Opinion · Espejos extraños

No hay opciones ideales

Traducción de Antoni Aguiló

Hace días, una querida amiga española, Pilar Saramago, me dijo que le apetecía escribir un artículo titulado: “Voten a la izquierda y déjense de tonterías”. Con esta frase quería expresar la idea de que, aunque no hay opciones ideales para votar a la izquierda, lo más importante es enviar lejos a este gobierno y poner fin todo a lo que ha significado para el país. Los daños más evidentes están ahí: el país se ha empobrecido, la clase media ha sido arrasada, muchos de los mejores jóvenes han emigrado, la ciencia, la salud y la educación han sido decapitadas, todo para reducir una deuda que al final ha aumentado y para relanzar el crecimiento económico que, después de todo, no se ha producido, y en caso de hacerlo será un potenciador de  desigualdades. Y, por si fuera poco, la corrupción. Exceptuando el Tribunal Constitucional, el sistema judicial portugués, además de conservador, es timorato, no siendo capaz de plantar cara a los políticos mientras están en el gobierno (Sócrates es el ejemplo más reciente). Esta es quizá una de las razones por las cuales los dos líderes del Gobierno quieren ganar las elecciones. Cualquier ciudadano mínimamente atento no dejará de considerar un escándalo que, en el caso de la compra en 2004 de dos submarinos para Portugal al consorcio alemán German Submarine Consorcium por valor de unos 1.000 millones de euros, los alemanes que corrompieron a los portugueses hayan sido juzgados y castigados, mientras que los portugueses corrompidos sigan ejerciendo funciones públicas.

Pero lo más grave de lo ocurrido no se ve. Está inscrito en lo que los portugueses no ven cuando se miran en el espejo: la contrarrevolución del 24 de abril (la Revolución de los Claveles que repuso la democracia  después de 48 años de dictadura ocurrió el 25 de abril de 1974), la idea de que son un pueblo incapaz, que no merecen lo que conquistaron en los últimos cuarenta años, que al fin y al cabo nunca tuvieron derechos, que recibieron donaciones que además malbarataron, que fueron irresponsables por pensar que podían ser europeos en otra calidad que no la de servidores extranjeros de los europeos del norte.

Debemos, pues, dejarnos de tonterías y votar a la izquierda. ¿Por qué hay no hay opciones ideales? El Partido Socialista (PS) entiende que, no estando sujeto a ninguna presión de la izquierda, más dividida que nunca, y habiendo asumido el actual Gobierno una posición mucho más a la derecha que la habitual del Partido Social Demócrata (PSD), tiene a su disposición el centro, donde no tiene competencia. Estrategia arriesgada, porque, tras cuatro años de destrucción de la clase media que sostiene el centro, no se sabe en qué sentido votarán sus ruinas. Europa está cambiando. Veamos el caso inglés, donde el partido hermano del PS, el Partido Laborista, acaba de elegir al secretario general más a la izquierda de la historia del laborismo. Por abrumadora mayoría, con la contribución crucial de jóvenes recientemente afiliados al partido (3 libras por la filiación) y con el objetivo de poner fin al centrismo y de luchar por una sociedad donde la injusticia, la precariedad y la pobreza no sean una fatalidad de la que sólo los ricos están exentos. En el discurso de la victoria, Jeremy Corbyn se refirió siempre al partido como partido-movimiento.

La izquierda a la izquierda del PS es la única que se opone inequívocamente a la austeridad, pero es desgarrador verla dividirse todavía más cuando nunca ha habido tantas razones para unirse. Es desgarrador, pero tiene una razón sociológica. Dado el involucramiento de los partidos socialistas europeos con el neoliberalismo, la corrupción y las políticas de austeridad que tanta desigualdad y sufrimiento injusto han causado, se ha abierto una ventana de oportunidad para una verdadera política de izquierda. Para concretarse, sería necesaria una profunda revisión de las ideologías y una nueva forma de hacer política a partir de los ciudadanos humillados y ofendidos. En España, la oportunidad ha sido aprovechada; en Grecia, se intentó, pero fracasó o fue hecha fracasar. En Portugal, ni siquiera se ha intentado. Por el contrario, el Partido Comunista Portugués (PCP) se contenta con seguir teniendo siempre la razón ante los errores que siempre y sólo los otros cometen y el Bloco de Esquerda (BE), por su dogmatismo, ha propiciado las condiciones para el surgimiento de nuevos partidos a la izquierda, como el Partido Livre (PL), formado por exmilitantes del BE. Como nunca ha estado tan lejos de ser relevante, la izquierda de la izquierda disfraza la irrelevancia con la autenticidad de los principios y la clarividencia de las propuestas, cuando no cae en el espectáculo más ridículo de personalismo exhibicionista. Es un desperdicio intolerable. Pero mayor aún es el desperdicio de no poder contar con la intervención política de tantos jóvenes progresistas, altamente cualificados, que podrían estar políticamente más activos si la política fuese menos mediocre. Pero no todo es malo. En algunos distritos, como el de Coímbra, por ejemplo, hay movimientos cívicos con una historia que viene de largo y que, pareciendo estar por detrás de un partido, están, de hecho, por delante. Son el embrión de las transformaciones políticas que acabarán llegando a la sociedad portuguesa.