Campaña ‘Eutanasia Legal’ en Italia

Estación Término

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

La semana pasada hablaba de Portugal y hoy la consideración es sobre Italia, que lleva al parlamento la preocupación política por la libertad de decidir ante la muerte propia. En este mes de marzo, el debate de la eutanasia se iniciará en el parlamento italiano. El reconocimiento de la autonomía del enfermo para solicitar ayuda para morir voluntariamente llega en forma de proposición de ley instada por la Asociación Luca Coscioni, entidad vinculada al entorno del Partido Radical, el partido de Marco Panella. La Asociación Luca Coscioni presentó hace tres años en el Parlamento una propuesta de ley firmada por 67.000 ciudadanos, pero en estos momentos ha logrado 105.000 firmas de apoyo. En la proposición de ley, además de reclamarse el respeto a la libertad del paciente respecto a los tratamientos, el texto “prevé que puedan solicitar el tratamiento eutanásico solo las personas mayores de edad y con una previsión de esperanza de vida menor a los 18 meses”.

La eutanasia sale del armario del tabú

La estrategia política con que se plantea la proposición que entra en el parlamento es moderada. La asociación promotora de la acción política considera el camino difícil de recorrer sobre todo por el freno que supone vivir a la sombra de El Vaticano y no se hacen ilusiones de que Italia legalice las conductas eutanásicas en el periodo de una legislatura, pero al menos quieren que la cuestión eutanásica salga del armario donde se arrinconan los temas vetados al debate por considerarse sagrados. Aunque la campaña ‘Eutanasia legal’ ha llegado a todos los partidos y el panorama se estima que ha cambiado respecto a años pasados, e incluso se habla de que se ha creado una sensibilidad transversal a todos los partidos que incluso llega a Forza Italia y la Liga, sin embargo, no todo son  alegrías y hay siempre quien recuerda los tiempos, hace unos años,  en que en el Senado su presidente, Franco Marini, afirmaba que “la palabra eutanasia no existe, no tiene espacio en el debate político de nuestro país”. O bien cuando en 2006, el presidente Napolitano invitó al parlamento  a abrir un debate sobre la eutanasia y el ministro Gianni Alemanno, de Alianza Nacional, tachó la cuestión de “institucionalmente equivocada”.

En ese tiempo se vivía el conflicto del caso de Piergiorgio Welby, que en septiembre de 2006 solicitó al presidente Giorgio Napolitano que fuera legalizada la eutanasia y que él pudiera, una vez aprobada, pedir ayuda para morir sin tener que salir del país. A sus 60 años Welby se manejaba desde los 33 en una silla de ruedas y en ese momento sobrevivía con respirador artificial, alimentado por sonda y hablando con sintetizador. Y tras el caso Welby llegó el de Eluana Englaro, en quien el gobierno de Berlusconi y también El Vaticano se cebaron con sus medidas a pesar de que llevaba 17 años en estado vegetativo producto de un accidente de tráfico.

Tensiones y libertad de elegir

La experiencia confirma una y otra vez que en Italia todo esfuerzo por liberarse de una vida trágica hasta el momento ha sido vano y, aunque nada es imposible, el Vaticano lo hará más que difícil pues, aunque sea un Estado independiente de Italia tiene una gran influencia política en el ámbito italiano de las costumbres y, por tanto, el miedo y las prohibiciones intentarán impedir al enfermo su libre decisión ante la muerte. Así las cosas, a pesar de la sensibilidad política de estos momentos ante la eutanasia y de que la campaña ‘Eutanasia legal’ ha sido bien recibida, se teme que haya tensiones y enconamientos ideológicos en el debate que se va a abrir, según indican los promotores de la campaña. Si la preocupación por la eutanasia es transversal a los partidos presentes en el parlamento, el sentido común aconsejaría que solo se debiera tener en cuenta las situaciones que soportan los enfermos que les impulsan a desear y solicitar seriamente la ayuda para morir y, en consecuencia, evaluar el ‘estado de necesidad’ generado por la situación del enfermo.

Por otra parte, siempre hay que tener en cuenta que el lema de la campaña es que “el derecho a la vida no se puede traducir en una obligación, sino que debe ser considerado como libertad de elegir”. Es de esperar que la mayoría de los políticos puedan recoger el talante de las palabras de Napolitano en contestación a la carta de Piero Welby: “Recibo su mensaje de trágico sufrimiento con sincera comprensión y solidaridad”. Y respecto a su invitación al Parlamento, Napolitano deseaba que “pueda representar una ocasión de no apresurada reflexión sobre situaciones y temas de particularidad complejidad en el plano ético que exigen una confrontación sensible y profunda”.