Opinion · Tierra de nadie

Rivera está de moda

Los chicos de Davos, el foro donde los poderosos reflexionan sobre lo mal que está todo gracias a ellos, han incluido a Albert Rivera en su inventario de jóvenes top del mundo, un listado de 100 personas menores de 40 años que apuntan maneras y del que ya formó parte Macron hace un par de años, lo que son palabras mayores. Encantado de conocerse, el de Ciudadanos se ha venido arriba y ha presentado estas horas atrás su candidatura a los Oscar con una magistral interpretación sobre la ruptura en política que más que cine es puro teatro.

Con el notable alto del CIS bajo el brazo, se veía venir la escenificación de esta peleíta de gallos entre Rivera y Rajoy, una guerrita de juguete con la que el ‘joven líder mundial’ pretende marcar territorio de forma mucho más higiénica que a la manera canina y tradicional, que luego no hay que quite el olor de las alfombras. En su plante de este miércoles, en su hasta aquí hemos llegado, Mariano, hay un reivindicación actoral del ‘also starring’ de la derecha que ya no se conforma con el papel de secundario.

Romper el acuerdo sobre la aplicación del artículo 155, como Rivera ha proclamado solemnemente, no tiene ningún efecto práctico salvo el de confirmar a esos potenciales votantes que parecen abrazar el naranja como color de moda que es posible adelantar al PP por su lado diestro sin poner intermitente. Aquí no rige el Código de la Circulación ni nadie le va a retirar el carnet por puntos por repudiar a Rajoy un día y abrazarlo al siguiente ya que todo lo hace por el bien de España, una tarea muy exigente que admite bandazos, bipolaridad y dobles raseros.

Ciudadanos acusa al PP de someterse a los dictados del nacionalismo y de no recurrir al Tribunal Constitucional el voto delegado de Puigdemont y de Comin para facilitar que se forme de una puñetera vez gobierno en Catalunya, se pueda levantar la intervención de la Generalitat y ello permita al PNV apoyar los Presupuestos del Estado, lo que prolongaría la vida útil de Rajoy hasta el 2020. Y lleva toda la razón.

Ahora bien, si de verdad quisiera impedirlo le bastaría con retirar el apoyo de Ciudadanos a las cuentas de 2018, donde se dispone a ejercer su tradicional papel de báculo junto a los nacionalistas vascos aunque por motivos bien distintos. A Rivera le interesa que Rajoy se siga consumiendo y al PNV no precipitar un adelanto electoral que pueda encumbrar a mister Orange. Ambas razones les condenan a ser esos extraños compañeros de tálamo que tantas veces produce la política, ese toque de sexo prohibido que alimenta el morbo y espanta a los mojigatos. La anunciada ruptura del acuerdo sobre el 155 es un intento de velar esta tórrida escena de cama que exige el guión y que convierte la ejemplar vida de Santa Teresa en una nueva entrega de Emmanuelle.

El ‘aprovechategui’, en acertada definición de Rajoy, se ha beneficiado del menosprecio de sus adversarios, que nunca le dieron excesiva importancia y creyeron que bastaba con descalificativos groseros para reducirle a la insignificancia. Ni la acusación de falangismo ni la de ser la marioneta del Ibex han calado, al parecer, en una opinión pública henchida de otro nacionalismo, el español, que ha despertado con hambre atrasada.

A Rivera se le perdona todo: que sea el regenerador que nada regenera, que abandere la lucha contra la corrupción y la perpetúe o que encarne el gatopardismo más flagrante. Simplemente, está de moda y es difícil luchar contra las tendencias y las campañas publicitarias. Es la estrella de la colección primavera-verano de Zara. Veremos si resiste los fríos en manga corta.