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Buscando padrinos a Frankenstein

30 sep 2009
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Frankenstein, el monstruo que, según el ex ministro Sevilla, ha alumbrado la vicepresidenta Salgado en su parto presupuestario, llegó ayer al Congreso mientras Zapatero empezaba a ocuparse personalmente de buscar padrinos a la criatura. En este mercado persa anual que es la negociación de las cuentas del Estado tiene el presidente acreditada fama de vendedor de alfombras, por lo que no hay que fiarse del rechazo general al proyecto suscitado a diestra y siniestra. Creer que partidos como Esquerra, cuyo portavoz fue ayer a Moncloa a palpar el género, va a rechazar unas cuentas que suponen para Cataluña más de 3.800 millones de financiación adicional es como imaginar un mundo con chuches sin IVA, al estilo de Rajoy. Así que, si no hay otro remedio, los republicanos se llevarán la alfombra y, ya puestos, un kilim para el pasillo.

Las opciones del Gobierno para sacar adelante los Presupuestos son tan variadas que sorprende no sólo la implicación directa de Zapatero, algo que pone en cuestión las capacidades de su amigo y portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso, sino el frívolo tacticismo con el que se pretende culminar la subida de impuestos, abierta, según parece, a que sean otros partidos de izquierda quienes aprieten las clavijas a las grandes fortunas o promuevan la ecotasa a cambio de su respaldo parlamentario. Conceptualmente es meritorio -no se consigue apoyos con más gasto, como es habitual, sino con más ingresos- pero traslada a la opinión pública que la arquitectura fiscal del país está en almoneda.

La estrategia seguida para comunicar a la ciudadanía que los parados no viven del aire, que hay que sostener la inversión pública para reactivar la economía, que las pensiones más bajas, que siguen siendo miserables, no pueden pagar el pato de la crisis, que los dependientes exigen atención, o que si se quiere una Justicia más moderna habrá que tener más jueces y comprar algún que otro ordenador, ha sido lamentable. Nunca una subida de impuestos estuvo más justificada y nunca fue peor explicada.

Además, se ha desaprovechado la ocasión para modernizar una fiscalidad que reposa sobre los hombros de los asalariados, rebosa fraude y grava más al trabajo que a la especulación. Ello no impedirá que Frankenstein salga adelante. Salgado, que lo ha parido, dice que le gusta porque es austero y tiene su misma nariz.

El lío de los poderosos

29 sep 2009
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Lo del poder, al parecer, es cosa interpretable, de tal guisa que no hay manera de identificar completamente a los poderosos. Siempre fue poderoso Don Dinero, pero también lo han sido el amor, la verdad, el conocimiento o la información. Gandhi era poderosísimo y quizás por eso Einstein afirmaba que la paz era la bomba más potente. Hay gente que tiene facilidad para detectar el poder y se inclina en su presencia, como aquel genuflexo ministro Piqué ante Bush, y otros que lo reconocen para rebelarse. El poder puede ser justo o arbitrario y los que lo ejercen han de ir con cuidado para que no les estalle en la manos.

Zapatero, sin ir más lejos, se colgó la medalla de haber dicho no a los poderosos y le frieron a fotos sonriendo a banqueros con tirantes. Ha tenido que aclarar que los poderosos a los que se refería era quienes le pedían abaratar el despido mientras le exigían a un tiempo ayudas públicas para sus sectores y rebajas de cotizaciones. En el retrato robot del presidente encajan la CEOE y su presidente Díaz Ferrán, que de ayudas públicas, por cierto, sabe bastante. El de la patronal se defendía ayer diciendo que el único poderoso es Zapatero porque maneja ese arma de subvención masiva que es el BOE. Y que miente quien diga que los empresarios han pedido reducir en cinco puntos sus cotizaciones sociales o abaratar el despido, ya que su interés es acabar con la temporalidad.

