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La izquierda se ha muerto

31 mar 2010
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Sostiene Carrillo que es muy necesario otro partido a la izquierda del PSOE porque el PCE es el fósil de un trilobite e IU padece de anemia crónica. A esta nueva organización le correspondería recoger la tradición comunista y criticar al capitalismo de hoy que, en su opinión, es mucho peor que el de hace un siglo. A uno le cuesta asumir que la solución de la izquierda pase por la refundación en torno a un nuevo edificio donde buscarían piso los inquilinos de siempre, sin antes resolver su gran problema de fondo, que no es la marca sino la esencia. El problema de la izquierda es que se ha muerto y el deceso se ha silenciado, como la viuda que oculta el cadáver del marido para cobrar su pensión unos meses más.

Sólo el fallecimiento explicaría que, ante una crisis que ha conmovido los cimientos del capitalismo, la izquierda haya sido incapaz de elevarse sobre el caos para ofrecerse siquiera como posibilidad. No cabía esperar mucho de una izquierda oficial, que carece de pasado porque renegó de él, que se ha convencido de que no existe alternativa al libre mercado y que entiende que el progreso se circunscribe exclusivamente a reconocer a los homosexuales el derecho a contraer matrimonio. El drama es que la otra izquierda no perdió el tiempo a la hora de consumirse a sí misma, levantado banderas que ya nadie sigue o aprovechando un viaje en taxi para escindirse en grupos impares menores de tres.

El reto no es botar al océano de la política unas nueva siglas sino iniciar la resurrección, porque hasta Juan la Loca se cansó de pasear por los campos el féretro de su bello esposo. Y ello exige rescatar lo aprovechable del naufragio del comunismo, atraer de nuevo a los intelectuales, alumbrar ideas cuyo horizonte no sea el de la utopía irrealizable, construir un discurso económico que enfrentar al pensamiento único y desterrar un obrerismo caduco, ya que la semilla ha de germinar en una clase media que, aun explotada, se contempla a si misma como la burguesía del chalet adosado y la barbacoa.

No se trata de conservar el pasado sino de cumplir sus esperanzas. No basta con proclamar que algo es de izquierdas para que lo sea. La izquierda nace en la igualdad, se alimenta de la libertad individual y se expande con el conocimiento. Lo demás es un vudú insensato.

A Neira se le oxida la armadura

30 mar 2010
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A Jesús Neira le dieron el certificado de héroe cuando estaba en coma, y esas son cosas que no se devuelven. Del profesor sólo conocíamos que había intervenido valerosamente para evitar la agresión a una mujer y que, a resultas de la paliza que le propinó su novio y de una supuesta negligencia médica en el diagnóstico de sus lesiones, había estado varios meses al borde de la muerte. Cuando recuperó la consciencia, empezamos a descubrir al verdadero hombre que habita bajo la piel del caballero andante, cuyo parecido con su relumbrante armadura es pura y simple coincidencia.

De hecho, el cuento ha cambiado una barbaridad. El héroe ya no es aquel ser noble que cabía esperar de su arrojada acción, sino un señor soberbio y malencarado, a quien el episodio le ha reportado un par de medallas, un sueldo de Esperanza Aguirre y varias tertulias de televisión desde las que zaherir a Zapatero y a sus hijas –porque eso al parecer no es violencia de género- y amplificar su opinión de que los partidos son el cáncer de la democracia; la damisela en apuros no es la víctima agradecida a su salvador, sino una especie Belén Esteban que hace caja de plató en plató por contar que Neira es un entrometido y un mentiroso; y Antonio Puerta, tras 18 meses de cárcel, ha pasado de ogro maltratador a niño bien dominado por su toxicomanía y necesitado de ayuda especializada.

