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El desodorante de Zapatero

15 sep 2009
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A Zapatero le ha abandonado el desodorante, y esa debe de ser la explicación del desapego que, de un tiempo a esta parte, han empezado a sentir por el presidente su otrora círculo de allegados, sobre todo mediáticos, a los que se les acabó el amor y andan ahora en el espanto, especialmente cuando miran su cuenta de resultados. Al parecer, algunos acaban de descubrir que Zapatero va por libre y no deja que nadie le tosa en el partido desde antes incluso de la gripe A, lo que certificaría legalmente el fallecimiento de Bambi, todo un acontecimiento forense.

Las pretendidas desafecciones que estaría sufriendo el de Moncloa han encontrado escenificación en las renuncias a sus escaños de varios ex ministros. La más esperada era la de Pedro Solbes, que preventivamente ya se interpretó como fruto del desacuerdo radical del ex vicepresidente con la actual gestión de la crisis económica. A ojos de la oposición, Solbes pasó de ser un sabio de la macroeconomía a convertirse en un “señor mayor” cansado y aburrido, dicho sea esto último en palabras de Rajoy. Nada como su cese y la tocata y fuga de ayer para devolverle la ciencia y la conciencia crítica.

Es una obviedad que la crisis y la errática gestión de algunas medidas del Gobierno como la subida de impuestos, tan necesaria como mal planteada, han transformado la sonrisa presidencial en una mueca, pero nadie podía esperar que su popularidad fuera en globo mientras las cifras del paro siguen apuntando al infierno. Dicho esto, pensar que este desgaste de imagen y los mutis de un puñado de ex ministros pueden resquebrajar la sólida argamasa que conforma el poder es tan inocente como proponer a Berlusconi para la gerencia de una guardería.

Más que el PP, a Zapatero se lo puede llevar por delante la recesión, pero hasta que llegue ese momento será difícil que alguien le muerda la mano en el PSOE, ni siquiera una vieja guardia que, arrinconada y todo, sabe de la prodigalidad de esa divina providencia llamada BOE. Para la nueva hornada de dirigentes no es concebible ni un mal pensamiento. Han deificado al líder y le han colocado en un pedestal con vistas. A un dios le está permitido ser personalista, caprichoso, olvidadizo y hasta vengativo. Y se le puede disculpar que le abandone el desodorante; lo imperdonable sería que perdiera el olfato.

Un referéndum para Cataluña

12 sep 2009
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La celebración de la Diada es la penitencia anual de clase política catalana y su cura de humildad. El Gobierno de la Generalitat y las delegaciones de los partidos llegan estoicamente por turnos hasta el monumento a Rafael Casanova con sus coronas de flores y el rostro contrito dispuestos a escuchar Els Segadors, y el personal allí congregado les pone de vuelta y media como marca el guión. Este año la liturgia volvió a cumplirse, con la salvedad de que los independentistas eran minoría y lo que se escuchaba eran los gritos de los parados y los regulados de Nissan y Roca llamando facha a Montilla, y en castellano para más inri. Lo nunca visto.

Si fuera posible extrapolar de los abucheos un termómetro de las preocupaciones sociales, cabría deducir que la polémica sobre una eventual sentencia del Tribunal Constitucional contra algunos artículos del Estatut preocupa mucho a los políticos y encoge de hombros a la ciudadanía, entre los que, según los últimos datos del INEM, se encuentran 519.129 desempleados que aspiran a hacer tres comidas diarias y a que los bancos no se queden con sus casas por no poder pagar la hipoteca. No sólo de identidad nacional vive el hombre, por mucho que resida en el Maresme.

Sin embargo, es el Estatut el que llena la escena. A la espera de que el Constitucional encuentre hueco algún año de éstos para emitir un veredicto, la tesis manejada por los nacionalistas catalanes, y hecha suya por Montilla, es que estamos ante un pacto suscrito entre España y Cataluña, ratificado en referéndum, que ningún tribunal puede cambiar, y menos este órgano politizado y casi ilegítimo. El argumento tiene una falla de raíz, que es presentar a la parte y al todo en condiciones de igualdad, lo que legalmente es cuestionable y físicamente, imposible. Por explicarlo gráficamente, el cuerpo puede prescindir de su mano, pero una mano no puede amputarse el cuerpo.

