El derecho de salida reclama una “democracia radical”

22 Ago 2014
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Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

 

Me dirijo a ti, secretario de los socialistas españoles, pues he leído en este periódico tus palabras a los periodistas en Águilas y quisiera preguntarte si dentro de la ‘democracia radical’ que proclamas entrará la ley de eutanasia, de la que hablaste hace unos meses y que permitiría al ciudadano ejercer su autonomía y el derecho de salida de la propia vida.

 

Hablaste de que había que “limpiar las instituciones” y una de las instituciones con que los hombres nos hemos dotado es el lenguaje y espero que el lenguaje de vuestro partido lo hagáis transparente y que trasluzca lo que pensáis sin decir lo que no es y menos prometáis lo que mañana será humo político. Has hablado de “democracia radical”. Supongo que quieres decir desde la raíz, desde sus fundamentos y, además, que eres partidario y te comprometes a reformas profundas, extremas, etc. Esto es al menos lo que entendemos desde la calle. De lo contrario, tendréis que editar otro diccionario para uso de lectores de periódicos que entiendan que lo radical son meras palabras y promesas que se las puede, según conveniencia, llevar el viento.

 

Hay muchos que tenemos la experiencia de fraude: Zapatero, por ejemplo, prometió una ley reguladora de la eutanasia y el suicidio asistido y a lo largo de los años de su gobierno nos echó en cara a los españoles que no había una verdadera “demanda social”. Hubo una voz autorizada la del filósofo Paniker, presidente de honor de Derecho a Morir Dignamente (DMD), que le dijo con franqueza que el pueblo estaba maduro, pero no así los políticos. Y tú, como secretario socialista, ¿crees que estás maduro para prometer una “democracia radical” y cuando en la confrontación de candidatos prometiste afrontar la cuestión de la eutanasia estás dispuesto a llevarla a cabo? La disponibilidad de la propia vida cuestiona a los españoles y tal pregunta radical se la han contestado con rotundidad: el 75 por ciento quiere una ley de eutanasia y que el médico no sea penado por ayudar a morir cuando el paciente lo solicita. Posiblemente eras ya diputado cuando el ministro Bernat Soria dimitió de ministro y se marchó a su laboratorio de investigación. Para mi fue un sonoro portazo político que le venía a decir a Zapatero “ahí te quedas”. Era el ministro quien había encargado la encuesta al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y quien primero recibió los resultados de la encuesta de que te hablo. En una palabra, Zapatero prometió y no cumplió. Bernat Soria quiso cumplir y ante la imposibilidad y el veto del jefe de gobierno se marchó. Fue trasparente, fue hombre de palabra.

 

Traigo a la memoria todo esto porque a muchos nos gustaría que te decantases claramente por el talante elegante y timorato de Zapatero o por la ‘democracia radical’, tal como suena, sin adornos. Y te recuerdo que, si la ley socialista que favoreció a los homosexuales –de la que democráticamente me alegro- pudo generar votos socialistas en las elecciones, una ley de eutanasia será una ley democrática radical, pero los enfermos en esas situaciones trágicas que les llevan a solicitar la muerte no pueden acudir a las urnas ni en un esfuerzo para agradecer la ayuda recibida.

 

A mi me gustaría insertar en las palabras que dirigiste a los representantes de la prensa en Águilas la palabra que expresa la realidad que me preocupa y que siempre ocupa este comentario: ‘eutanasia’, como expresión de la autonomía del ciudadano que tiene la potestad de poder decidir el final de su vida, no la de los demás pues eso sería un homicidio, sino la ‘propia’ vida, que solo a él le pertenece y la vive o por desgracia la malvive. “Tenemos que ser implacables contra la corrupción” –decías ante los periodistas- , y la palabra eutanasia la ha corrompido el art. 143 del Código Penal que reformó el gobierno de Felipe González y que Zapatero prometió sacar de su significación perversa de ‘homicidio’ y, por una estrategia timorata frente al PP y los obispos, la dejó donde estaba condenando a los pacientes que solicitan que se les ayude a morir a la tortura del malvivir y sufrir. “Tenemos que regenerar nuestras instituciones, tenemos que cerrar la brecha de desconfianza que existe entre la ciudadanía y sus instituciones, y tenemos que limpiar las instituciones”, decías tajantemente y querría ver cumplidos tus propósitos devolviendo al enfermo su plena autonomía para autoliberarse y no estar condenado a vivir contra su voluntad.

 

Y una última pregunta: ¿sigues manteniendo tu palabra y tu compromiso con “la democracia radical”, a ofrecer “un proyecto de izquierdas, claramente diferenciado del PP, ilusionante, solvente y sólido”? Si es así, con el nuevo reparto de escaños que pueda tener el futuro parlamento se podría llevar adelante una ley de eutanasia. Y, si es verdad lo que prometes y se lleva a cabo, tanto mejor para los ciudadanos. De lo contrario, que los españoles te condenen en las urnas. Y esto no es una maldición gitana sino la fuerte exigencia de la lógica democrática. Además, espero que la prensa, ante la que has hablado, no compadree con los políticos, porque lo que has dicho es un ‘bien exigible’ desde la ciudadanía y desde la prensa.


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