Salvo para algunos medios de la derecha que lo tienen en antena y para el PP, que lo tiene en nómina, Neira ha ido perdiendo simpatías a medida que ha ido desgranando su pensamiento político, un ideario abierto que incluye llamar “fantoche” a Montilla, “caradura” a Bono o “antidemocrático de mierda” a Zapatero. Sostiene ahora el profesor que alguien rebusca en su pasado para averiguar si dio mala vida a su primera esposa, y hundir así su heroica reputación ante el juicio donde ha de vérselas con Puerta.

Neira volvía ayer al Jugado para ratificar su declaración sobre la paliza de la que fue objeto. A la salida declaró que está en su derecho de pedir un arma para defenderse. A nuestro Quijote no le basta con la lanza en astillero, la adarga antigua y el rocín flaco. Quiere una pistola o un Colt del 45, lo que primero que se le facilite. Parece confirmarse que a este señor se le ha oxidado la armadura a la altura del casco.

El pasado encadena a Rajoy

27 mar 2010
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Hay quienes utilizan el pasado como trampolín y quienes se limitan a usarlo como sofá. Entre éstos últimos está Rajoy, al que siempre le pudo la pereza a la hora de cambiar los muebles. No es extraño, por tanto, que el del PP sufra ahora las incomodidades de haber mantenido a ese viejo sillón de orejeras llamado Jaime Mayor, un hombre que en el desierto del Gobi sería capaz de detectar una negociación con ETA aunque se hablara bajito, y de haber intimado más de la cuenta con Jaume Matas, que de ser un mueble lo sería de diseño y pagado en negro.

Dicen que Mayor Oreja sufre de paranoia, y que basta que vea a dos tipos tomando café en un bar para que crea que son Eguiguren y Josu Ternera pactando la autodeterminación del País Vasco. Rajoy lo destinó a Estrasburgo, quizás con la esperanza de que viajando y conociendo gente se le pasara la obsesión, pero el enfermo no mejora. Lo peor es que si, en medio de una implacable persecución a ETA y con una batería de medidas en cartera para impedir a la izquierda abertzale colarse en las instituciones, Mayor Oreja deduce que Zapatero es un aliado de los terroristas, lo siguiente será llamar traidor a Rajoy por ignorar su advertencia y mantener el apoyo al Gobierno. Todo se andará.

Siendo lo de Oreja incurable, la afección de Matas es de las contagiosas. Rajoy entiende que le apartó a tiempo de su lado, como comprobó el día que se quedó a solas con la hucha de sus hijos y no trató de destripar al cerdito. Ahora que lo ve entregando el pasaporte y rebuscando en los bolsillos algo de calderilla para pagar una fianza con la que evitar la cárcel, borraría si pudiera sus travesías juntos, las carantoñas mutuas y, sobre todo, esa frase que le perseguirá mientras viva: “vamos a intentar hacer en España lo que Jaume y todos vosotros hicisteis en Baleares”.

Maldito pasado. Encadenarse a él es lo que tiene. Uno se imagina a Rajoy leyendo el periódico. En una página está Aznar, cada día más joven, poniendo a caldo al PSOE; en otra Arenas que, como siempre, se presenta en Andalucía; más allá se habla de Cascos, que tiene ganas de política; en otra Trillo, a vueltas con el Código Penal; y en las de economía Rato, opinando sabiamente sobre la crisis. Rajoy mira la fecha. ¿Qué día es hoy? ¿Estamos en 2010 o seguimos en 1990?

Obispos al banquillo

26 mar 2010
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Como su reino no es de este mundo, la Iglesia es propensa a olvidar que está sometida a las leyes de los hombres, y que, ante los gravísimos casos de pederastia que afronta, su código canónico no deja de ser una curiosidad en invierno y un buen abanico en verano. Lo sorprendente es que la Justicia ignore el Código Penal y se conforme con tres avemarías. Como en otros delitos, en los abusos sexuales no cabe sólo la persecución de sus autores materiales, sino también la de aquellos que fueran cooperadores necesarios de los hechos o de quienes los hubieran encubierto. Es decir, que si un sacerdote es un pederasta y el obispo correspondiente, al tanto de sus actividades, le traslada de parroquia para evitar el escándalo, debería ir con él a la cárcel.