La confusión ha llegado a un punto en el que tildar a alguien de poderoso empieza a considerarse un insulto, y por eso se atribuye esa condición al líder de la UGT, Cándido Méndez, cuyo poder residiría en haber convencido a Zapatero de que un país capaz de destruir 1,8 millones de empleos en dos años no tiene problemas con el despido sino con sus empresas. En eso, y en que, según sus críticos, cena mucho en Moncloa y de ahí no puede salir nada bueno.

Resumamos: la CEOE ha planteado un contrato para despedir a capricho con una indemnización máxima de 20 días por año, pero eso no es proponer abaratar el despido; de los 16 millones de contratos firmados por los empresarios en 2008, 14,6 millones fueron temporales a su pesar; la patronal justifica la falta de competitividad en que pagan cinco puntos más de cotizaciones pero no han pedido rebajarlas en esa cuantía. Y, por último, Díaz Ferrán no es poderoso. En esto, puede que hasta lleve razón.

El teorema del pato

26 sep 2009
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El del pato es un teorema tan infalible como el de Pitágoras. Si algo que parece un pato tiene el pico y las patas de pato, se mueve como un pato y tanto su cabeza como su cuerpo se asemejan a los de un pato, aunque sean de un pato diferente, es que estamos ante un pato y no frente a un pollo que va a una fiesta de disfraces. Pues bien, el caso de los trajes de Camps se parecía tanto a una trama de financiación del PP que, al final, han terminado por saltar las plumas como en una batalla de almohadas.

Había que ser muy pato para no darse cuenta de que si un señor con bigotes te regala trajes con ceñidor trasero no es impulso -como el del desconocido que ofrecía flores a la maciza del anuncio- sino un pago por servicios prestados, tal y como ha puesto de manifiesto la Brigada Policial de Blanqueo. La operativa era tan cutre como la de Filesa, lo que demuestra que se ha avanzado muy poco en esto de la financiación ilegal de partidos: el amigo del alma de Camps le hacía un trabajito al PP y de pagarlo se ocupaban contratistas habituales de la Generalitat. Todo con su contabilidad B y su doble facturación, y con la mano derecha de Camps en el partido y en el Gobierno al tanto o, incluso, canalizando la pasta.

El asunto reviste especial gravedad porque del informe policial de casi cien folios se desprenden la comisión de varios delitos, ante los que un juez llamado De la Rúa, otro declarado amigo del alma del presidente valenciano, se ha tapado los ojos para exculpar al elegante Camps y a su cuadrilla. Por si eso no bastaba, se apresuró a archivar el documento en la papelera. ¿Presentará también por esto una querella Manos Limpias o se le ha terminado el jabón a la ultraderecha? ¿Qué tiene que decirle a su independiente colega el Consejo General del Poder Judicial?

La actitud de Rajoy ante las evidencias de corrupción ha sido la esperada: “Si alguien quiere embrollar, pues evidentemente puede hacerlo”, ha dicho llamándose a andana; Camps, cuando se le pregunte, dirá que está muy contento; De Cospedal explicará que ésta es la prueba definitiva de que el Gobierno ha enviado a la Policía a espiarles; y Sáenz de Santamaría lo incluirá en ese informe sobre la persecución al PP que nunca presenta. De la corrupción en la que se macera el partido nadie dirá ni pío, y con razón. Esto no es un pollo; es el pato Donald.

Conciliando en Nueva York

24 sep 2009
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El viaje de Zapatero a Estados Unidos no pasará a la historia por su propuesta de que los países más avanzados destinen el 0,7% de su PIB a energías limpias, ni por su vigésimo apretón de manos con Obama, ni siquiera por sus contribuciones a la interminable refundación del capitalismo que rodará en Pittsburg otro de sus aburridos e inservibles capítulos. Lo que se recordará es que el presidente se ha llevado a sus niñas de gañote en el avión oficial para hagan turismo por la Gran Manzana y compren estatuas de la libertad en escayola policromada.