Como el vasco, se hace evidente que el pretendido problema catalán sólo puede conllevarse, como sentenciaba Ortega, y resulta agotador. El “parece que quieran que nos fuéramos” de ayer del Honorable es ya un clásico en la literatura política. Si no existiera tanto miedo a la democracia, sería el momento de un referéndum de independencia. Y si la mano decidiera seguir unida al cuerpo, que no vengan los dedos a tocar las narices.

Obama toma lecciones de Europa

11 sep 2009
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En contra de lo que opina Aznar, que además del sueldo de Murdoch debe de cobrar algún estipendio del Vaticano, el rasgo distintivo de Europa no es el crucifijo ni sus raíces cristianas, sino la arquitectura social con la puso en pie el Estado del Bienestar, gracias al cual los ciudadanos dejaron de ser culpables de su pobreza. No fue un regalo sino una conquista del socialismo, al que, primero en Alemania y luego en Reino Unido o Francia, se trató de combatir con pensiones de vejez e incapacidad, seguros de enfermedad y de accidentes de trabajo, para desactivar las ideas revolucionarias que habían prendido en unas clases trabajadoras sumidas en la indigencia.

Por aquella lucha, la educación o la sanidad son aquí un derecho y no un ejercicio de caridad, y en eso habrá que reconocer que llevamos algunas décadas de ventaja a Estados Unidos, donde ahora se debate si el Estado ha de amparar a 50 millones de personas que tienen prohibido enfermar porque no pueden pagar un seguro médico privado, ya que House y sus colegas cobran un pico y se pasan el juramento hipocrático por el fonendo.

El paraíso de los liberales tiene en el tema sanitario un conflicto irresoluble. ¿Cómo explicar que el gasto médico por estadounidense sea 1,5 veces más caro que en cualquier país avanzado? Pues para empezar porque en el sacrosanto reino de la competencia no se autorizan medicamentos de otros países y las farmacéuticas fijan precios a su antojo, de manera que las aspirinas canadienses son tres veces más baratas que las que se venden en Iowa. Y porque los médicos, para protegerse de las demandas por negligencia, no dudan en encargar un escáner cerebral antes de diagnosticar un sarampión.

Empeñado en sacar adelante su revolución sanitaria, Obama ha dicho a senadores y congresistas por vía oral que es una vergüenza y una inmoralidad que la democracia más rica del planeta permita la penuria de millones de compatriotas. La universalización costará en diez años 1,5 billones de dólares, parte de los cuales se pagarían con impuestos a las hamburguesas, para que los obesos se retraigan y no jodan con los infartos. Mientras, las aseguradoras, a las que se permite no dar cobertura a quienes padecen alguna enfermedad previa, se están gastando un ojo en combatir el sueño presidencial. Da gusto ser europeo y toser libremente, aunque sea gripe A.

El desierto de los tártaros

10 sep 2009
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Además de para llenar páginas de periódico y dar munición a los tertulianos de uno y otro bando, los debates parlamentarios son tan inservibles para la gobernación del país como las escobas en el desierto. El de ayer sobre la crisis económica respondió a este guión. Tenemos unos líderes coriáceos, que no se ablandan ni en café con leche, por mucho que en el horizonte se vislumbre una insoportable tasa de paro del 20%. Zapatero se empeñó en mostrar que el PP está en el monte; Rajoy intentó demostrar que el presidente está en la inopia. Lo terrible es que puede que los dos tengan razón.

De Zapatero cabía esperar mayor concreción respecto a una subida de impuestos, que es imprescindible. Se nota que lamenta ser portador de malas noticias, sobre todo porque lo de izquierdas, en su opinión, era bajarlos. Y lo que avanzó, abre nuevos interrogantes. ¿Es posible elevar la presión fiscal un 1,5% del PIB y, por tanto, recaudar 15.000 millones más, aumentado los tipos sólo a las rentas del capital y sin tocar los tramos del IRPF? En principio, no.