El citado Código Penal establece en su artículo 451 penas de seis meses a tres años de cárcel para quienes, con conocimiento de la comisión de un delito y sin haber intervenido en el mismo como autor o cómplice, intervinieran con posterioridad a su ejecución, ya sea ocultando, alterando o inutilizando el cuerpo, los efectos o los instrumentos de un delito para impedir su descubrimiento, o bien ayudando a los responsables a eludir la investigación de la autoridad o a sustraerse a su busca o captura.

Relataba Público esta semana el caso del sacerdote Rafael Sanz y las maniobras llevadas a cabo por Rouco Varela para ocultar los abusos, incluida la persecución a sus denunciantes. Sanz fue finalmente condenado y el juez obligó al Arzobispado de Madrid a indemnizar a la víctima en concepto de responsabilidad civil. ¿Por qué no se abrieron diligencias contra Rouco por encubrimiento? ¿Por qué en ninguno de los casos de pederastia que afectan a sacerdotes se ha investigado el papel de sus superiores jerárquicos? Misterios de la Santa Madre Iglesia.

En su reciente pastoral al clero irlandés, Benedicto XVI, quien también fue informado de los abusos de un sacerdote de EEUU a 200 niños sordos y se hizo el sueco, reconocía la tendencia “bienintencionada pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares”. Si el Papa, que es infalible, llama tendencia a lo que es un delito, no debe extrañar que los clérigos interpreten a su manera el “dejad que los niños se acerquen a mí”.

A Garzón le mata la estadística

25 mar 2010
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El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha decidido anular la mayoría de las escuchas telefónicas ordenadas por Garzón en la trama Gürtel, algo que, si bien no acaba con el caso, lo deja herido y al pairo del rosario de las peticiones de nulidad que, a buen seguro, presentarán las defensas de los procesados al amparo de la teoría del árbol contaminado: si la raíz de la investigación está contaminada, también lo están sus frutos. ¿Implica esto que Garzón prevaricó al intervenir las comunicaciones entre abogados y clientes? No. Lo que significa es que Don Baltasar es un instructor malísimo.

No se trata de aquí de describir al personaje, que puede ser admirado por su coraje para perseguir a dictadores como Pinochet o investigar los crímenes del franquismo y, a la vez, repudiado por un narcisismo enfermizo, que transforma la acción jurisdiccional en un mero ejercicio de marketing. Tampoco aporta gran cosa valorar si la estrella más rutilante de la Judicatura es víctima de una conjura o paga la factura de sus desafueros. Lo interesante es la estadística, repasar el desenlace de los causas que ha instruido Garzón y comprobar su cuenta de resultados.

Algo semejante hizo el periodista Mariano Sánchez Soler en una biografía crítica sobre el magistrado publicada en 2006. En 17 de sus casos con mayor repercusión, incluidos el GAL, fondos reservados, UCIFA, Yomagate, Nécora, Jarrai, Temple o Al Qaeda, entre otros, Garzón había procesado a 324 personas, de las que sólo 163 habían sido condenadas, esto es el 50,3%. No se incluían por razones obvias de fecha la absolución de los 19 inculpados en el caso del lino ni su error al dejar libres a dos narcotraficantes turcos, por lo que fue castigado con una multa de 300 euros. ¿Es una buena marca? Para un jugador de baloncesto en tiros de tres, quizás.

Si su eficacia pasara la prueba del algodón, poco habría de importarnos si su egocentrismo es congénito o adquirido, y hasta disculparíamos ese disfraz permanente de justiciero universal con el que espera que un buen día le caiga el Nobel de la Paz. Lo que cuesta entender es que quienes presuntamente han desfalcado las arcas públicas puedan irse de rositas por el desatino de un juez, que no es que prevaricara, es que se pasó de listo, como tantas otras veces.