Llevar la familia al trabajo cuando uno no puede llevarse el trabajo a casa es una muestra perfecta de conciliación, aunque en este caso sea discutible la oportunidad y la estética. Para atestiguar lo primero bastaría con preguntarse cuántos mandatarios se han hecho acompañar de su prole o cuántos miembros del séquito monclovita han embarcado a sus retoños para que contemplen el skyline neoyorquino y se zampen una hamburguesa; de lo segundo, resulta muy difícil justificar que los bienes públicos sean polivalentes, y atiendan a la vez las necesidades oficiales del presidente y el afán turístico de su familia, aunque éste último no implique costes adicionales. Si se trata de aprovechar las plazas libres habrá quien pida que le dejen apuntado en lista de espera.

Tras la polémica artificial sobre el uso del avión oficial para desplazamientos a actos del PSOE -un debate absurdo, ya que el presidente del Gobierno lo es en cualquier circunstancia, incluso cuando duerme la siesta-, que Zapatero cruce ahora con sus hijas el charco no deja de parecer un hágase mi voluntad, un si no quieres té toma tres tazas, un rapto de soberbia. Esto es lo criticable y no, como se ha dicho, que las niñas pierdan clases; al fin y al cabo, viajar es muy educativo y se conoce gente.

Es verdad que los presidentes de EEUU recorren el mundo con la familia a cuestas sin que nadie se escandalice, pero aquí los políticos no se echan al hombro un Winchester de repetición para captar el voto de la Asociación Nacional del Rifle. Cada democracia tiene sus códigos. Las hijas de Zapatero tienen derecho a conocer Nueva York y sus padres a acompañarlas. Si se tratase de unas vacaciones, nada habría que objetar al uso del dichoso avión. El caso es que Zapatero no ha ido a ver los escaparates de la Quinta Avenida.

La soledad y las malas compañías

23 sep 2009
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En Japón se inventan cosas rarísimas. Al principio de la crisis crearon la figura del vigilante de acantilados, un probo funcionario cuya misión consiste en recorrer los precipicios y convencer a los tentados por el último vuelo de que la vida puede ser maravillosa, que diría Andrés Montes, aunque el banco te embargue la casa o los nuevos dueños de Opel te pongan en la calle para cuadrar los balances. Ahora, han dado a luz al teleamigo, un servicio por el que puedes alquilar desde una suegra a un equipo de fútbol, con sus reservas y todo. Es la panacea contra la soledad y contra las habladurías, a condición, lógicamente, de que uno alquile siempre la misma suegra.

Lo de la soledad es una afección universal. Aquí mismamente se ha dicho que Zapatero está solo, y eso es un estigma terrible porque la gente tiende a suponer que aquello que sostenía Celaya de “a solas soy alguien; en la calle, nadie” es únicamente el consuelo de quienes no tienen con quien tomarse unas cervezas. De Rajoy se aseguraba lo mismo antes de que ganara las elecciones gallegas, lo que viene a demostrar que la soledad va por barrios y que no hay nada mejor que un triunfo electoral para que se te llene el móvil de mensajes y el salón de casa de amigos del alma en expectativa de destino bien remunerado.

Es discutible que el teleamigo japonés pudiera triunfar con Zapatero, porque podría sospecharse, y con razón, que el grupo de ojos rasgados que rodea al presidente y le hace fotos es un atrezzo y no la ex prensa amiga que le prepara un reportaje. Se impone por tanto españolizar las prestaciones, algo parecido a lo que ha propuesto Ibarra con la Sanidad pública que, según el extremeño, se llena de turistas prostáticos de los Países Bajos que vienen a operarse por la cara. Ibarra presume de ser amigo de Zapatero, aunque, en ocasiones como ésta, cualquiera se haría acompañar de un señor de Osaka antes que de nativos de pura cepa que sueltan semejantes tonterías.

Los males de la soledad son, en cualquier caso, interpretables. Hay quien se queda solo denunciando que es una vergüenza que se arrojen al fuego de los bancos miles de millones de euros mientras se recorta la ayuda al desarrollo o se escatima con los subsidios a los parados; o que un gobierno de izquierdas trate a los inmigrantes como mercancía defectuosa a devolver a portes pagados. ¿Es acaso un loco?