Echemos números. Eliminar la deducción de los 400 euros significaría algo menos de 5.000 millones, teniendo en cuenta el drástico ajuste laboral del último año. Podría retocarse el IVA al alza –un punto equivale a 2.500 millones-, pero afectaría al consumo, que es lo que se quiere reactivar. Pueden subir algo los impuestos especiales –tabaco y gasolina-, que ya se aumentaron recientemente para recaudar 800 millones más. Quedan las rentas del capital, cuya recaudación irá en descenso: han caído los intereses, el mercado inmobiliario está en la UVI y es posible que muchas empresas anticipen dividendos o los pospongan. Ni duplicando los tipos actuales del 18% se conseguiría el objetivo. Habrá que esperar y ver cómo se cuadra el círculo.

Con el PP, obviamente, no se podrá contar. Ha asumido que sus problemas de corrupción no tienen coste y que le basta con dejar que la crisis consuma a Zapatero para que la señora de Rajoy cambie las cortinas en Moncloa. ¿Pacto educativo y energético? ¿Para qué? ¿Para dar aire el Gobierno? Zapatero convocó al gallego a compartir unos dulces mientras discuten de cómo se recorta el gasto público, incluido el de Gallardón. Irá y no habrá nada. Estamos en el desierto de unos tártaros que, a diferencia del de Buzzati, tiene a los dos enemigos encerrados en sus respectivas fortalezas.

Juicios sobre Garzón

09 sep 2009
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Admitamos que Garzón es un ególatra compulsivo, un narciso con toga que, a falta de estanque de aguas cristalinas, admira su belleza en la helvética cuerpo 50 de los titulares de prensa. Asumamos que el juez nunca fue el más popular de la fiesta y que, en lo de granjearse enemistades a diestra y siniestra, ha mantenido una proverbial imparcialidad. Y reconozcamos, finalmente, que su capacidad como instructor es, cuando menos, mejorable. De los cargos antes citados es culpable. Pero lo que el Supremo tendrá que determinar a partir de hoy, cuando le tome declaración como imputado, es si prevaricó al investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo, y esto, por mucho que la Audiencia certificara su incompetencia sobre el caso, es otro cantar.

Según la doctrina del propio Tribunal que ahora le encausa, la prevaricación requiere de una resolución injusta, “tan grosera, esperpéntica y disparatada que pudiera ser apreciada por cualquiera”, y que dicha resolución sea dictada a sabiendas, es decir con clara conciencia de que se aparta del principio de legalidad y de las interpretaciones admisibles en derecho.

Considerar que concurren estas circunstancias en la instrucción de don Baltasar no deja de ser temerario cuando al menos tres magistrados de la Audiencia Nacional asumieron la tesis de que Garzón investigaba crímenes contra la humanidad, y que lo hacía dentro de sus competencias, ya fuera porque algunas desapariciones forzosas de niños, hijos de republicanos, se cometieron fuera de España, como por tratarse, en determinados casos, de delitos de terrorismo en el contexto de crímenes de guerra. Estos tres jueces no apreciaron ni esperpento ni disparate en su actuación ni creyeron que su manera de aplicar el Derecho fuera inaceptable.

Pese a las pocas simpatías que Garzón despierta en el Supremo, ello hubiera debido de bastar para no admitir a trámite la querella de Manos Limpias, un engrendro dirigido por un ex dirigente de Fuerza Nueva que lleva más de diez años tratando de empapelar al supermegajuez. Con todo, lo peor es el mensaje que se dirige al resto de la Judicatura: si alguien se atreve a investigar los crímenes de la dictadura, que sepa que compromete su trabajo y su nómina. Si no estamos ante el remedo de una ley de punto y final, se parece bastante.