Un paseo con Aznar y González

24 mar 2010
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Pese a la polarización de la política norteamericana, que ya era una realidad con la Administración anterior a la de Obama y que se ha exacerbado con la aprobación de la reforma sanitaria, Bush y Clinton han paseado juntos por las ruinas de Puerto Príncipe, en su papel de corresponsables de un fondo para la reconstrucción de Haití que lleva sus nombres. Ni la mente más alucinada imaginaría una escena similar con Aznar y González como protagonistas, y es que a nuestros ex presidentes los pones a recorrer juntos el madrileño Parque del Retiro y son capaces de montar una batalla naval en el estanque. Reunirles es tan imposible como darse de baja en Movistar.

Es obvio que a nuestros presidentes no les une el amor sino el espanto, que diría Borges. Entre Suárez y González hubo química y admiración recíproca, una relación que constituye la excepción a la regla. Antes de que quisiera meterle en la cárcel, González ya despreciaba a Aznar con similar desdén al que éste experimentó luego por Zapatero. Nada tuvo que ver la ideología en estos desafectos. Suárez siempre contempló a Aznar como un mediocre que aspiraba a heredar la corona del centrismo, y sólo al final se avino a participar en un mitin del PP para hacer un favor a su hijo torero, que iba a tomar su alternativa política. Aznar alcanzó la indiferencia con Calvo Sotelo, y por eso promocionó a sus vástagos, pero su manera de aborrecer es somática, hasta el punto de que, cuando su relación con Cascos se enfrió, levantaba los consejos de ministros a los diez minutos de comenzar porque no le soportaba cerca. Zapatero y González no han llegado a tanto: se soportan con recelo.

Convendría definir un papel para los ex presidentes, porque no es muy edificante verlos recorrer el mundo como vulgares conseguidores, estén o no en la nómina de algún magnate. Hay que reconocer que hemos tenido muy mala suerte con ellos. Si cuando ejercían se transformaron en estadistas, al jubilarse conservaron la costumbre de dar lecciones, y no hay día que pase sin alguna de sus amonestaciones.

Sin que quepa exigírseles que se aprecien, se agradecería, al menos, que hicieran bandera del país y no de sus propios intereses. Se les supone por encima de la reyerta política y de las mezquindades que le son propias. Esto, claro, sólo es un suponer.

Rajoy sólo quiere hombres limpios

23 mar 2010
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Dicen que Rajoy anda inquieto por si su amigo Jaume Matas, que hoy comparece ante el juez de Mallorca para explicar cómo repitió el milagro del pan y los peces con billetes de 500 euros, acaba en el talego por corrupto y el suceso acaba salpicándole. La gente es muy retorcida y tiende a pensar que dos que se han tostado juntos al sol mientras surcaban con sus esposas el Mediterráneo en velero, han tomado copas juntos y al unísono han celebrado sus éxitos políticos comparten algo más que aficiones. De ahí que se haga hincapié en que Rajoy, en otro alarde de clarividencia, extrañó de su entorno a Matas hace un par de años y que ya no se hablan ni por teléfono, lo que vendría a ser la prueba del nueve de que el líder del PP no aprueba los palacios de saldo ni las escobillas del váter de 350 euros.

Contra la corrupción Rajoy es inflexible, y si fuera necesario mandaría elaborar otro código ético para demostrarlo. Lo que no se le puede pedir es que esté al corriente de asuntos menores, como los doce casos judiciales que en Baleares tienen en los juzgados por manilargos a 43 dirigentes del PP, entre ex presidentes, diputados regionales, alcaldes, concejales y gerentes de empresas públicas. Es cierto que ninguno de ellos fue denunciado por su propio partido, pero ello sólo demuestra su pericia para privatizar fondos públicos y no que la organización mirara hacia otro lado silbando el only you.

