Manifiestos para que no se hagan los sordos

08 Ago 2014
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Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

 

Hace no mucho ojeando libros en una librería tropecé con la obra de Santos Juliá ‘Nosotros, los abajo firmantes’. El título era curioso y el hilo conductor de su trabajo todavía más. En este reciente trabajo el autor hace una historia de España recogiendo 446 manifiestos desde el desastre del 98 hasta el manifiesto de Convocatoria Cívica, presentado en el Ateneo de Madrid en julio de 2013 que exigía otros derroteros para escapar de la actual crisis económica y democrática. Al tener la obra en mis manos, ‘los abajo firmantes’ me sugirieron recordar algunos jalones de manifiestos y manifestaciones en pro de la defensa de la eutanasia como buena muerte.

 

Fue en este tiempo, hace 40 años, cuando se dio a conocer el primer manifiesto dentro del movimiento europeo a favor de las conductas eutanásicas. Fue publicado en la revista The Humanist en su número de julio-agosto de 1974: ‘Manifiesto en favor de la eutanasia bienhechora’ (Plea for Beneficent Euthanasia) y entre los 40 firmantes del documento estaban los Premios Nóbel Linus Pauling, George Thomson y Jacques Monod.

 

Haciendo un recorrido en nuestro país se puede recordar que en 1991, el Grupo de Estudios de Política Criminal -integrado por un numeroso grupo de catedráticos y profesores de Derecho Penal, Magistrados y Fiscales- emitió un ‘Manifiesto a favor de la disponibilidad de la propia vida’. Al año siguiente 1992 este colectivo de juristas y magistrados presentaba una ‘Propuesta alternativa al tratamiento jurídico de las conductas de terceros relativas a la disponibilidad de la propia vida’. Recordemos que eran los tiempos anteriores a la reforma del Código Penal de 1995, que nos ha dejado el art. 143 que penaliza el suicidio asistido y la eutanasia.

 

A comienzos de 1993 se conoce el ‘Manifiesto a favor del derecho a morir dignamente’ con motivo del estudio de reforma del Código Penal promovido por la asociación Derecho a Morir dignamente (DMD). Apoyados en el derecho humano a decidir sobre la propia muerte los firmantes solicitaban que “se autorice la ayuda a morir de forma indolora a quienes así lo hayan solicitado” de entre los enfermos en situación irreversible de sufrimiento o dolor. Fueron más o menos un centenar de intelectuales y personas de la cultura los que se adhirieron y firmaron el Manifiesto inspirado por DMD en la misma línea de la enmienda presentada por esta asociación a los partidos políticos para ser integrada en el Código Penal acorde con la autonomía de la persona.

 

En el verano de 2008 en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP) de Santander se celebró el seminario ‘Muerte digna, asistencia ante la muerte’ uno de cuyos frutos fue la presentación pública de un Manifiesto que reclama “la responsabilidad de los políticos” en los siguientes puntos:

1. Conocer de manera fehaciente cómo mueren los ciudadanos.

 2. Garantizar el libre ejercicio de estos derechos.

 3. Promover un debate sobre la eutanasia y el suicidio médicamente asistido de personas que al final de su vida padecen, a pesar de los cuidados paliativos, un sufrimiento insoportable del que desean liberarse con todas las garantías legales.

 

El Manifiesto es una invitación a la responsabilidad política y al estudio -primeramente del campo de trabajo para conocer de manera fehaciente cómo mueren los ciudadanos- de los principios y derechos reconocidos en la Constitución y, a partir de ahí y con esta base, abrir un debate público sobre la eutanasia y el suicidio asistido. El Manifiesto de Santander sigue en pie, recibe más adhesiones y DMD lo considera como declaración de principios y delineamiento de los objetivos de una estrategia sociopolítica para llegar a una ley de la eutanasia. A su vez actúa como estandarte para quien se anime a unirse en una labor de vanguardia a favor del reconocimiento legal de la autonomía de la persona para que pueda determinarse en la última decisión de la vida.

 

Pero sin duda esta tarea de lucha va a exigir más manifiestos y urgencias. Habrá que seguir el consejo de la juez iraní Shirín Ebadi, víctima de la lucha por los derechos humanos, premio Nobel de la paz en 2003, que en el reciente congreso sobre jurisdicción universal celebrado en Madrid animaba a la proclama y al grito exigente:

“Si el Gobierno se tapa los oídos, griten más. Griten hasta que no puedan hacerse los sordos”.


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