Un electricista para salvar la democracia

08 sep 2009
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Viene diciendo Rajoy que la política económica del Gobierno es una disparate que nos llevará a la ruina o “al corralito” más temprano que tarde, y que a él, hombre capilarmente sensible, sus iniciativas le ponen los pelos de punta. Esto, lógicamente, le impide apoyar a Zapatero, un “populista” que “elige subsidios antes que dar empleo” y “propaganda antes que estrategia”, porque, si así lo hiciera, le tendríamos que llamar “antipatriota”, lo que ya son palabras mayores para un tipo de orden y de Pontevedra. Por resumir, Rajoy está en contra de lo que hace el Gobierno o, si se prefiere, no es partidario. Hasta ahí todo normal.

Lo que resulta extraño es que su partido no se haya opuesto en el Parlamento a ninguno de los pretendidos desvaríos socialistas, empezando por el famoso “cheque-bebé”, contra el que se lanzaron diversos anatemas antes de que el PP decidiera abstenerse primero, pedir después que su cuantía se elevara a 3.000 euros y conseguir, finalmente, que el “cheque-voto” se entregara también a madres extranjeras con dos años de residencia.

Alguien cabal como Rajoy entendió rápidamente que la deducción fiscal de 400 euros era inmoral e irresponsable ante la crisis que se avecinaba. ¿Qué hizo para rechazar esa monstruosidad el injustamente llamado ‘señor no’? Abstenerse, y encargar a Montoro una alternativa consistente en una reducción en las cuotas de los trabajadores a la Seguridad Social, que hubiera tenido que pagar el Estado con un sobrecoste de 2.000 millones de euros.

¿Y con las ayudas a la banca? Votó a favor porque, aunque sabía que era mentira que fueran a facilitar el crédito, el sistema podía colapsarse. ¿Y con el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria? A favor también. ¿Y con el dichoso Plan E, que era tirar el dinero para llenar de polideportivos la piel de toro y una excusa para levantar las aceras? Se abstuvo. ¿Y con la nueva financiación autonómica? Criticarla, abstenerse y coger el dinero. ¿Que qué hará ahora con el subsidio de 420 euros para los parados? Pues votar a favor y decir que es insuficiente.

Tenemos un problema. El principal partido de la oposición tiene estropeado el botón del ‘no’ en sus escaños del Congreso y Bono, que es otro hombre capilarmente sensible, o no se ha enterado o está en la conspiración. Urge un electricista que salve la democracia.

Misión de paz en Afganistán

05 sep 2009
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La “misión de paz” que, según Zapatero, desarrollan las tropas españolas en Afganistán se saldó este jueves con 13 talibanes muertos, a los que “humanitariamente” se mandó al otro barrio para evitar que fueran los nuestros quienes lo visitaran. Para que no se sintieran solos en el tránsito, la OTAN acabó ayer con la vida de más de 90 personas, la mayoría civiles a los que se repartía el petróleo robado de unos camiones cisterna. La ministra de Defensa ha dicho que estudia el envío de más tropas para seguir defendiendo la paz, aunque sea a tiro limpio y con lanzagranadas.

A Afganistán llegaron los Estados Unidos a buscar a Bin Laden y al mulá Omar, pero el primero se esfumó a lo Houdini y el segundo, con su único ojo, huyó en una vespa por el desierto. De vez en cuando mandan mensajes, como los marineros que envían postales en sus escalas. Bush y sus aliados, y después la OTAN en pleno, se quedaron allí, pero no porque el país fuera estratégico en la ruta del petróleo, sino para implantar la democracia y para que las mujeres pudieran quitarse el burka, sobre todo en verano por eso del calor.

Se colocó en el poder a un demócrata de toda la vida llamado Karzai, quien sólo para acelerar el tránsito hacia las libertades mantiene alianzas con los señores de la guerra, que son unos honrados narcotraficantes, y hace leyes para que los maridos puedan violar a sus esposas si alegan dolor de cabeza a la hora del débito conyugal. El 20 de agosto hubo unas elecciones limpias, para las que se inscribieron varios millones más de personas en relación al censo. Siguen sin saberse los resultados, posiblemente porque no se encomendó a Indra el recuento y porque hay mucho analfabeto en el país. Se apuesta por Karzai, aunque su victoria no es segura.