El de Pontevedra siempre ha estado a lo importante y, por eso, hay cosas que no le constan y gente a la que ni conoce. A Correa apenas si lo vio una vez, aunque su clarividencia le llevó a ordenar que no se le dieran más contratos. Bárcenas le sorprendió por su habilidad para pagar casas al contado, algo que no le constaba, y si le permite conservar despacho en Génova es para que le explique el secreto. Lógicamente, cundió el ejemplo. A Camps no le constaba ni quien le pagaba sus trajes; a Ana Mato no le constaba que Costa regaló a su marido un Jaguar o pagó la comunión de los niños; a Esperanza Aguirre no le constaba que algún consejero se lo llevara crudo; y así.

Matas llega hoy dispuesto a desmentir a joyeros, albañiles, fontaneros, carpinteros, electricistas y pintores, a los que pagó con dinero negro o morado. A Rajoy no le constaba. Ha designado en Baleares a un tal Bauza, del que afirma que es “un hombre limpio”. La higiene es algo que salta a la vista.

Roldán y el mapa del tesoro

20 mar 2010
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La de Roldán es una historia digna de Simenon o de Le Carré. Un jefe policial convertido en bandido; una huida de película que pone contra las cuerdas a un gobierno y le hace perder las elecciones; un espía, como Paesa, que actúa de cómplice y publica esquelas y encarga misas gregorianas para simular su muerte; testaferros asesinados o fallecidos en extrañas circunstancias; una entrega pactada en Tailandia; y un botín de 10 millones de euros que desaparece sin dejar rastro. A la altura de José María El Tempranillo o los siete niños de Écija, el ladrón más famoso de España es desde ayer un hombre libre.

Hay que reconocer que Roldán ha tenido que penar lo suyo. No es sencillo ver pasar los años incomunicado y con vigilancia permanente para evitar que te den matarile, o dejar de recibir las visitas de esa santa, a la que ofrendó su villa antillana, y que debió de cansarse de hacer viajecitos a Ávila para los vises. Muchos hubieran dibujado el plano del tesoro a cambio de ahorrarse unos años de trullo, pero, como aquel ladrón del siglo XVI que, para librarse de galeras, “apretaba los dedos de la mano izquierda, cerrando el puño de manera que no hubo remedio de se la hacer abrir, fingiendo ser manco”, Roldán ha simulado ser pobre, perfecto colofón a su currículo de mentiras.

De su latrocinio, sólo ha podido recuperarse poco más de millón y medio de euros, contando lo que se le intervino en sus cuentas corrientes y la venta de algunas propiedades. Lo demás está ahora a su disposición, incluyendo el casoplón de San Bartolomé y el pisazo de París, a los que tendrá que dedicar una fortuna para limpiar sus telarañas. Por dinero no va a ser. A sus 65 años se ha jubilado como vendedor de seguros, un trabajo en el que forzosamente destacó, ya que nadie se resiste a que el enemigo público número 1 te coloque una póliza de robo.

Roldán no es el símbolo de una época pasada sino el mascarón de una realidad eterna, además de la coartada para una Justicia que nunca fue del todo ciega. Los ladrones de envergadura son gente muy principal que nunca devuelven lo afanado. Algunos pasan, incluso, por gurús de la economía y siempre tienen a mano una receta contra la crisis, ya sea abaratar el despido o bajar los impuestos. El desfalco a gran escala siempre dio mucho prestigio social.

¡Peligro, ley electoral! No tocar

19 mar 2010
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Después de dos años de reuniones en una comisión creada al efecto, el PSOE y el PP han convenido que tenemos un sistema electoral muy apañado, que no es injusto que su representación parlamentaria sea superior en un 8,2% a sus votos, que la igualdad de sufragio está asegurada porque nadie vota más de una vez aunque a los socialistas les cueste 23.868 votos llevarse un escaño por Soria y a IU casi un millón conseguir dos en toda España, y que desbloquear las listas para que sean los ciudadanos y no los partidos quienes elijan a sus señorías iba a ser un lío para quien tuviera que contar los votos, así que mejor no complicar las cosas.

