Opinion · Tierra de nadie

Esa persona que no dimite

Desde Marisol sabemos que la vida es una tómbola y que está muy bien eso de convertir el muro de la adversidad en un peldaño siempre y cuando la calamidad no tenga la silueta del Annapurna. Tan felices se las prometía Rajoy con sus Presupuestos y su respiración asistida hasta 2020 que no vio llegar el cataclismo de Gürtel, esa sentencia de la que usted me habla, ese infortunio inexpugnable que ya es su tumba política sea cual sea el resultado de la moción de censura de  Pedro Sánchez. Hoy personas, mañana estatuas. No somos nadie.

Cuentan que el fallo dejó a Rajoy noqueado y que hasta hubo debate en el Consejo de Ministros del pasado viernes sobre la conveniencia de adelantar las elecciones, posibilidad que el PSOE conjuró con el registro de la moción sin esperar siquiera a debatirla en su Ejecutiva. Hay quien vio, incluso, en el detalle de que despejara su agenda indicios de que el presidente sin credibilidad se había liado la manta a la cabeza y se planteaba dimitir, un suceso que por extraordinario hubiera sido digno de un especial de Cuarto Milenio. “Es una persona que no dimite”, constató este lunes entre convencido y resignado el portavoz del Ejecutivo, Iñigo Méndez de Vigo. Lo que se preveía.

Así que tras la comprensible zozobra inicial, el desacreditado inquilino de la Moncloa se ha apresurado a encastillarse, cambiando las cerraduras de palacio para que Sánchez tenga que llamar al timbre. Dos han sido sus movimientos: el primero, acelerar el debate de la moción y fijarla para este mismo jueves por si al resucitado le daba por negociarla para obtener los apoyos necesarios; el segundo, apartar de las vistillas en las que se decide si los condenados de Gürtel han de entrar en prisión al magistrado José Ricardo de Prada, el miembro del tribunal que impuso el criterio de que el PP se lo llevó crudo con Correa y sus mariachis. La decisión correspondió al Consejo del Poder Judicial y se adoptó con el voto de calidad de su presidente, ese amigo de la casa llamado Lesmes.

Habrá que esperar muy poco para comprobar si la maniobra prospera y evita que la señora de Bárcenas, Rosalía Iglesias, dé con sus huesos en la trena mientras la sentencia no sea firme. Salvaguardar a la dama es, al parecer, la condición impuesta por el extesorero para no tirar del edredón y destapar a Rajoy, primero por los pies y luego bastante más arriba. La entrevista con Bárcenas que hoy publica el diario El Mundo es suficientemente ilustrativa: “Su entorno ha llegado a asegurar que usted tiene todavía varias cajas con material sensible sobre la financiación del PP que mantiene a buen recaudo. Incluso ha llegado a asegurar que dispone de grabaciones con la cúpula del partido. ¿Es cierto?”, se le inquiere. “Pregúntele a mi entorno”, responde. El silencio del extesorero  ya empieza a ser un murmullo.

Todo ello apuntala la impresión de que la resistencia numantina de Rajoy no es sólo un intento de batir un récord de permanencia en Moncloa sino la expresión de un temor fundado a que, fuera de sus muros, el manso toro de la Justicia acabe por empitonarle. La de Damocles vendría a ser un verduguillo en comparación con la tizona que pende sobre la cabeza de este hombre.

Falta por saber si el partido, siempre tan egipcio y tan inclinado a hacerse enterrar en la pirámide con el Ramsés de turno, aceptará esta vez el sacrificio, en un momento en el que miles de cargos públicos ven peligrar sus lentejas con chorizo, que esta gente no es de legumbres viudas a palo seco. Por abajo, se alerta ya de la desbandada hacia Ciudadanos, que es como mudarse al mismo barrio. Por arriba, es de suponer que se incrementarán las presiones para soltar el lastre que supone el gallego, que no es de los que tragan fácilmente la cicuta.

El asunto, por tanto, no está en saber si el PSOE sacará adelante o no la moción de censura porque de esta batalla no depende el resultado de una guerra que ya está perdida, tal y como ya reflejan las encuestas. ¿Qué cabría esperar a partir de ahora de esta legislatura muerta? ¿Quién se atreverá a negociar la financiación autonómica o la reforma de las pensiones con el purulento difunto, salvo quizás el veleta de Rivera que parece venir vacunado de fábrica? Rajoy, tal es su costumbre, ha vuelto a sentarse con la esperanza de que pase la tormenta, aunque esta vez las predicciones son bíblicas y apuntan a que no escampará. El diluvio ha pillado al PP sin arca ni paraguas. Demasiada agua para estas ranas.