Tomar la vida en serio y la muerte con valentía

Estación Término

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD).

Dentro de pocos días, en Rio (Brasil) se iniciarán los juegos paralímpicos. Pero ya a principios de agosto los periódicos belgas hablaban de Marieke Vervoort -de 37 años, paralizada de cintura para abajo-, que intensificaba sus entrenamientos para llegar a Rio y conquistar alguna medalla para su país. En Londres 2012 ganó dos medallas -oro y plata- compitiendo en las carreras de 100 y 200 metros en su triciclo, que en la pista sustituye a su silla de ruedas. Pero la relevancia de la noticia no estaba en el fuerte entrenamiento de la atleta paralímpica sino en que iba a viajar a Brasil con la ambición de conquistar una medalla y cerrar su carrera deportiva, habiendo firmado el documento en que daba autorización al médico para en el tiempo que ella considere oportuno le inyecte una droga letal que acabe con su vida.

Está visto que los juegos olímpicos no solo dan nuevas marcas, gestas atléticas, surgen figuras hasta entonces desconocidas, sino que también generan noticias de gran densidad humana. El espectáculo de los JJOO es la lucha contra el récord y el triunfo del esfuerzo por el orgullo de superar el límite hasta entonces alcanzado. Marieke lo había superado por dos veces con un oro y una plata, pero fue en la pista, con voluntad y el esfuerzo físico. Ahora, sin embargo, sin olvidar un buen triunfo atlético, su voluntad se ha marcado una nueva meta de llegada, su apuesta está en marcar con plena libertad el límite de su propia existencia.

Ayer Britanny, hoy Marieke

Según creo, es la segunda mujer que anuncia públicamente con antelación su decisión de disponer de su existencia. Dos mujeres han sabido tomar en serio y con valentía su vida y su muerte. Hace algo más de dos años fue Britanny Maynard, estadounidense, quien a sus 29 años programó su muerte por suicidio asistido y para llevar a cabo su proyecto cambió de Estado para poder acogerse a una legislación que le permitiera morir de acuerdo con su voluntad. Hoy es otra mujer libre que ha sabido a lo largo de su vida escuchar a su cuerpo y al parecer es ahora cuando siente que su término se acerca y sin perder su día a día se ha estado preparando. Ahora se dispone no solo a batallar por un título atlético sino a ejercer su plena libertad en el morir, dada la irreversibilidad de su enfermedad y que los dolores que constantemente sufre a veces le obligan a entrenarse y correr bajo los efectos de la morfina.

El humano es el único animal que es consciente de que tiene que morir. Y esta conciencia es la significación fuerte de que es animal mortal. Marieke escribió hace unos años un libro en el que cuenta los episodios de su existencia; ha sido consciente sobre todo desde los 20 años del proceso degenerativo de su existencia y ahora ha decidido libremente marcar su terminalidad. Y con valentía, sin arrugarse, quiere marcar su propio tiempo, su propia muerte. Sus parientes y amigos respetan su decisión y la aceptan.

Hay a quienes el sufrimiento les fortalece su voluntad y crecen en valentía. Este parece ser el caso tanto de Britanny como de Marieke. Según cuenta en su libro y ha divulgado ahora la prensa, todo empezó a los catorce años con ciertos dolores en los pies que fueron subiendo a las rodillas. A los 20 años Marieke ya estaba sentada en una silla de ruedas. Aquella chiquilla con afán de subirse a los árboles, que montaba en bicicleta, practicaba artes marciales… un día fue ralentizándose en la vida, presa de una enfermedad degenerativa sin posible curación, totalmente irreversible.

Poder respirar libertad

Pero esta posibilidad democrática de poder hacer de la propia muerte una muerte anunciada no es algo que venga llovido del cielo. Si se puede respirar y no hay ahogos es porque el ambiente está limpio y oxigenado. Y si Marieke puede anunciar su propósito es porque Bélgica es uno de los tres países europeos en que está legalizada la eutanasia. En la semana anterior a su marcha a Rio, Marieke ha recalado en Lanzarote con su entrenador. En Lanzarote no podría cumplir su voluntad de morir. En España, el art. 143 del Código Penal es represivo con las conductas eutanásicas y los políticos, los legisladores parlamentarios, todavía no le han insuflado el oxígeno que le permita librarse de su talante represivo y permitir que las personas que deseen la muerte lleguen a cumplir tal deseo a voluntad.

Por el contrario, en Bélgica -espacio de libertad para morir- el año pasado 2.021 ciudadanos pudieron acabar sus días voluntariamente por eutanasia. Esos fueron los casos declarados por los médicos, tal como comentaba recientemente el portavoz de la Comisión Federal belga de control y evaluación de la eutanasia, de acuerdo con las normas establecidas en la ley. En 2002, fecha de la aprobación legal, hubo 24 eutanasias declaradas; en 2007, ya fueron 500 y en 2014, 1.924 casos. Según el profesor Distelmans, presidente de dicha Comisión, el aumento del número de eutanasias, que puede parecer llamativo, se debe fundamentalmente a la “disponibilidad de los médicos para registrar los casos que se llevan a cabo, aunque sin duda hay casos no declarados que permanecen en la sombra e impiden conocer la amplitud del hecho eutanásico en Bélgica”.