Las tropas internacionales no libran ninguna guerra, especialmente las españolas, dedicadas a la reconstrucción del país sin apenas salir de los cuarteles. Dudan entre planificar más autovías o llevar a Kabul el tren de alta velocidad. Las estadounidenses sí que están en guerra y, por eso, su frágil responsable militar, Stanley McChrystal, dice que los talibanes están ganando. En la misión de paz española han muerto cerca de 90 militares, contando los fallecidos en los accidentes del Yakolev y del Cougar. ¿Seguiremos allí para agradar a Obama? No. Sólo por razones humanitarias.

Una injusticia olímpica

04 sep 2009
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Se pusieron ciegos a jamón de pata negra y ensalada de merluza a la crema de quisquilla mientras les bailamos flamenco, pero no fue suficiente para convencer a los 13 miembros del COI que vinieron a Madrid en mayo, cuyos criterios de evaluación sobre la sede olímpica de 2016, ahora conocidos, se han revelado tan objetivos como Belén Esteban hablando de Jesulín. Hay una decisión tomada de que Brasil organice los Juegos y, ante eso, se ha topado Gallardón y sus corazonadas. Río carece del transporte adecuado, de hoteles suficientes y tiene problemas de seguridad pública. Aún así, ha sido la mejor calificada por los examinadores, un tipos confiados en que, con programas sociales, los meninos da rua no le birlarán la pértiga a la Isinbayeva.

El alcalde insinuaba ayer que si el 2 de octubre en Copenhague se le terminaban de caer los cinco anillos del sombrajo tomaría las de Villadiego, aunque rápidamente, por si Esperanza Aguirre le tomaba la palabra, aclaró que se le había malinterpretado. Sus enemigos, que son legión, siguen frotándose las manos, más si cabe después de leer que uno de los puntos débiles de Madrid no son las instalaciones ni la amenaza terrorista sino la deficiente exposición de la candidatura, responsabilidad directa del edil y algo difícilmente soportable para su ego.

Las objeciones a Madrid 2016 son endebles e incomprensibles. Lo es, por ejemplo, que se critique por laxa la legislación antidopaje, que de ser un argumento sólido tendría que hacer imposible la organización de los próximos europeos de atletismo de 2010 en Barcelona. Hay tiempo para aclarar y corregir estos asuntos, que habrían de pesar menos que el hecho de que Tokio tratase de colar como construidas sedes de las que sólo había maquetas y mucha imaginación.

Gallardón ha asumido hasta el final la defensa del proyecto. Sería deseable que en esa labor se implicaran a fondo el Gobierno y la oposición, siempre, claro está, que se considere que la celebración de los Juegos beneficiará a la ciudad y al conjunto del país, y que eso está por encima del rédito político que pueda obtener el alcalde. A los de San Blas, el barrio donde se pretende ubicar el estadio olímpico y que, en otro tiempo, fue campeón indiscutible del trapicheo de drogas, nos hace ilusión eso de ser olímpicos. Después de haber mandado al espacio a Pedro Duque, todo nos parece posible.

Besos contra la paranoia

03 sep 2009
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Ni el de Klimt, que era en escorzo y más dorado que un tríptico bizantino, ni el de Judas, tan siciliano, ni siquiera el de marinero y la enfermera celebrando el final de la II Guerra Mundial en Times Square que inmortalizó Life. El beso más famoso del mundo se lo dieron el martes la ministra Trinidad Jiménez y la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, en abierto desafío a N1H1, un bichito al que habría que erigir un monumento por su contribución al consenso entre socialistas y populares. Con razón Swift quería saber quién fue el loco que inventó el beso, que a este paso acabará siendo la única vacuna contra esta locura de asepsia que se ha apoderado del mundo a cuenta de la gripe A.