Lecciones de periodismo

22 sep 2009
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Cuando proceden de una autoridad en la materia, las lecciones sobre periodismo siempre resultan instructivas. Este domingo el diario El País ofrecía una clase magistral a cargo de su director, Javier Moreno, quien, en animada charla con la defensora del lector, Milagros Pérez Oliva, defendía la “misión y obligación” que tenía su “independiente” periódico de criticar con dureza la política económica del Gobierno, sin que ello deba interpretarse como una reacción colérica a la aprobación de la TDT de pago y a las consecuencias que dicha decisión podrían tener para la cuenta de resultados de su conglomerado mediático. En consecuencia, si El País es más duro con el Gobierno es por el “deterioro objetivo y cuantificable de la situación económica”, es decir, por el interés general.

El alegato de Moreno “en defensa del periodismo y de la dignidad de la redacción” concluía afirmando que en su diario “nadie escribe al dictado”, lo cual es una verdad inobjetable. En el periódico que se censura a un columnista por decir que “cualquier día en cualquier empresa van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños”, que invita a otro a pedir la cuenta por sus opiniones contrarias a la línea editorial –“esa contradicción ha sido superada”, afirmó el difunto Polanco mientras extendía el finiquito-, que prohíbe publicar una tribuna porque critica la política antiterrorista del Gobierno, o que envía a un redactor de Economía a Deportes por publicar un libro en una editorial ajena al grupo, no se dictan los artículos. Es evidente.

La detallada lección del director no incluía, sin embargo, la respuesta a dos inquietantes preguntas. ¿Entraba dentro de las funciones de su jefe, Juan Luis Cebrián, consejero delegado del imperio de comunicación más importante del país, visitar a los líderes de CiU y presionarles para que votasen en contra de la citada TDT de pago? ¿En qué tipo de “brujo visitador” se ha convertido el académico Cebrián?

Según la defensora del lector, en su apostilla final a la declaración de Moreno, la sospecha de que se actúa por intereses propios “crea desafección” hacia el periodismo, por lo que es un imperativo democrático demostrar que hay medios –El País, se supone- que no usan su influencia “para defender sus intereses empresariales”. Esto sí que es un trabajo y no los de Hércules.

El modesto sueldo de un banquero

19 sep 2009
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Con notable perspicacia, Europa ha descubierto que los banqueros tienen la arraigada costumbre de llevárselo crudo, y que ello les impele a repartirse el dinero de la caja, aunque la calderilla allí acumulada proceda de las ayudas públicas que evitaron la quiebra de sus entidades. A tal efecto, en la UE se han puesto de acuerdo para que el G-20 de la próxima semana limite los bonus de estos destajistas del capital, auténticas máquinas de generar riqueza para ellos y sus familias.

La amenaza es tan seria como la conjura de meses atrás para liquidar los paraísos fiscales, y la prueba es que algunos ejecutivos han decidido instalarse en las islas Caimán, que a estas alturas debía ser ya un ex paraíso, para seguir cobrando sus modestos estipendios. Naturalmente, aquí nada de esto nos afecta porque somos una burbuja de prudencia en el océano de la desmesura. A diferencia de lo que pasaba en el resto del mundo, nuestra banca era solvente y no tenía activos tóxicos, aunque para disimular dedicamos 30.000 millones de euros en comprar su morralla triple A y hemos habilitado otros 99.000 millones por si hay naufragios imprevistos.

De hecho, aquí los sueldos son muy bajos, tanto que el primer banquero del país, Emilio Botín, asegura ganar menos que su adjunto, Alfredo Sáenz, todo un ejemplo de buen gobierno bancario. Sáenz cobra en torno a los 10 millones de euros al año, y recibirá cuando se jubile una cantidad que crece anualmente y que ahora debe rondar los 60 millones de euros, no vaya a ser que el Estado no pueda pagar las pensiones. En el BBVA, que ya no paga fondos de pensiones a sus consejeros en Jersey, su presidente Francisco González se bajó el sueldo este año hasta los 5,3 millones. Si fuera despedido se llevaría 93,7 millones, algo más de 45 días por año, mientras que más de 100 millones le esperan a su jubilación. Lo dicho, mesura.

