidencial, la ideóloga de las ruedas de prensa sin preguntas, haya decidido anunciarnos su existencia de esta forma tan explícita. La jodienda del PP no tiene enmienda. Que nos den.