Mitos de los Cuidados Paliativos (IV): Los Cuidados Paliativos, antídoto de la eutanasia

20 May 2014
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Fernando Marín
Médico de ENCASA, especialista en Cuidados Paliativos  y presidente de DMD Madrid

 

Las razones por las que una persona opta por la eutanasia o el suicidio asistido son: la imposibilidad de gozar la vida, la pérdida de dignidad y la pérdida de autonomía (Oregón). ¿Cuál de ellas depende de la asistencia, paliativa o no, que esa persona reciba? NINGUNA. Por eso afirmar que los CP acaban con las demandas de eutanasia es una idea falsa, un mito, que no avalan los datos, ni corresponde a la realidad.

Al igual que el mito del control del sufrimiento y de la sedación en la agonía (o del síntoma refractario) esta idea también es el resultado de la confusión entre creencias personales y objetivos profesionales. Los que no aceptan la disponibilidad de la propia vida, porque lo consideran pecado -o por lo que sea-, utilizan la “varita mágica” de los CP como excusa para imponer sus creencias a los demás, enredándose en palabras como dignidad (que supuestamente nadie puede perder) o sufrimiento (que siempre se puede aliviar).

Pero la clave de la eutanasia no es la enfermedad, ni los síntomas, ni siquiera el sufrimiento. Las personas no deciden morir por un diagnóstico, o una lista de síntomas,  sino porque su vida ya no tiene sentido. Pero al modelo biomédico estos valores (sentido, libertad, coherencia biográfica, etc.) se le escurren como el agua entre los dedos y los sustituye por conceptos más “sólidos”, como síntoma refractario, terminalidad, agonía, depresión o dolor, construyendo con estas “piedras” un discurso que resulta ajeno a la experiencia del enfermo al final de su vida. La muerte voluntaria es otra cosa.

Otro ejemplo de cómo “coger el rábano con las hojas” es trasladar el protagonismo de la decisión de morir al médico: “Detrás de la petición “quiero morir”, hay un trasfondo que significa “quiero vivir” o “morir de otra forma”. El enfermo pide ayuda, y si no comprendemos el sentido profundo de su petición, determinamos que desea la muerte. La tentación de la eutanasia como solución precipitada, se da cuando un paciente solicita ayuda para morir y se encuentra con la angustia de un médico que quiere terminar con el sufrimiento del enfermo porque lo considera intolerable y cree que no tiene nada más que ofrecerle. El fracaso de un médico se produce cuando se plantea quitar la vida a un enfermo porque no sabe cómo mejorarle sus síntomas ni cómo modificar las circunstancias personales en las que está viviendo”. ¡Vaya disparate paternalista! El médico saca la varita paliativa y le cambia la vida del enfermo, el “sentido profundo de su petición”, olvidando que no es el médico el que decide y que la eutanasia no es un homicidio (quitar la vida), ni una solución precipitada. Contemplar la eutanasia como un fracaso profesional (el de los médicos de Benelux) transmite una idea omnipotente, cuasi religiosa, como si la dignidad se pudiera prescribir, algo incongruente con los fines de la medicina en el siglo XXI.

Fomentar el miedo a  la eutanasia, mencionando el nacismo y otras barbaridades, es una frivolidad que no es exclusiva de los obispos españoles (“confundir lo voluntario con lo forzado, la eutanasia con el homicidio, el amor con la violación o el regalo con el robo”). A propósito de la aprobación en Bélgica de la eutanasia para menores con capacidad de discernimiento, el presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) afirmaba: “no convirtamos nuestro estado de bienestar en un Estado eugenésico, insolidario y economicista”. Por su parte, el presidente de la Comisión Deontológica de la Organización Médica Colegial (OMC), eminente paliativista, concluía un artículo sobre el mismo tema con la frase “el tiempo nos ha dado la razón y, además, ha quedado demostrado que la barbarie no tiene límites”. ¡Qué pasada! Estado eugenésico, barbarie… Fundamentalismo hispano, más bien.

Es una obviedad que todos tenemos el derecho y la obligación de morir una vez en la vida, lo que se discute es cómo morir. Nadie decide morir por un dolor de muelas. ¿Alguien puede pensar que los CP sean capaces de provocar en Ramón Sampedro o Inmaculada Echevarría las ganas de vivir? Los CP no deberían utilizarse como coartada para rehuir este debate. Además, en una sociedad laica la eutanasia no necesita de un antídoto, no es un veneno o una picadura accidental de una serpiente letal, sino la decisión libre y responsable de disponer de la propia vida, que exige respeto y compasión.


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