No está claro que EEUU respalde esta iniciativa, por mucho que Sarkozy haya amenazado, como en la pasada cumbre de Londres, con levantarse de la silla e irse de Pittsburg si no hay un acuerdo. Cualquier día este hombre da un portazo. Mientras, a uno le viene la cabeza la declaración de principios del banquero anarquista de Pessoa: “Me serví de cuanto pude –el estraperlo, el sofisma financiero, la mismísima competencia desleal-. ¡Y qué!”. Pues eso.

Un repertorio de culpables

18 sep 2009
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Ahora que nos hemos dado cuenta de que el sistema educativo es un desastre, convendría afinar en un reparto de culpas que, por el momento, atribuye responsabilidades a los niños asilvestrados; a los padres que lo consienten; a los libros, que son malos y caros; a los políticos que hacen las leyes; y a los centros, que dan mal de comer y tienen goteras en el gimnasio. Los únicos inocentes de este drama son, al parecer, los profesores, a los que hay que compadecer por haber asistido silentes a una degradación de la que son activos protagonistas.

Quizás sea incorrecto afirmar que hay profesores malísimos, que se dedicaron al Magisterio porque era una carrera corta y con muchas vacaciones, o que, siendo cierto que han existido casos de agresiones –también a arquitectos, médicos o periodistas- , la docencia no es una profesión de alto riesgo ni requiere estar en posesión del cinturón negro de kárate para afrontar sin sobresaltos una clase de matemáticas. Dicho lo cual, cualquier iniciativa que pretenda conferir la condición de autoridad pública a los educadores no puede sino ser aplaudida, la haga Esperanza Aguirre o su porquero.

Repartidas las culpas, a quien habría que ajustar las cuentas entre todos es a esa generación de pedagogos que inspiró la Logse, gracias a la cual se extendieron ideas como que la enseñanza tenía que ser divertida, algo muy útil para desentrañar el misterio de una raíz cuadrada, y, sobre todo, debía ser democrática, colocando en un mismo plano a alumnos y profesores. Es increíble pero hay tipos con cátedra de Didáctica que combaten la existencia de estrados en las clases o los retretes exclusivos para profesores, de lo que se desprende que una buena educación no sólo ha de evitar los azotes sino que requiere micciones interclasistas.

Genios de este porte son los que defienden que memorizar es muy negativo para la mente de nuestros retoños, aunque resulta evidente que difícilmente se puede manejar un diccionario sin antes tener memorizado el alfabeto; o que la misma enseñanza ha de ser obligatoria para todos hasta los 16 años, lo que impide derivar hacia el aprendizaje de algún oficio a niños cuyo interés por el estudio es nula y su principal actividad consiste en distraer al compañero o retar al profesor. Puede que la educación precise un pacto, aunque cualquiera se conformaría con algo de sentido común.

Del insulto al eufemismo

17 sep 2009
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Lo más revelador de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en la que ordena que se readmita o se indemnice al trabajador que fue despedido por llamar “hijo de puta” a su jefe es la constatación de que asistimos a una degradación social del lenguaje con la que hay que ser indulgente, porque lo extraño es que en una discusión no haya alguien que se acuerde de la madre que te parió o te invite a practicar la sodomía con el palo de una escoba.