Estamos ante una pandemia democrática. Que se sepa, dos presidentes, el de Colombia, Álvaro Uribe, y el de Costa Rica, Oscar Arias, han sentido sus fiebres. Aún así parece poco. Debe de ser porque los gobernantes apenas se relacionan con el vulgo o, quizás, porque a estos señores no hay quien les tosa. Según las estadísticas de la OMS, hasta agosto el virus había sido determinante en el fallecimiento de 1.200 personas en todo el mundo. El mismo organismo certifica que el paludismo mata cada día a 3.000 personas, que 1,5 millones se van al otro barrio anualmente a causa de la tuberculosis o que otras 900.000 dejan esta valle de lágrimas tras contraer el sarampión.

Ello no ha impedido que vivamos en la paranoia, que es como la del PP pero más prosaica, sin espías ni persecuciones y sin visiones alucinógenas como la de Rajoy en bañador de rayas al trote por la playa de la Lanzada. Con la demencia colectiva se están forrando Roche y Glaxo, que son los fabricantes de los antivirales Tamiflú y Relenza, y que preparan millones de vacunas para que los gobiernos conjuren nuestros miedos. El 4 de marzo Roche cotizaba en la bolsa de Zurich a 122,8 francos la acción; el 12 de agosto, a 191,3; ayer estaba en torno a los 167. Una buena inversión.

Aquí lo tenemos todo dispuesto para que los estornudos no nos distraigan. Vacunaremos a los policías, a los bomberos, a los sanitarios, a los enfermos crónicos, a las embarazadas cuando sea seguro, a los niños si el PP se pone muy pesado, a los ancianos si lo exige CiU, y a los parados sin protección desde enero, llegado el caso. Solo así estaremos preparados para besarnos sin freno y hasta con lengua.

Un republicano en la Corte

02 sep 2009
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A lo Catón –luego copiado por Ortega-, Cayo Lara le ha venido a decir al Rey en su primera audiencia aquello de delenda est monarchia, pero con buen rollo, por eso de que el monarca es campechano y hasta el de IU sabe que su minucioso plan para instaurar la III República tiene tantos visos de hacerse realidad como la semana laboral de tres días. En una democracia al Rey se le debe poder decir que sus privilegios emanan del pueblo y que ya va siendo hora de que rinda cuentas de en qué gasta su asignación, en qué invierten él y su familia, a qué primo árabe debe dinero, o que aclare quién le regala coches o le invita a cacerías. Al Rey, por último, se le debe poder pedir con naturalidad que se jubile.

Sin embargo, hay quien cree que todo esto es de muy mala educación, especialmente si se le dice en la Zarzuela, a la cara, sin corbata y con un pin tricolor prendido de la solapa. Y siendo cierto que Cayo Lara no llevaba corbata, no lo es menos que el Rey le recibió con la barba crecida, un look que al jefe del Estado le hace bastante poco regio y mucho más gañán. Al parecer, en presencia de la monarquía, la verdad ha de vestirse de etiqueta.

Al Rey se le deberían poder decir muchas cosas, pero hemos hecho de él una figura intocable, un mito en blanco y negro con voz en off de Victoria Prego. Y por eso, sorprende que un marxista, campesino antes que político, le tutee, le diga que piensa promover un referéndum para que cualquiera pueda ocupar su puesto y le pida que muestre su contabilidad, para que comprobemos si emplea adecuadamente los nueve millones de euros que le ingresamos cada año en su cuenta corriente. Sólo Anasagasti, con aquello de que los miembros de la Familia Real son impresentables, intocables y curran menos que el ángel de la guarda, se había atrevido a tanto.

Con todo, lo más importante que Cayo Lara le dijo al Rey es que una democracia que se precie no puede asentarse sobre una ley electoral manifiestamente mejorable que castiga a partidos como IU o la propia UPyD, a los que conseguir un escaño cuesta ocho veces más votos que a las grandes fuerzas nacionales. Y que debería ejercer su influencia para corregir esta situación anómala e injusta. Al fin y al cabo, no sólo es el jefe del Estado de los monárquicos; también lo es de los comunistas y hasta de los republicanos.