Opinion · Estación Término

La muerte digna en los países nórdicos

Unn Brundin
Soci@activista de DMD Madrid.

En los debates sobre la muerte digna en España se oyen a menudo los argumentos -por no llamarlos lamentos- del gran poder de la iglesia católica y su influencia en la falta de derechos al final de la vida. Sin embargo, la situación en los Países Nórdicos demuestra que la resistencia no sólo viene de la iglesia católica y los movimientos pro-vida sino, sobre todo, del tabú generalizado de tratar con la muerte, tabú que compartimos todos, seamos nórdicos o latinos, creyentes o laicos.

Un fenómeno interesante en estos países es precisamente la participación muy activa en el movimiento por una muerte digna de personas creyentes e incluso miembros destacados de las iglesias protestantes, como es el caso de la obispa emérita sueca Tuulikki Koivunen Bylund que, junto con otros tres personajes muy conocidos, acaba de firmar sendos artículos publicados por el diario más grande de Suecia, que han despertado enorme interés y creado un encendido debate. Los autores terminan su último artículo diciendo: “La cuestión de la eutanasia sí o no tiene fácil solución: ¡Dejadnos decidir! Obviamente, los que no aceptan la eutanasia -sean estos pacientes o personal sanitario- no serán obligados a tomar parte, pero su opinión no se nos puede imponer a nosotros”.

Aborto sí, eutanasia no

Que el debate sobre la eutanasia actualmente está tan vivo en Suecia se debe también a la reciente publicación del libro ‘La última libertad. Sobre el derecho a nuestra muerte’, escrito por Inga Lisa Sangregorio, periodista jubilada que ha estado en tratamiento oncológico durante cuatro años. En el libro habla, entre otras cosas, de cómo sus años de enfermedad habrían sido mucho más llevaderos si ella hubiera tenido la seguridad de que la decisión de cuándo dejar de sufrir fuera suya y solamente suya. En su juventud participaba la autora muy activamente en la lucha por el aborto libre en Suecia y se pregunta ahora “¿no es contradictorio que hoy en día la ayuda de la sociedad sueca es un derecho inalienable si es una vida que crece en mi cuerpo, pero no si es la muerte?”.El aborto está legalizado en Suecia y el personal sanitario no se puede negar a llevarlo a cabo, mientras que un médico que en alguna forma asiste a una persona que decide suicidarse al final de su vida puede ser condenado a cárcel o al menos arriesga su futuro profesional.

En ninguno de los cinco Países Nórdicos -todos conocidos como sociedades avanzadas, laicas y, en general, defensoras de los derechos humanos- existen leyes sobre eutanasia o siquiera ayuda a morir voluntariamente mediante suicidio asistido. Es más, salvo en Dinamarca, tampoco existen registros oficiales del testamento vital, un concepto incluso más desconocido en esos países que en España. Las leyes de los derechos del paciente de los distintos países sí permiten el rechazo de tratamientos y está permitida la sedación terminal, aunque siempre según el criterio de los médicos y nunca sólo a petición del paciente o sus allegados.

Existen asociaciones muy activas por una muerte digna en Suecia, Noruega y Finlandia. En Islandia, es el movimiento humanista que mantiene vivo el debate sobre el tema, mientras que en Dinamarca, donde el testamento vital está legislado desde el año 1992, se está intentando reanimar una asociación que prácticamente desapareció hace una década. A pesar del trabajo de estas asociaciones, de un debate vivo en los medios de comunicación y unas estadísticas que demuestran que la gran mayoría de la población está a favor de la muerte voluntaria, en ninguno de estos países se ha logrado todavía que los partidos políticos lleven el debate sobre la eutanasia a sus respectivos parlamentos.