Opinion · Estación Término

Desmond Tutu quiere morir a su elección

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD).

A sus 85 años el arzobispo emérito de Ciudad del Cabo y premio Nobel de la Paz ha sorprendido con un artículo-carta “a los hermanos y hermanas” en el Washington Post. Hace un mes fue hospitalizado para una intervención quirúrgica. Y el pasado día 6 escribía sobre un tema polémico, la muerte asistida. Sin duda próximo a viajar, como dice él, hacia otra fase de la vida, se acuerda de todos los que como él se acercan al tiempo de morir.

Desmond Tutu con franqueza y directamente afirma que “los moribundos deben tener el derecho a elegir cómo y cuándo abandonan la Madre Tierra”. En su carta parece que se siente un poco avergonzado de haber advertido un poco tardíamente la urgencia de defender la dignidad de los enfermos en trance de morir. Su razonamiento es claro para él un luchador en muchos frentes. Él que siempre ha defendido intensamente “la compasión y la justicia en la vida” insta ahora a que también esa justicia y compasión les llegue a los enfermos terminales al tiempo de su muerte.

Hace dos años en un artículo de opinión que publicó en The Guardian manifestó su cambio radical de postura. Hasta entonces había sido beligerante con las conductas eutanásicas. En esa tribuna de prensa se corregía y apostaba por la muerte asistida, pero al pretender manifestar su posible decisión personal, hoy nos dice que su manifestación de entonces fue un tanto ambigua ya que sus palabras fueron: “Yo diría que no me importaría”. Pero hoy en su artículo reciente se manifiesta firme y claramente decidido: “Me he preparado para mi muerte y he dejado claro que no deseo ser mantenido vivo a toda costa. Espero que me traten con compasión y me permitan pasar a la siguiente fase del viaje de la vida tal como elija”. Este es al parecer el punto principal de lo que viene a ser su público Testamento Vital, documento que algunos enfermos suscriben dando las instrucciones previas sobre el propio morir. Y su razonamiento es llano y al alcance de todos: “todos vamos a morir y la muerte es parte de la vida. Los enfermos terminales tienen control sobre sus vidas, por tanto, ¿por qué se les va a negar el control sobre sus muertes?”.

 

Avances, aunque todavía escasos

Nunca es tarde para reconocer una realidad y luchar por ella. Por eso dice sentirse obligado a prestar su voz por esta causa. Y así alaba los avances legales a favor de las conductas eutanásicas en California, en Quebec… en otras partes.  Recuerda a su amigo Lord Carey, antiguo arzobispo anglicano de Canterbury, que ha luchado tanto, pero sin éxito a favor de una ley de muerte asistida en Gran Bretaña y espera el apoyo a la causa de muchos cristianos. Él, por su parte, además de luchar por la causa de los enfermos amenazados de muerte, dice que reza por los políticos, por los legisladores, etc. para que logren comprender el deseo y la razones del morir.

A Desmond Tutu se le conoce por su lucha antiapartheid, por haber sido presidente de la Comisión de la verdad que se creó en Sudáfrica tras el triunfo electoral de Mandela, por el premio Nobel de la Paz, por sus posturas firmes en favor de la justicia. A mediados de la década de los noventa del siglo pasado apoyó una enmienda a favor del aborto en Sudáfrica, años más tarde defendió a los homosexuales oponiéndose de frente a las posturas conservadoras de su iglesia anglicana en Sudáfrica y a principios de este año ha bendecido el matrimonio de una de sus hijas con su pareja femenina. Ahora se une a la causa de un nuevo derecho civil, el de ser libres para decidir el final de la vida.

En Sudáfrica no existe ley a favor de la muerte asistida, pero el año pasado a causa de una sentencia que resultó polémica se creó un clima de exigencia de un debate abierto. Un tribunal sudafricano en abril de 2015 sentenció a favor del derecho a morir de un hombre enfermo terminal. La iglesia anglicana, a la que pertenece el arzobispo, mantiene una postura en contra de la muerte asistida. Desmond Tutu con su postura personal ante su muerte y la de tantos otros choca y se enfrenta de nuevo con el conservadurismo eclesiástico de su iglesia. Y, si al defender el respeto a los homosexuales no tuvo reparo en decir “Yo no adoro a un Dios que es homofóbico”, sin duda al dirigirse a los creyentes les dirá que tampoco adora a un Dios intolerante con los enfermos que desean morir y liberarse del sufrimiento.