En política abundan ejemplos de este tipo porque nuestros servidores públicos son permeables a los usos sociales, salvo cuando llevan el discurso escrito o lo leen en un telepronter como las chicas del telediario, tal es el caso de Esperanza Aguirre en la Asamblea de Madrid. En el Congreso, Bono pasa el típex por el Diario de Sesiones cuando escucha un insulto, pero aún así hay que ir preparado. A Durán le han llamado “gilipollas”; a Llamazares, “maricón”; a Aznar, “marrano”, a Alonso, “payaso”; y así. Tenemos tan a punto el improperio, que fue salir del coma Jesús Neira y referirse a Zapatero como “un jovencito que dice imbecilidades”. Poco antes el Gobierno le había concedido la Gran Cruz al Mérito Civil por defender “nuestra dignidad como sociedad”.

Lo peor del lenguaje político no es que esté degradado, es que se ha pervertido para conseguir que las palabras pierdan su significado primigenio y disfracen la realidad hasta hacerla irreconocible. Esto es lo que ha hecho posible que Guantánamo no fuera un centro de torturas sino un “limbo jurídico”, que la ocupación de Irak o Afganistán sean guerras “por la libertad y la democracia”, que al despido libre se le llame flexibilizar el mercado de trabajo, que la corrupción del PP sea una conspiración de los socialistas o que Marichalar y la infanta Elena no se separen sino que acuerden “un cese temporal de su convivencia matrimonial”.

Acodados en la barra del eufemismo, causa sorpresa que la ONU se haya atrevido a acusar a Israel de crímenes de guerra y contra la humanidad en su ofensiva contra Gaza (1.400 muertos, 800 civiles), aunque para ello haya tenido que hacer lo mismo con Hamás, cuyos acciones causaron 13 muertos, tres de ellos civiles. Llamar a las cosas por su nombre no implica que finalmente se haga justicia, pero desahoga una barbaridad. Casi tanto como insultar al jefe.

El aborto y el barco imposible

16 sep 2009
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Para los asuntos de los que prefiere no oír hablar tiene el PP dos estrategias. Una es la de Camps, el político mejor vestido a precios imbatibles, que si le preguntan por las mociones de censura que su partido ha presentado con el concurso de tránsugas responde que está muy contento, lo que demuestra empíricamente aquello de Jardiel Poncela sobre las dos maneras de conseguir la felicidad: hacerse el idiota o serlo. La otra es la de Rajoy que, en caso de duda sobre el camino a seguir, elige la vereda por la que transita la Conferencia Episcopal. Puede equivocarse pero, al menos, se asegura la paz eterna.

En el caso del aborto, Rajoy ha oteado el horizonte y ha visto lo conveniente que era sumarse a la marcha antiabortista convocada por Hazte Oír el próximo 17 de octubre, especialmente tras comprobar cómo se le llenaba el buzón de correos electrónicos que le acusaban de “cobardía electoralista”. Con las mismas, el de Pontevedra ha anunciado que llevará al Constitucional la ley de plazos que prepara el Gobierno y no ha dejado de animar a sus militantes a acudir a la manifestación y defender allí los postulados del partido.

Resulta que la posición del PP es la de defender la actual legislación, que permite interrumpir el embarazo bajo determinados supuestos, y a cuyo amparo se realizaron en España 122.000 abortos en 2008. ¿Qué han de hacer entonces los militantes populares? ¿Acudir a la marcha tras una pancarta que diga ‘Por el mantenimiento de la actual ley del aborto’? ¿O que lean a Jardiel Poncela y procuren ser felices de una forma o de otra?

La nave del PP tiene tanta eslora que en proa y en popa se hablan idiomas distintos. En Europa, la derecha moderna ha resuelto la confusión de lenguas acortando el navío, de manera que los extremistas gobiernan su propio bergantín, se deleitan con el hedor de sus sentinas y lanzan arpones a sus ballenas blancas, llámense inmigrantes, homosexuales o abortistas. Aquí, en cambio, se navega en un barco imposible que se vuelve ingobernable con una brisa, al punto de que virar al centro cuesta décadas y no siempre se consigue. Rajoy está empeñado en llegar a puerto con todos, chocando, si es preciso, con los icebergs que no se aparten. Naturalmente, hay mucha gente mareada que prefiere comprar billete en otras compañías.