Han sido dos años de marear una perdiz y distraer al respetable, dos años para analizar informes como el del Consejo de Estado, con cuyas prudentes recomendaciones alguno ha ensayado la papiroflexia, dos años de amagar y no dar, porque sólo un ingenuo podría pensar que los grandes beneficiarios de las desigualdades del sistema iban a mover un dedo para corregirlas. Dos años, en definitiva, para concluir que la gran reforma que necesita la ley electoral es modificar la papeleta del Senado para cambiar el orden de los partidos y establecer un mecanismo que permita que las bajas por enfermedad prolongada o por nacimiento de hijos puedan ser cubiertas por parlamentarios interinos. ¿No les parece revolucionario?

Lo que socialistas y populares han perpetrado en la subcomisión es de una desfachatez clamorosa. Han comprobado que cualquier cambio, ya fuera aumentar el número de escaños de 350 a 400, como contempla la propia Constitución, reducir a un diputado la representación mínima inicial de las provincias, sustituir la fórmula D’Hont por otra que asegure mayor proporcionalidad o modificar el cómputo de los restos, reducirían las primas de las que disfrutan. El más afectado sería el partido del Gobierno, que una vez será el PSOE y otra el PP, por lo que ni en esto ha habido fisuras.

Con alguna de estas reformas, o con una combinación de varias, saldrían ganando partidos minoritarios de ámbito nacional como UPyD o IU, que en el mejor de los escenarios y con los resultados de 2008 habría pasado de 2 diputados a 13. Hasta cuatro fuerzas extraparlamentarias dejarían de serlo. También sería bueno para la democracia, pero eso, por lo visto, no tiene ninguna importancia.

¿Lo del Estatut? Se está ultimando

18 mar 2010
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El parto del Estatut en el Tribunal Constitucional está siendo tan largo que hay veces que uno se olvida del propio embarazo. En esas ocasiones, para no perder la perspectiva, lo mejor es tirar de hemeroteca. Tomemos, por ejemplo, La Vanguardia. Octubre de 2008: “El Constitucional ultima una sentencia que cercena aspectos claves del Estatut. La resolución puede salvar el concepto ‘nación’, pero rebajará financiación y lengua”. Pasó el tiempo y no hubo nada.

Mismo periódico. Mayo de 2009. “El Constitucional ultima un pacto para salvar el Estatut con un gran recorte. La sentencia respetará el texto, pero lo interpretará para vaciarlo de contenido”. La cosa volvía a estar hecha, pero siguió pasando el tiempo y no hubo nada tampoco. Sigamos leyendo. Diciembre de 2009. Idéntico diario: “El Constitucional ultima la sentencia del Estatut para primeros de enero. Tras las últimas negociaciones se da por hecho que el fallo es inminente”. ¿Adivinan qué pasó? Pues eso, que el tiempo transcurrió inexorable y ha seguido sin haber nada. A la vista de lo anterior caben extraerse tres conclusiones: el periódico se ha equivocado reiteradamente, como lo hicieron todos; ultimar es un verbo muy socorrido en partos difíciles; y lo del Constitucional es un cachondeo.

En julio se cumplirán cuatro años desde que el PP presentara su recurso ante el Alto Tribunal. En este período la mitad de sus miembros tendrían que haber cesado y se mantienen en el puesto con el mandato prorrogado, varios fueron recusados y uno falleció y no ha sido sustituido. A estas alturas está más que justificado dudar de la capacidad de estos magistrados para alcanzar un fallo o, si lo consiguieran, de la propia legitimidad de la sentencia. El pasado 10 de diciembre le preguntaron a su presidenta María Emilia Casas cómo iban las deliberaciones. “Van muy bien”, aseguró. ¿Y el fallo? “Pronto”. Vamos para tres meses.

Este martes PSOE y PP tumbaron juntos en el Congreso una moción para que los miembros del Tribunal que hayan consumido su mandato sólo puedan permanecer en funciones un máximo de 90 días. Los principales responsables de la politización del Constitucional y de su bloqueo demostraron ser capaces de ponerse de acuerdo en algo. Por lo demás no hay que preocuparse. Todo el mundo sabe que la sentencia del Estatut se está ultimando.